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La Iglesia, de espaldas al mundo

miércoles 06 de octubre de 2010, 01:35h
La concesión del Nobel de Medicina al investigador británico Robert Edwards ha sido duramente criticada por el Vaticano, que una vez más demuestra un absurdo anacronismo en ciertos temas, situándose de espaldas a la sociedad. Por boca de monseñor Ignacio Carrasco de Paula, presidente de la Pontificia Asociación para la Vida, el Vaticano acuso a Edwards, pionero de la fecundación in vitro, de ser el responsable de la existencia de “congeladores en todo el mundo, llenos de embriones que en el mejor de los casos van a ser trasladados a úteros, pero lo más probable es que sean abandonados u olvidados por todos”.

La Iglesia Católica está en todo su derecho de mostrar su opinión respecto a cualquier tema. Sin embargo, resulta exasperante que, reuniendo a una de las comunidades de fieles más grandes del mundo y teniendo la influencia que tiene en la vida de millones de personas, siga manteniendo posturas intransigentes y retrógradas en cuestiones tan sensibles y que tanto sufrimiento provocan. Vivir de espaldas a la realidad no puede ser sinónimo de mantenerse fieles a unas creencias o un sistema de valores. Así, resulta increíble que el discurso oficial de la Iglesia siga condenando el uso del preservativo y predicando la abstinencia como única arma contra las enfermedades de transmisión sexual. De la misma forma, es triste que el Vaticano se empeñe en provocar dudas morales en todas aquellas parejas católicas que se ven obligadas cada día a poner todas sus esperanzas en la fecundación in vitro, para poder tener un hijo. Si la Iglesia predica que el fin de la pareja es la procreación –argumento discutible pero coherente- no se entiende la oposición a los avances científicos que la hacen posible. Por más que mire al cielo, la Iglesia se mueve en la tierra y no puede dar la espalda a lo que está pasando a su alrededor.

La concesión del Nobel a Edwards resulta del todo acertada, teniendo en cuenta la enorme aportación del médico británico en la reproducción humana. Desde que se inició su aplicación, gracias a la fecundación in vitro (técnica que consiste en fertilizar un óvulo en laboratorio y dejar que el embrión empiece a desarrollarse antes de implantarlo en el útero de una madre portadora, donde se desarrollará normalmente) han nacido ya casi cuatro millones de niños. Cuatro millones de familias a las que las investigaciones de Edwards han ayudado a sobreponerse a sus problemas de infertilidad. ¿Por qué se empeña la Iglesia en empañar su felicidad con argumentos anacrónicos y contradictorios, incluso desde su propio punto de vista?
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