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El traumático retorno de EE UU a América Latina

lunes 17 de marzo de 2008, 20:29h
En un sorpresivo giro, la política exterior de los Estados Unidos ha vuelto sus ojos a América Latina. El duro revés sufrido por la posición colombiana en la Reunión Extraordinaria en la OEA, convocada con ocasión de la crisis fronteriza con Ecuador, que luego fue confirmado en la Cumbre de Río en Santo Domingo, sin duda, forzó un rápido replanteamiento de la agenda estadounidense en la región.


La negativa de los países miembros de la OEA, a aceptar la tesis de legítima defensa esgrimida por Colombia para justificar su incursión en territorio ecuatoriano y luego la resistencia generalizada a considerar a las FARC como una organización terrorista, no sólo se habían convertido en la más fuerte señal de cuan aislada está Colombia en el escenario americano, sino también en la evidencia de la influencia que han perdido los Estados Unidos en una región y un organismo que tradicionalmente había estado bajo su control.


Además, el inesperado final de abrazos entre Correa, Chávez y Uribe en la Cumbre de Río, neutralizó cualquier posibilidad de que el presidente colombiano hiciera pública su inconformidad, como lo intentó algún funcionario de la Presidencia, tanto por la pérdida del derecho a adelantar acciones preventivas en territorios extranjeros, como por las consecuencias políticas y jurídicas que tendría el hecho de no haber logrado que la mayoría de los países miembros de la OEA y el Grupo de Río, le dieran el calificativo de terroristas a las FARC.


Ante esa situación, la reacción estadounidense no se hizo esperar. Primero fue el propio presidente Bush, quien lanzó una carga de profundidad. Pidió a los países no dejar de lado los “vínculos estrechos” de Hugo Chávez con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y los instó definirse entre el dilema de considerar “si aceptar tranquilamente la visión de los terroristas y los demagogos o apoyar activamente a dirigentes democráticos como el presidente [colombiano Álvaro] Uribe”.


Luego, en el marco de un creciente activismo que lo llevó a calificar la necesidad de aprobar el TLC con Colombia como “un asunto de seguridad nacional”, el gobierno estadounidense comenzó a plantear la posibilidad de abrir un proceso que llevara a que Venezuela fuera considerado como “Estado patrocinador del terrorismo", al igual que Irán, Irak, Corea del Norte y Cuba.


Ante la nula respuesta de los países de la región, el gobierno Bush decidió que su Secretaria de Estado, Condolezza Rice, emprendiera una rápida gira por Suramérica para conseguir respaldo a la posición de Estados Unidos en el fronterizo conflicto colombo-ecuatoriano. Brasil y Chile fueron los puntos escogidos por Rice como los claves de la visitas. Para el gobierno estadounidense, era claro que si querían cambiar la correlación de fuerzas en la región, el apoyo de estos países era imprescindible.


Sin embargo, los resultados no pudieron ser peores. Mientras que el presidente Lula planteó que “las crisis diplomáticas sudamericanas deben ser resueltas en la región”, por lo que “está empeñado en crear un foro o un Consejo de Defensa permanente para resolver esos diferendos”, el Canciller Celso Amorim le expresó claramente a la Secretaria de Estado que “Brasil no va a clasificar a las FARC como organización terrorista”.


La respuesta de Rice tuvo que ser diplomática: "Estados Unidos no tiene enemigos en América Latina", dijo a una revista brasileña en una clara alusión al impacto que produjo la posición del gobierno de Lula. Rice no quiso profundizar las tensiones con Caracas. "Siempre tuvimos una buena relación con Venezuela. Tenemos una amplia política para América Latina, en la que defendemos la justicia social, el desarrollo y el crecimiento económico. Defendemos igualdad de género y raza. Es una agenda positiva".


Los resultados obtenidos en Brasil, marcaron el contenido de la visita a Chile. Limitada a la necesidad de consolidar los lazos de cooperación entre los dos países, Rice pidió a Chile asumir un liderazgo mayor en la región debido al afortunado papel que, en opinión de los Estados Unidos, Chile jugó en la solución de la crisis fronteriza.


Independiente de lo que ocurra durante la reunión extraordinaria de Cancilleres de los países miembros de la OEA, que reunirá este lunes en Washington para analizar el informe que presente el Secretario General del Organismo sobre la crisis fronteriza, es un hecho que el giro inesperado que le ha dado el gobierno de los Estados Unidos a su política exterior con América Latina, por lo tardío, está siendo muy traumático. Lo está poniendo ante un nuevo frente de crisis que el próximo Presidente tendrá que manejar con guantes de seda, si no quiere terminar cercado por el que un día fue el patio trasero de su política exterior.

Pedro Medellín

Doctor en Ciencias Políticas

PEDRO MEDELLÍN es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de París

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