Cesky Krumlov: bohemia en otoño
viernes 08 de octubre de 2010, 20:57h
Egon Schiele se refugió en 1911 en la ciudad de la que procedía su madre harto de Viena. Aunque breve y escandalosa su estancia en Cesky Krumlov, el pintor austriaco plasmó las hermosas casas de colores que crecen en la ribera del Moldava y las colinas que rodean la espléndida ciudad de Bohemia tantas veces comparada con la incomparable Praga.
Cesky Krumlov es una de las ciudades más bellas de Chequía, una de las localidades históricas de Bohemia mejor conservadas, más desconocidas, menos transitadas e igual de fascinante que Praga. Praga y Cesky Krumlov comparten muchas cosas: el río, un gran castillo, rincones de gran belleza y el hecho de que las dos sean Patrimonio de la Humanidad. También las dos forman parte de Bohemia que, con Moravia, conforma la República Checa. Allí terminan las comparaciones. Ni su origen, ni su historia ni su esencia son comparables. Además es difícil, más bien imposible, comparar con ninguna otra ciudad la extraordinaria belleza de Praga.
Chequia no acaba en Praga. Hay otras regiones, otras ciudades que visitar. El sur de Bohemia es una zona singular, pintoresca, atractiva, donde las carreteras discurren entre encantadores pueblos, estanques, lagos, hermosas ciudades barrocas y castillos que son una de sus señas de identidad. Le acompaña un paisaje maravilloso: una vasta llanura de campos ondulados en los que se cultivan cereales y que al sur cierra la cordillera Sumava ya cerca de la frontera con Austria.
Bohemia del Sur es una región de gran belleza natural y rica vegetación, con inmensos bosques de robles, abetos y tilos, cuyo colorido sorprende. En otoño los tonos rojos y ocres toman carta de naturaleza. Forman una paleta cromática excepcional, de una hermosura sublime. A finales de octubre en esta zona de Europa huele a invierno y el frio acecha. Hay que visitarla antes de noviembre, cuando la nieve empieza a caer, a uniformar las colinas, a crear un manto blanco que cubre lagos, palacios y castillos. En Chequía, a excepción de Praga, el 31 de octubre se cierra todo monumento susceptible de ser visitado. Las gentes se refugian en sus casas esperando la llegada de la primavera.
Situada a 170 kilómetros de Praga, en Cesky Krumlov todavía son visibles sus orígenes medievales en la estructura del intricado casco antiguo, en sus calles estrechas, empinadas, empedradas, en sus plaza y en sus rincones de gran belleza, en las que sobresalen las típicas casas centroeuropeas construidas en los más diversos estilos arquitectónicos, con fachadas pintadas de colores y con tejados de teja roja. Es una delicia disfrutar de su singular ambiente, pasear por la ribera del río o sentarse en una terraza de la plaza Mayor que es el centro de la vida ciudadana y que preside un monumento a la virgen: una columna tan barroca, tan labrada, como las que se ven en numerosas ciudades y pueblos que pertenecieron al Imperio Austro-Húngaro.
Cesky es la antigua capital de la región de la rosa de los cinco pétalos de los Rozmberk, la nobleza más rica e influyente del país. Después llegaron los Eggenberg y, por último, los Schwarzenberg. La construcción de la ciudad y del castillo comenzó en el siglo XIII, a ambas orillas de uno de los meandros del Moldava. Preside el Impresionante conjunto monumental el castillo emplazado en lo alto de un promontorio rocoso. Un castillo de enormes dimensiones, imponente, suntuoso, majestuoso, que las distintas dinastías fueron enriqueciendo, ampliando, añadiendo edificios, salones, parques, torres, terrazas, escaleras, jardines, pabellones de música. El primigenio, de construcción gótica, fue reconstruido en renacimiento, reformado en barroco, y un Schwarzenberg le puso la guinda rococó al levantar un teatro de madera en su interior. Aún conserva trajes y decorados de la época. Un teatro único en el mundo, una rareza europea sólo comparable al teatro Farnesio de Parma.
Desde el castillo, las vistas son excepcionales y el entorno maravilloso. Desde el romántico jardín del palacio, Ceky Krumlov parece un pueblecito de cuento de hadas. En la lejanía se divisan los montes Sumava y en otoño el rojo lo invade todo. Es sorprendente el impacto visual de las hojas antes de caer al suelo de los bosques y la alfombra que componen bajo los árboles, de una riqueza cromática excepcional, todo un universo de tonalidades rojizas. En Bohemia el otoño tan hermoso, tan excepcional, es un espectáculo único que nadie debería perderse.
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Periodista
Isabel Sagüés es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Master en Comunidades. Ha dirigido entre otras entidades culturales sin ánimo de lucro la Fundación Canalejas y la Fundación ICO
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