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reseña

Roland Barthes: Ronald Barthes (1915-1980). Pack 30 Aniversario

sábado 09 de octubre de 2010, 01:40h
Roland Barthes: Ronald Barthes (1915-1980). Pack 30 Aniversario. Volumen compuesto por Roland Barthes por Roland Barthes y La cámara lúcida. Traducción de Julieta Sucre y Joaquim Sala-Sanahuja. Paidós. Barcelona, 2010. 500 páginas. 32 €
Hay algo en la figura de Roland Barthes (1915-1980) que lo convierte en un personaje trágico contemporáneo. No ya por su absurda muerte tras ser atropellado frente al Collège de France donde ejercía la cátedra de Semiología, ni por su juventud atormentada por la tuberculosis, ni por su entrega apasionada a la persona de su madre, a la que cuidó hasta su último suspiro, ni por su homosexualidad destinada al goce oculto del amor... Es trágico sobremanera por el modo consciente en que hizo de la experiencia interna, existencial de la muerte, el objeto central de toda su escritura y el tema oculto de la Semiología como disciplina filosófica (el eje principal de su producción). Roland Barthes vivió y escribió para dar testimonio de que la capacidad simbólica es nuestra única estrategia viable para coser la “fisura del ser” que hace del individuo humano aquél que sabe que su ser es para nada, y sobre ese saber construye los modos culturales de su existencia. Pero Barthes descubrió pronto que “cultura significa lenguaje” tanto como institucionalización de los sistemas de comportamiento: de ahí la noción de “intertexto” como el espacio que habitamos en tanto seres lingüísticos.

Todos los libros de Barthes pueden considerarse ensayos para explorar y descubrir los límites de ese intertexto, que el autor recorre con la ayuda de los recursos metodológicos que le proporciona el estructuralismo y el psicoanálisis lacaniano. Es decir, los puntales que demarcan la encrucijada de la cultura contemporánea: la reflexión sobre el signo, sobre la estructura del deseo y sobre la función cultural del sujeto. Entre los años 1973 y 74 Barthes decidió verter esta reflexión sobre sí mismo, para trenzar una suerte de odisea sobre la desaparición del propio yo en la premonición de la muerte como el referente final de todos los símbolos que dibujan los perfiles de una vida (convertida aquí en objeto de discurso). De un discurso que Barthes no quería ni de cariz político, ni religioso, ni científico, sino esencialmente erótico (porque tendría que ver con el goce) o estético (en su conexión vital con el cuerpo).

Un magnífico ejemplo del mismo es el librito que acompaña ahora la soberbia edición que Paidós realizó de Roland Barthes por Roland Barthes: la obra crepuscular La cámara lúcida [Nota sobre la fotografía], en rigor, el último trabajo completo que redactó el autor francés. Una investigación, de corte autobiográfico, sobre la esencia estética de la fotografía (que es en realidad una esencia existencial), “el modo como nuestro tiempo asume la Muerte”. Pero el núcleo de la obra de Barthes, lo que se desprende de toda su lucidez analítica, es una actitud ética que opera desde la extrema humildad del sujeto, que se sabe tan sólo un efecto de lenguaje, un (proyecto de) ser desprovisto de significado: es la ética del significante, el testimonio más radical de nuestro tiempo contra todas las formas del totalitarismo y las dogmáticas del conocimiento.

Por José Antonio González
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