Brasil y Argentina: dos visiones distintas
domingo 10 de octubre de 2010, 09:50h
Las elecciones en Brasil hacen oportuno presentar una evaluación de las políticas que se vienen implementando en los últimos años, comparando el sendero trazado desde la Presidencia de Fernando Henrique y esencialmente continuado por Lula, con el que Argentina viene transitando desde hace ya siete años. Comencemos por decir que hace 60 años la economía argentina era 40 por ciento mayor a la brasileña, mientras que en la actualidad el PBI argentino es apenas la cuarta parte del brasileño.
La buena noticia es que el PBI por habitante es en nuestro país aun un 40 por ciento superior, Esta evaluación comprenderá cinco áreas; ( 1) Inversiones Productivas, (2) Inserción en el mundo, (3) Federalismo Fiscal, (4) Capitalismo Competitivo o Capitalismo de Amigos y (5) Educación. En (1) destaquemos que las inversiones directas externas productivas son en Brasil 10 veces superiores a las nuestras. En la década anterior la diferencia a favor de Brasil era mínima.
La confianza sobre el futuro es distinta: en los últimos cuatro años ingresaron en Brasil 60.000 millones de dólares y se fueron del nuestro, vía fuga de ahorros privados más de 40.000 millones. Las inversiones productivas en Brasil tienen asegurado financiamiento a largo plazo y bajo interés, cosa que no ocurre entre nosotros. Influye el hecho que el riesgo país en Brasil es menos de la tercera parte del nuestro, a pesar que nuestro endeudamiento público es menor. La explicación a esta paradoja se encuentra en el primitivismo institucional de persistir, por ejemplo, en presentar cifras estadísticas oficiales que no reflejan la realidad.
También influye negativamente que nuestra inflación sea cinco veces superior a la de Brasil. Tenemos la segunda inflación en el mundo, superada únicamente por Venezuela. (2) En esta década nuestras exportaciones se duplicaron y es una buena noticia, pero el caso es que las brasileñas se triplicaron. La principal explicación de este distinto comportamiento se encuentra en el hecho que a nadie en Brasil se le ocurriría desalentar y ponerle obstáculos a la difícil tarea de ganar nuevos mercados con impuestos antiproductivos propios del Imperio Romano (diezmos antes hoy retenciones).
Nuestros impuestos al comercio exterior son siete veces mayores a los brasileños. (3) Fernando Henrique inicio en los noventa un proceso de fortalecimiento federal fiscal, continuado por Lula. El principal impuesto en Brasil es hoy de carácter provincial (ICMS). Los estados, es decir las provincias, recaudan en Brasil nada menos que la tercera parte de los impuestos totales. Nuestras provincias captan menos de la sexta parte de los tributos totales. Esto es crucial para asegurar el federalismo político, por eso en Brasil hay Gobernadores y entre nosotros lamentablemente Virreyes Delegados de la Casa Rosada, ya que se incumple la Ley de Coparticipación de impuestos que establece una coparticipación “automática” superior al 50 por ciento, mientras que realidad se envía a las provincias sin discrecionalidad política menos del 30 por ciento.
De hecho Brasil fortaleció la República Federal y nosotros la Unitaria. (4) El capitalismo competitivo en áreas como la energía le ha permitido a Brasil expandir sus reservas de gas en un 65 por ciento, mientras las nuestras cayeron 55 por ciento, ellos incrementaron sus reservas de petróleo en un 52 por ciento y las nuestras cayeron 20 por ciento. Por eso ellos cada vez producen mas gas y petróleo, mientras que nuestra producción cae y cada vez se explora menos. La clave explicativa es la reforma constitucional de 1995 de Fernando Henrique que abolió el tradicional monopolio de Petrobras, la convirtió en una empresa abierta a la inversión de accionistas privados y al mismo tiempo convoco a las empresas líderes en el mundo para explorar mas de 130 millones de hectáreas marítimas. Este modelo de capitalismo de amigos luce superior al capitalismo de amigos que rige entre nosotros, del cual el mejor exponente fue la discrecional adjudicación de las áreas petroleras en Santa Cruz.
Finalmente la Educación; comencemos por señalar que el calendario escolar en Brasil es como en México de 200 días por año, el nuestro es de apenas 180 pero nunca se cumplió. Brasil gradúa anualmente 800.000 profesionales universitarios, nosotros apenas 95.000 (ellos 4,2 cada 1000 habitantes nosotros 2,4). De cada 100 estudiantes que ingresan a las universidades brasileñas se gradúan 63, mientras que en nuestras universidades públicas se gradúan apenas 20. Ellos avanzan mas rápido que nosotros en acumular capital humano altamente calificado para el globalizado siglo XXI. Esta visión estratégica los llevo a ser más exigentes en cuanto al nivel universitario, desde 1998 existe el ENEM (examen general de graduación secundaria), cuya aprobación es esencial para ingresar a la Universidad. Esta exigencia (muy generalizada en más de 60 naciones) no existe en Argentina. La enseñanza de todo esto es muy simple: Cada nación recoge los frutos de las semillas que siembra, esperemos que pronto comencemos a sembrar nuevas semillas de esperanza y progreso en Argentina.
|
Economista
ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)
|
|