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La España achantada

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 11 de octubre de 2010, 21:14h
Desde Aristóteles se viene repitiendo que la virtud está en el medio: tan malo es pasarse como no llegar. Y eso se aplica, por supuesto, a la virtud política por excelencia que es la prudencia. La política exterior del Gobierno Zapatero, que ejecuta el ministro Moratinos, es un ejemplo permanente de esa imprudencia por defecto, de ese amilanamiento sistemático y permanente que nunca llega al deseable punto medio y si, por excepción llega alguna vez, lo hace tarde, a destiempo. Se queda lejos de la prudencia porque no sabe salir de la resignación. Es una política acobardada, intimidada, que se mueve obsesionada por no molestar al de enfrente, aunque se nos esté ofendiendo gravemente y aún a costa de la dignidad y de la defensa de los legítimos intereses de España. “Callarse resignadamente o por cobardía; aguantarse, agazaparse o esconderse mientras dura un peligro” (estas son algunas de las acepciones que el DRAE da al verbo “achantar”), se ha convertido en la segunda naturaleza de la diplomacia española de esta hora, que ya dura tanto. España se amilana ante el cualquier tiranuelo del Caribe o ante nuestro irritable vecino del sur con el previsible resultado de que, habiéndonos tomado la medida de nuestras amplias tragaderas, cada vez se nos toma menos en serio. En Exteriores se han olvidado del viejo dicho español según el cual lo cortés no quita lo valiente y están siempre dispuestos a pasarse de corteses, lo que no deja de ser, en tantas ocasiones, una forma de cobardía.

La tomadura de pelo, despectiva y con recochineo, con que ese atrabiliario personaje que rige los destinos de Venezuela (¡pobre Venezuela!) trata a España y a su Gobierno habría acabado ya con la franciscana paciencia del más santo de los mortales. No en vano el rey Juan Carlos tuvo que soltarle, en memorable ocasión, aquel famoso “¿Por qué no te callas?” Pero este Gobierno lo aguanta todo y no le importa bajarse los pantalones que, por cierto, no son suyos sino de toda la Nación. Ya hace meses que esa partida de gañanes que gobierna aquel país descalificó un sólido informe del juez Velasco, de la Audiencia Nacional, relativo a la presencia de ETA en Venezuela, en estrecha conexión con las terroristas FARC colombianas, sin que el Gobierno apenas pestañease. Se intentó salvar a toda costa al Gobierno de Caracas. Y ahora se ha vuelto a hacer lo mismo, tras las declaraciones de unos etarras que ratifican lo que todos sabíamos desde hace años: que la bolivariana (¡si don Simón levantara la cabeza!) Venezuela del golpista Chávez (al golpista como al alcohólico no se les puede anteponer el “ex”) es un seguro refugio para los miembros de ETA, que incluso reciben la nacionalidad y cargos de responsabilidad en la nomenclatura del régimen.

Todavía más: en esta ocasión el embajador de Chávez en Madrid –de cuyos turbios antecedentes se han ocupado estos días algunos medios- se ha permitido insinuar que las acusatorias declaraciones de los etarras se habrían arrancado por medio de la tortura o mediante precio. ¿Qué ha hecho el Gobierno ante esta grave calumnia, que en cualquier país medianamente serio habría supuesto la inmediata declaración de persona non grata de tan indeseable personaje? Pues aplicar la teoría del achantamiento y pretender exculpar a las autoridades venezolanas, como si en un país como aquel se pudieran montar campos de entrenamiento de terroristas sin que el Gobierno se enterase. Más aún: ante unas declaraciones que injustamente acusan a nuestras Fuerzas de Seguridad, el director general correspondiente sale en defensa, ¿de quién? No de sus policías o de sus guardias civiles, sino del Gobierno venezolano. El mismo Gobierno que maltrata a las empresas españolas que todavía se atreven a invertir allí, a pesar de la absoluta carencia de seguridad jurídica, el mismo que expropia arbitrariamente y sin indemnización a los españoles. Y todo, según parece, porque Chávez ha prometido comprar unos barcos. ¿Se puede vender la dignidad al tiempo que se ayuda al rearme de este peligroso personaje? ¿Dónde quedó aquello de que España prefiere honra sin barcos a barcos sin honra?

Esta política de resignación y achicamiento sistemático ha tenido un último ejemplo, por ahora. Mientras todos los países que cuentan felicitaban al disidente chino Liu Xiaobo por la concesión del Premio Nobel de la Paz y exigían su liberación a Pekín, Exteriores se callaba y sólo a última hora y “amparados” en que ya lo había hecho Obama emitía un ambiguo comunicado, cuyo contenido es una muestra más de esa estreñimiento permanente que caracteriza a la política exterior zapatero-moratiniana. ¿Por qué esta gente es incapaz de defender el buen nombre y la dignidad de España? Me parece que la respuesta es sencilla: no creen en España, como muestra su política, un día tras otro. Y mal se puede defender aquello en lo que no se cree. En el fondo piensan que no vale la pena defender a esta Nación, que acaso no se rompa porque tiene una solidez de siglos, pero que se deshilacha día a día por su desgobierno. Además, se sienten tan débiles que se ven forzados a tolerar todas las ofensas y todos los desaires de los demás, sobre todo sin son de izquierdas. Y el resultado es que, con su acomplejamiento, han hecho creer a todos estos sátrapas con los que les gusta relacionarse que este Gobierno lo soporta todo todas sus ambiciones y sus pretensiones, incluso las más desbocadas, son factibles porque aquí se ha perdido cualquier capacidad de resistencia. Les gusta alimentar a los cuervos que, cualquier día, acabarán sacándoles los ojos (que también son los de todos nosotros). Lo curioso –y al mismo tiempo lo más triste- es que se achantan ante estos caciques y jerifaltes de tercera y ante los verdaderamente poderosos e importantes que les advierten de sus errores, se encampanan y se empeñan en tener la razón, contra toda evidencia. Es lo que acaba de hacer la vicepresidenta Salgado en Washington, en la reunión del FMI, ante los avisos de que sus previsiones para 2011 no son creíbles. Se le puede aplicar lo que no hace mucho escribían dos especialistas americanos, a propósito del comportamiento internacional de ciertos gobiernos: “Desgraciadamente, una política exterior basada en un fantasma está avocada al fracaso cuando choca con las duras realidades”. Y de fantasmas aquí estamos sobrados.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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