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Mario Vargas Llosa, el liberalismo y los tics de la izquierda española y peruana

martes 12 de octubre de 2010, 17:17h
Magnífica la concesión del Nobel a alguien que se la merece. Y esto, tanto en Literatura como en Premio a la Paz, estaba siendo discutido y discutible. Ahora, el monopolio de la corrección política - y en línea directa con el desprestigio -, queda solamente eso de la Paz, dado que, por fin, un gran escritor logra el reconocimiento y deja en solitario a los pacifistas correctos en su descrédito y deslustre. Y rompe así este otorgamiento más de dos lustros de discutidos otorgamientos que deslucían frente a lo que en Ciencias se venía haciendo.

Por fin, alguien de la república de las letras,- que en oxímoron consciente creo que se puede decir que podría hoy ser su monarca-, consigue que la Academia Sueca vuelva a tener prestigio en este tiempo. Porque hay que apresurarse a decir que cuando a genios como Borges se les negó el premio por la desviación política izquierdista de los académicos nórdicos, quien perdía ahí no era el gran maestro porteño. No. Quien quedaba en ridículo eran los monosabios del norte.

Y con Mario Vargas Llosa (caso por cierto, casi único, en que todos reproducimos los dos apellidos, como si en afirmación de su genio no nos contentásemos nunca con el primero, paladeando así con satisfacción su identificación completa) se ha corrido el mismo riesgo. Afortunadamente, algún santo de un santoral académico oportuno, intervino para impedir que ese peligro se transformase en siniestro y, Mario Vargas Llosa ha recibido el Premio Nobel con aplauso general de quienes aman, gozan y disfrutan de la literatura.
Pero no todos han entrechocado sus palmas para vitorear al escritor.

En muestra del desvío ideológico permanente que han sufrido y siguen sufriendo quienes interponen siempre una visera política entre los datos y su realidad, la izquierda española y la peruana – no se sabe realmente qué país es ahora el del escritor o, si como sospecho, afortunadamente para él lo son los dos sin contradicción alguna y en buen armonía en su espíritu – han mirado a otro lado.

“Cacasenos” (necios), dicen que llamó Mario a muchos izquierdistas peruanos cuando de elecciones se trató. Lo cual, por transmisión, indignó a la muy indignable izquierda intelectual española, siempre atenta a incluirse en cualquier martirologio venga o no a cuento. Pesados como losas del pasado, nuestro izquierdista propio, arremetió contra quien se empeñaba en introducir en Perú un Estado de Derecho, como indispensable complemento de la Democracia. Y siempre democrática en sus apreciaciones – Chávez es un ejemplo actual – la izquierda transversal intelectual, sin leer ni mucho ni poco al autor hoy Nobel, descalificó su persona y con ella su obra. Como si su nota descalificatoria importara mucho.

Y esto lo hacía, insisto, esa izquierda intelectual políticamente correcta tan llena de rencor generalizable en cualquier circunstancia como menguada en su apreciación literaria. Y es que el resentimiento es inversamente proporcional al gusto por el arte, en este caso, por la literatura. Porque el enojo ideológico siempre tiene que examinar desde su encono, rebosante de odio disponible para cualquier momento, cualquier asunto con los lentes de su doctrina. La izquierdita intelectual nunca examina los hechos ni los datos. Los da por supuesto o hace supuesto de la cuestión sin que la realidad jamás le estropee su razonamiento rectilineal, que va, desde la cuna a la tumba, transido por la animadversión y la ira.

Mal momento pues para esa izquierdita, hoy antediluviana y agobiante, que espanta a cualquiera en cuanto empieza a hablar, porque ya se sabe con anticipación, lo que sin gracia y con pesadez nos va a decir. Mal momento porque M.V.LL., ha mostrado su felicidad, su elegancia, tan elemental y una vez más, su coherencia con una vida vivida vitalmente, no según un proyecto público privado que está diseñado desde las catacumbas políticas.

No hace mucho que Mario renunciaba a un podio que Alan García le había ofrecido. Y lo hacía en méritos de la repugnancia que le causaba la trampa del político con los derechos humanos.

Esto tampoco se lo perdonan, desde la izquierdilla resentida. Ni pueden perdonárselo, ya que alguien que por sí solo logra, sin ayuda de los demás, un reconocimiento universal, haciéndolo solo con su pluma, es exactamente el arquetipo más odiado por los mediocres que quieren medrar y seguir abusando del Estado y su galaxia, lo cual es propio del parasitismo cultural prototípico de la izquierda intelectual.

Una vida tan abierta como la de M.V.LL. daña por su mera existencia a todos los resentidos que hacen de su victimismo el modo habitual de sacar dinero y poder. La integridad del escritor hispano – peruano, pone nerviosos a quienes andan siempre trampeando y negociando con los derechos de los demás. Y esto tampoco se lo perdonan quienes hacen de su mercadeo con las conciencias el gran botín de su existencia, o sea, quienes entran en los Ministerios de Cultura, Educación, y los Nuevos Ministerios “Sociales” (Igualdad, por ejemplo) con el dedo apuntando de una parte al presupuesto y de otra a los pobrecitos ciudadanos a los que hay que domesticar.

Mario nos ha regalado enormes momentos de felicidad. De auténtica felicidad. Esa palabra está unida a su obra, también a su actitud y a su conducta. Y seguiremos leyendo, releyendo también, saboreando incluso en audiolibros, ese fenómeno maravilloso con el que algunos humanos quieren conferir a los demás, presentes y también generaciones futuras, su voz y su palabra.

Gran autor, su conducta revelada en tantos gestos y tantas actitudes, en su conducta, nos hace compartir con él este gran momento, en que los iracundos quedan como estatuas de sal mirando atrás y la mayor parte de la gente se alegra con él, disfrutando así, de otro momento más de felicidad que nos regala este escritor de aquí y de allí.

José Eugenio Soriano García

Catedrático de Derecho Administrativo

JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.

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