VACAS FLACAS GLOBALIZADAS
lunes 17 de marzo de 2008, 21:35h
Desde hace unos meses, todo apunta a que nos encaminamos hacia una crisis económica a nivel mundial de imprevisibles consecuencias. Sin llegar al dramatismo de la crisis de los 70 ni caer en alarmismos excesivos, es un hecho objetivo que la economía mundial está entrando en una época de desaceleración, ante la cual hemos de estar preparados. El sistema bancario de EE UU se encuentra gravemente enfermo y, por ende, el del resto del mundo. A la crisis de las suprimes se le ha unido la falta de solvencia y de confianza en el sistema bancario. Este fin de semana ha caído uno de los bancos de inversiones más importantes de EE UU, el Bears Stearns. JP Morgan, su tradicional adversario, se hacía con él por el irrisorio y simbólico precio de dos dólares por acción, es decir, un total de 159 millones de euros. JP Morgan ha comprado Bearn Stearns por la décima parte de lo que valía hace sólo una semana.
La FED está tomando medidas extraordinarias de corte keynesiano para paliar las consecuencias de la crisis. Entre ellas, inyectar dinero a los bancos para evitar que quiebren por una falta de liquidez y bajar una y otra vez los tipos de interés. El problema está en que, como en muchas otras ocasiones, puede que sean insuficientes y además lleguen tarde. Eso sin contar que el desplome del dólar contribuye a neutralizar la efectividad de algunas de ellas. De hecho, todo apunta a que Bear Stearns no será la única víctima de las hipotecas basura. Al cierre de esta edición, Lehman Brothers, otro de los grandes monstruos de la economía americana, sufría preocupantes bajadas que han sembrado de incertidumbre a los inversores de medio mundo.
En España, el desplome de la bolsa norteamericana se ha traducido en una bajada de 2.81 puntos del IBEX 35, la 5º en lo que va de año. Ante esta perspectiva, resulta preocupante la inacción que se observa por parte de las autoridades europeas. En una economía globalizada como la nuestra, es imposible abstraerse al cáncer que carcome al sistema estadounidense y sobre los bancos europeos pende la misma espada de Damocles. El director general del FMI advertía ayer mismo de que la crisis es mucho más “seria y global” de lo que parecía en un principio y señalaba que sus efectos se van a sentir, no sólo en los países europeos, sino en los emergentes. Sin embargo, en Europa no se está tomando ninguna medida para paliar el problema que se nos viene encima.
Por supuesto, hay que tener en cuenta que existen condicionantes que hacen que Europa tenga dificultad de movimientos. Para empezar, aunque suene a verdad de Perogrullo, la UE no es una sola nación sino varias y resulta muy complicado mover en la misma dirección a un monstruo con tantas cabezas. Asimismo, en la política de tipos de interés también influye la aversión de Alemania a la inflación. No hay que olvidar que el Banco Central Europeo es heredero directo del Bundesbank y, por lo tanto, el peso de Alemania en las decisiones del mismo, es determinante.
La economía mundial es cíclica y después del periodo de bonanza del que salimos, era de esperar que llegara uno de recesión. La cuestión es no caer en la tentación de utilizar la técnica del avestruz. Tan peligroso resulta caer en un negativismo histérico ante las vacas flacas que se avecinan, como cerrar los ojos ante un problema que se plantea a todas las economías de Occidente.
EL SITIO DE NUMANCIA
La construcción de un polígono industrial en Soria ha puesto en estado de alerta a las fuerzas vivas locales, más una amalgama diversa de colectivos ecologistas, autoridades académicas y demás gentes del panorama cultural, indignadas ante lo que consideran un atentado urbanístico. Y es que el proyecto en cuestión amenaza gravemente a uno de los enclaves arqueológicos más importantes de España, no ya por la calidad de sus hallazgos, sino por su significado histórico. La toma de Numancia por el general romano Escipión allá por el año 133 A.C. es uno de los hechos más relevantes de nuestra historia; la heroicidad con la que se emplearon sus defensores dio pie incluso a que se acuñase el término defensa numantina como sinónimo de resistencia y valor.
Parece que, en esta ocasión, la defensa del patrimonio histórico está plenamente justificada. Las necesidades de Soria están presumiblemente cubiertas con las hectáreas de suelo industrial de que dispone, sin que dé la impresión de que haga falta construir más. Porque no es difícil atisbar la sombra de la especulación urbanística tras el polígono de Numancia. Pero ello no es óbice para que haya de aplicarse el mismo rasero a todos los casos en los que estén involucrados restos arqueológicos. En efecto, aún resuena en Madrid la polémica por las obras de la Plaza de Oriente y el soterramiento de restos supuestamente valiosos, cuando de lo que realmente se trataba era de viejos muros del antiguo alcázar, sin más valor que su antigüedad. Esto es extrapolable a cualquier parte del mundo en la que su presente conviva estrechamente con su pasado. Jerusalén y Roma, por ejemplo, son ciudades en las que hacer un simple sótano supone el “peligro” de hallar restos arqueológicos que paralicen la obra sine die, hasta que se dictamine si lo hallado carece o no de valor. En España, Córdoba y Mérida son ciudades en una tesitura semejante. Y a nadie se le ocurriría hacer un polígono industrial en Stonehenge (Inglaterra), cerca del famoso “círculo megalítico”. Porque todos los lugares citados lo son por su especial relevancia. Igual que el caso de Soria. El progreso ha de respetar la Historia, pero no puede detenerse cada vez que una piedra añeja aflore en su camino. Sirva el caso de Numancia para ilustrar lo que sí debe de ser la defensa de un entorno a proteger. Pero igualmente, tomémoslo como baremo para medir lo que realmente importa salvaguardar.
PAZ SIN FRONTERAS
Ni publicidad, ni mensajes políticos ni fronteras. Sólo 100.000 gargantas cantando al unísono por la paz y un escenario: el puente Simón Bolívar que separa Venezuela y Colombia. Sobre él, siete grandes de la música latinoamericana, con Juanes, Miguel Bosé y Alejandro Sanz a la cabeza.
Así, ataviados todos con vestimentas blancas, los componenetes de esta marea humana lanzaron un mensaje al mundo: "no nos gustan las guerras, ni los fusiles, ni las fronteras. No sabemos de banderas ni colores: queremos la paz".
La iniciativa de celebrar este Concierto Paz en la Frontera, que partió del cantante colombiano Juanes, se hizo ayer realidad. Gentes venidas de Venezuela, Ecuador y Colombia respondieron al llamamiento de los convocantes y abarrotaron la explanada que sirvió de improvisada sala de conciertos. Algunos hubieron de caminar más de dos horas hasta llegar al punto de encuentro. No importaba, todo sea por la paz. Muchos acudieron con toda la familia, nadie quería perderse el evento.
Ayer la política se diluyó en el aire hasta hacerse imperceptible, ahogada por la música que lo inundaba todo. No era aquel un lugar para corbatas ni carteras, no para aquellos que mandan escuadrones militares. Era el día de la gente humilde, de los trabajadores, de los niños y los mayores, de las personas normales que no copan las páginas de los periódicos ni llenan los libros de Historia. Ayer no se oyó a Chávez, ni a Correa, ni a Uribe, ni tampoco se oyeron los diparos de la guerrilla. Ayer los hombres pidieron la paz y la palabra. Que escriban, pues, la Historia (su Historia) los hombres del puente Simón Bolívar.