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En el corazón de Jerusalén

El cementerio de Mamila, lugar de los homosexuales

lunes 17 de marzo de 2008, 21:43h
No importa donde se vuelva la vista, en la ciudad más santa del mundo, es imposible librarse de la carga religiosa, porque no decirlo, a veces asfixiante, de un lugar con tanta solera dogmática como este. No debe extrañar que la comunidad homosexual jerosolomitana haya escogido esta zona, con simbolismo incluido por el nombre del parque, como lugar de reunión. Tanto es así, que en la última marcha gay, el pasado junio de 2007, éste fue el lugar de partida elegido. Lo cierto es que salvo la comunidad homosexual y quizá algún turista despistado, pocos son los acuden a este cementerio, desconocido incluso para la mayoría de los ciudadanos.

Todavía sería más desconocido, si hace unos seis años, el Centro Wiesenthal, una organización judía para los derechos humanos, no hubiese anunciado su intención, con el apoyo de la Alcaldía, de construir en el lado sur del cementerio el llamado Museo de la Tolerancia. La excavación y construcción de este museo, que pretende traer “Unidad y respeto entre los judíos y la gente de todos los credos” levantó la ira de los ciudadanos musulmanes nada más anunciar su decisión de desenterrar restos humanos y construir encima de las tumbas. “Esto no lo hubiesen hecho si fuese un cementerio judío. Hay más espacio para construir este museo, es otra demostración política, porque saben que es una provocación para nosotros” asegura el Dr. Yussuf Nachti, especialista en Arqueología del Waqf, la Corte Islámica en Jerusalén.

Ante la pregunta de a qué se debe semejante negligencia, la oficina del Waqf, responde que no están autorizados a trabajar en Jerusalén Oeste y menos a cuidar ningunas ruinas, por mucho que sean milenarias. Para el antiguo portavoz del Wiesenthal Center, Charles Levine, no existe ninguna razón para el enfado musulmán. “Están construyendo en un terreno cedido por la Alcaldía de Jerusalén, designado como un espacio público. Además, no se comprende porqué no protestaron hace veinte años cuando se construyó un aparcamiento, que también tomó terreno de este cementerio”. En un comunicado de prensa, el Centro Wiesenthal asegura que este sacrosanto dejó de serlo después de 1967, cuando la Corte musulmana dictaminó que había perdido su Mundras, su santidad como lugar de enterramientos.

Con santidad o sin ella, este cementerio, a pesar de encontrarse prácticamente en ruinas, merece estar dentro de las guías turísticas de Jerusalén por ser una verdadera muestra de arte islámico y por las personalidades que se enterraron en él durante siglos. Si uno decide aventurarse entre la maleza y caminar entre las tumbas mohosas, descubrirá que allí yace, en el mausoleo con cúpula incluida, el que fuera gobernador de Aleppo y Safedo, el emir Ahiduhi Kubakkya, que fue expulsado a Jerusalén en el año 1239 d.C. De las escasas cien tumbas que quedan todavía, ésta es una de las pocas construcciones que aún se mantiene en pie, aunque en un estado verdaderamente lamentable, manchada por la polución y las pintadas de graffittis. Para poder acercarse y ver de cerca las lápidas hay sortear bolsas de basura, latas de Coca-Cola y piedras esparcidas de los túmulos saqueados.

Said Omar, experto arqueólogo de Jerusalén, ha dedicado parte de su carrera al estudio de este cementerio. Para él es mas que una necrópolis vetusta, es un muestra de la dilatada historia jerosolomitana. Said explica que hay pruebas todavía entre las lápidas, de que el cementerio tiene sus orígenes incluso antes del periodo musulmán, en la era bizantina. Aquí se erigía una iglesia llamada la Roja donde se enterró a monjes durante décadas hasta la invasión persa en el 614 d.C. Además lo que ahora queda del cementerio no es siquiera una cuarta parte de lo que fue, ya que se extendía hasta lo que es hoy el Sheraton Plaza en la calle King David, una de las más importantes de la ciudad, a unos 600 metros, y la mayoría despareció después de 1964 para construir el Parque de la Independencia en honor a la Guerra de Independencia israelí. En el cementerio también se encuentra la llamada Piscina de Mamila, que en su tiempo ejerció la función de cisterna de abastecimiento para la ciudad y que conectaba con otra más grande, la del Sultán, en la Ciudad Vieja, que proveía de agua a toda la ciudad. "Es una pena que se esté perdiendo poco a poco este sitio. Era el cementerio musulmán más importante de Jerusalén, todas las familias se enterraban aquí y ahora casi no queda nada. Esto no le importa a nadie", se lamenta Said mientras aparta una bolsa de patatas de una de las lápidas medio caídas.

Pero el centro de la disputa, no es ni mucho menos la protección de este cementerio, argumenta Shmuel Berkowitz, , el consultor del Centro Simon Wiesenthal para el Tribunal Supremo de Justicia Israelí ante la demanda interpuesta para parar las obras. Sentado en su oficina cerca de la calle Yafo, una de las arterias principales de Jerusalén, este doctorado en Derecho explica que el centro anunció su intención de construir encima de Mamila hace diez años. « Este proyecto se hizo público hace una década y entonces nadie expuso ninguna queja. Los planos del proyecto se publicaron en los periódicos y se anunció que el arquitecto sería Frank Getty. ?Porqué entonces este grupo islámico no dijo nada? Esto es una oportunidad política para ellos, y nada más que eso». Los que llevaron el caso ante el Tribunal Supremo hace unos cuatro años, fue el Partido Islámico Israelí, alegando que construir sobre un cementerio constituye un sacrilegio, ya que según el dictámen del actual Presidente de la Corte Islámica, Shej Ahmed Natour, un cementerio jamás pierde su santidad.

"Sabemos seguro, y los musulmanes no pueden negarlo, que el veredicto de la religión islámica es que si no hay enterramientos de treinta a cuarenta años, este lugar ya no es sagrado." Para respaldar su afirmación, Berkowitz se remite a Fajer el Sailai Ibn Ali, líder religioso que decretó esta ley en el siglo XIV. « Ademas la Autoridad Islámica en 1964, para justificar la construcción del Parque de la Independencia, revocó la santidad del sitio. Vaya, entonces tampoco hubo problemas ». Mahmoud Awari, uno de los principales consultores históricos en la ciudad, no lo ve tan claro. "Después de 1948 todos los lugares sagrados islámicos pasaron a manos israelíes, así como la Autoridad Islámica que se ocupaba de ellos. Por aquel entonces, eran los israelíes los que designaban a los dirigentes de la Corte, así que es muy probable que la decisión de retirar la santidad a este cementerio fuese una orden directa de Israel"

Mientras tanto, las excavaciones están paradas a la espera de una resolución en el Juzgado. Lo cierto es que este es un proyecto en el que hay invertidos unos 150 millones de dólares, y el retraso en la construcción, algo menos de un año, supone una pérdida considerable de dinero tanto para el centro como para la Municipalidad de Jerusalén. Esta ambiciosa idea, además, fue una gran victoria para el Ayuntamiento de Jerusalén, e incluso contó con la presencia y el respaldo de Arnold Swartzenegger durante la ceremonia en 2004 para poner la primera piedra.

El encargado de trazar este proyecto fue el prestigioso arquitecto Frank Gehry que entre otras cosas ha diseñado el Museo Guggenheim de Bilbao y se supone que para el 2009 se terminarán las obras del complejo, que contará con una sala de exposiciones, una biblioteca sobre el Holocausto, un teatro y un centro de educación. Una de las razones por la que se escogió este emplazamiento, es porque está justo en pleno centro de la ciudad y forma parte del plan del Ayuntamiento para revitalizar el centro de Jerusalén, que se ha convertido desde hace unos años, en una de las zonas mas pauperizadas de la ciudad. Dentro de este trazado para inyectar más dinero a esta circunscripción, está también la construcción de un exclusivo centro comercial, ya terminado, y viviendas de lujo, en lo que se llamará el Complejo Mamila, donde se supone que el museo encajará como anillo al dedo para animar a las familias a darse un paseo por la zona. Cómo permitir entonces que unos cuantos huesos viejos, de los que nadie ya se acuerda, interrumpan semejante proyecto?

Sólo unos cuantos metros separaran este opulento plan de Jerusalén Este, donde vive la población árabe de la ciudad, según la línea de separación de 1967 (establecida tras la Guerra de los Seis Días). Qué pasará entonces si los ciudadanos árabes quieren también darse un paseo por Mamila? El doctor Nachti opina que para él ésta es una medida más de separación entre los dos lados, Jerusalén Oeste, el lado judío, y el árabe, el lado Este. Los ciudadanos de ambos territorios no suelen frecuentar el otro, en todo caso entre la frontera invisible que separa las dos zonas. Sea verdad o no que el Complejo de Mamila servirá para crear otro muro más de contención, es bastante probable que no estará al alcance de muchos ciudadanos árabes, ya que el nivel de empobrecimiento en el lado Este es casi del 50 por ciento respecto al lado Oeste.

En medio del debate político y social, en medio del conflicto que dura décadas y las citas escondidas de los homosexuales, el museo de Mamila languidece en el olvido de todos. Los soldados de Salahaddin, que arrebatase Jerusalén de los Cruzados, se han convertido en una molestia urbanística y hace años que nadie acude a velar a los muertos en este cementerio. Quién le iba a decir al gran Kubakiya que se vería envuelto en una discusión tan terrenal, donde lo que subyace en realidad es una lucha política que emerge al menor roce. Y evitar rozarse en una ciudad tan religiosa y étnicamente apretada como Jerusalén es bastante complicado. En la entramada red de susceptibilidades de este lugar, nada es trivial y todo acaba teniendo un trasfondo político, de poder o derechos históricos. El Wiesenthal Center se ha topado con un obstáculo más difícil que la complicada topografía de Jerusalén: un conflicto enquistado cuyas ramificaciones abarcan también el desarrollo urbanístico. Y eso que tienen a Swarzenegger de su parte.
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