www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Donde no se dan, no se toman : España y Marruecos alimentan su avispero (I)

viernes 15 de octubre de 2010, 18:50h
Desde que apunté a la necesidad de hacer un esbozo razonado de las últimas querellas (y conflictos) hispano-marroquíes en esta columna de El Imparcial (22, enero, 2010), ha llovido bastante sobre mojado.

En el transcurso del tiempo que llevamos recorrido desde entonces, las circunstancias reinantes han sido pródigas en vicisitudes bilaterales.

Desde el incidente de la huelga de hambre que sostuvo Aminatu Haidar en el mes de febrero, pasando por la ausencia prolongada del nuevo Embajador de Marruecos en España -Ahmed Ould Suilem-, hasta arribar a la aprobación del estatuto avanzado para el país vecino al sur de Tarifa y a los ensayos orgánicos desde el Majzen para impulsar la confirmación de un estado autonómico, las relaciones hispano-marroquíes se han visto sometidas a un tira y afloja cíclico. Hasta aquí, la verificación de hechos, incluso de una constante.

Me imagino que al ciudadano del común en ambas orillas, ese tira y afloja bilateral le resulta incongruente. Algunos advertirán que no les parece serio el comportamiento de los agentes implicados; y que, además, la cuerda podría romperse en algún momento del forcejeo bilateral -algo improbable, pero que no habría que excluir paladinamente-.

El juego consistente en apurar el estiramiento de la cuerda -casi siempre desde Rabat- ha alcanzado en los meses de agosto y septiembre un punto álgido con motivo del hostigamiento practicado por Marruecos contra la ciudad de Melilla, lo que salpica también de paso a Ceuta y a otras pequeñas posesiones insulares de España, como son Alhucemas y las Chafarinas.

No ha faltado en esta operación ¿improvisada? una sedicente Comisión Civil para la Liberación de Ceuta y Melilla (CLCM), ni tampoco han faltado a la cita la Organización Marroquí de Derechos Humanos que preside Amina Bouayach ni el Consejo Consultivo de todos los derechos imaginables, que encabeza Ahmed Herzenni. El mismo presidente del Gobierno marroquí -que no en vano es un destacado miembro del Istiqlal- y su consanguíneo, Tayeb Fassi Fihri, ministro de Asuntos Exteriores, se han sumado al ejercicio de demostración estival.

Creo que hemos asistido, en lo que va de año, a una escalada espectacular, siempre en la línea del enrarecimiento calculado de las relaciones entre España y Marruecos, en particular cuando en Rabat se piensa que Madrid se debilita. Quizá vuelvan las aguas a su cauce en este último tramo del año; quizá no sea así. Todo depende de las pautas políticas que marque Rabat, puesto que salta a la vista de cualquier observador que, en el simulacro de distanciamiento, es la parte marroquí la encargada de marcar el paso a la política diplomática de España al sur de Tarifa. Es mi vieja idea del “paso cambiado” entre los países vecinos, al menos desde 1975.

Lo que, dicho sea a propósito, no obsta para que los intereses comerciales, financieros y culturales -que son bastantes, y tanto atan a las dos orillas-, sigan estrechándose cada vez más. Ahora bien, es esta puntualización que he realizado en entregas anteriores a El Imparcial, lo que parece incordiar al Establishment majzení en Marruecos, a saber, principalmente, el “situacionisno” gubernamental que Madrid viene practicando en el tema del Sahara occidental desde 1982 hasta el día de ayer, reuniones en Manhasset incluidas. La variable territorial, en consecuencia, se muestra independiente en el campo de juego de los intereses hispano-marroquíes. Posee su dinámica propia y arrecia, o disminuye, su impacto en esas relaciones, según las circunstancias predominantes en el seno de las dos potencias. Así, partiendo del triunfo electoral del PSOE en octubre de 1982 hasta alcanzar el ecuador de la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero, los Gobiernos de España se han sentido incómodos, cuando no evasivos, ante el contencioso sahariano. La delicuescencia del Estado español en este capítulo parece que ya no agradaba al difunto Hassan II. Ahora, es patente que aquélla irrita a Mohamed VI.

Sólo teniendo en cuenta el papel del galgo que persigue a la liebre, puede entenderse la coyuntura actual que atraviesan los dos vecinos. La polvareda levantada, últimamente, por Marruecos, ha culminado -por ahora- en la reunión que convocó en Rabat el Centro Marroquí para la Memoria Común y el Porvenir en fecha de 25 de septiembre. ¿Finalidad?. No cabe por el momento otra: azuzar a La Moncloa, hoy algo debilitada, de una parte, y marcar distancias con el Partido Popular, de otra. Con vistas a arañar a La Moncloa y arrancarle algunas concesiones -por ejemplo, la ley del silencio ante las reiteraciones territoriales cursadas por Rabat-; y al Partido en la oposición, para advertirle que, en caso de ganar éste las elecciones generales en fecha venidera, ha de aconsejar comedimiento a las manifestaciones españolistas de los ciudadanos ceutíes, melillenses y peninsulares. (A esta advertencia, Mariano Rajoy ha respondido con el envío a Rabat de una Comisión “contemporizadora” que se ha entrevistado con Abbas el-Fassi).

Como veremos de inmediato, la tónica responsiva española a las provocaciones marroquíes, resulta muy epidérmica en los medios impresos y en algunas cuñas radio-televisivas, a excepción de otras pocas respuestas, más reposadas y densas, por parte de ciudadanos interesados. A ellas pasaré a referirme con cierto detalle en la segunda parte de esta columna, prevista para la edición de mañana, domingo.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios