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reseña

Pascual Pérez y Rodríguez: La urna sangrienta o El panteón de Scianella

sábado 16 de octubre de 2010, 02:00h
Pascual Pérez y Rodríguez: La urna sangrienta o El panteón de Scianella. Edición de Miriam López Santos. Prólogo de Luis Alberto de Cuenca. Siruela. Madrid, 2010. 304 páginas. 19,95 €
El escritor romántico Pascual Pérez y Rodríguez (1804-1868) publicó en 1834 La urna sangrienta o El panteón de Scianella, novela gótica o de terror, respondiendo a los gustos de buena parte de los lectores de la España del XIX. La obra, impresa por Cabrerizo en Valencia, venía a sumarse no sólo a las frecuentes pero tardías traducciones de novelas de terror francesas e inglesas, sino también a los primeros intentos de novela gótica por parte de escritores españoles. Su reedición por Siruela permite comprobar cómo las actuales películas y novelas de terror ofrecen escasos elementos innovadores en relación a los inicios del género.

En La urna sangrienta o El panteón de Scianella conviven el horror más macabro con una racionalidad que todo lo ordena y explica, ofreciendo además una moraleja o enseñanza moral clara. El carácter gótico de la novela de Pérez y Rodríguez se encuentra impregnado de una serie de valores e ideas que determinan el desarrollo y desenlace de la obra: la importancia de la educación, la necesidad de apartarse del mal, el arrepentimiento o la existencia de una justicia divina que castiga el crimen y el horror y premia la virtud y la bondad…

La trama de la novela se construye sobre un ser de condición –en principio– no humana, una Sílfida, y un objeto rodeado de crueldad y misterio: una urna sangrienta. El autor juega con el lector y muestra situaciones imposibles, casi sobrenaturales, cuya explicación sólo se conoce al pasar de las páginas. Encuentros fortuitos, disfraces, cárceles, juicios, secuestros o viajes sin rumbo son algunos de los recursos de los que Pascual Pérez y Rodríguez se vale para construir una novela en la que las pasiones y perversiones se llevan al extremo.

La condición de periodista y fotógrafo del autor resulta palpable en cada descripción. Las imágenes que la novela construye con palabras están cargadas de una plasticidad y viveza que contribuyen a la transmisión de la lección moral final. Vestidos nupciales manchados por la sangre del asesinato, rayos de luna reflejados en hojas de puñales y panteones familiares que son escenario de los crímenes más monstruosos, muestran las consecuencias del apartamiento de la recta virtud y el abandono a la brutalidad y al vicio.

Por Lorena Valera Villalba
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