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Defensa del Senado, que no tiene piscina

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 16 de octubre de 2010, 21:03h
Todo comenzó cuando me metí con un senador por la tristemente célebre piscina del Senado. Como soy aficionado al boxeo, a los toros y al cine de gangsters, soy una persona sin sensibilidad ni mesura y eso se nota. El pobre senador tuvo que sufrir la bromita con espíritu docente y explicarme que la piscina –en realidad, un aljibe- se cerró hace años y que la mayoría de los senadores no le prestaban la menor atención. El caso fue que la conversación derivó hacia la función del Senado, que es como la hermanita pobre de las Cámaras. Para muchos, el Senado es un Macondo de especialistas en canapés y derrochadores lingüísticos que se dejan una fortuna en intérpretes de distintas lenguas de nuestra tierra en lugar de entenderse en español. Recuerdo que cuando fui cronista parlamentario, las noticias del Senado apenas suscitaban interés en comparación con el Congreso.

Ese desconocimiento de la actividad del Senado es parte del problema que la Cámara padece. Podríamos dedicar muchas líneas a contar lo que el Senado no es, pero prefiero contarles un par de cosas que me sorprendieron de las últimas sesiones del Senado.

Hace algunas semanas, el Portavoz del Grupo Popular, el Sr. García Escudero, tomó la palabra citando a Miguel Hernández, el poeta prodigioso de Orihuela del que tantas chorradas se han dicho. Como el toro he nacido para el luto y el dolor. Cuando leí los versos de un soneto en el Diario de Sesiones casi me caigo de la silla. No es culpa mía: hay que ver la fauna y la flora de las Cámaras. Les confieso que hubiese pagado por ver la reacción de la Sra. Pajín. La maldad me inspira la sospecha de que algunos no entendieron nada. La tristeza me recuerda que las cámaras a veces son un cúmulo de ausencias. Tal vez ese día la Sra. Pajín no escuchó lo que se decía y fue una pena porque el Sr. García Escudero hizo una defensa justa y apasionada de la Fiesta. Otra cosa es lo que se nos pase a los españoles por la cabeza o las entrañas para llamar así a un encuentro en el que siempre muere el toro o el torero; pero eso es un problema de esta hispanidad nuestra y no del pobre Senador que allí defendía un fascinante legado de siglos.

En el Senado se debaten cosas interesantísimas con una altura que asombra en un país que preside el Sr. Rodríguez Zapatero, que también va de vez en cuando al Senado para hablar sin decir nada. Uno podría pensar que, después de este Presidente, ya no le sorprende nada, pero se equivocaría. A veces, el Diario se Sesiones esconde una secreta felicidad que nace del ingenio y la lucidez y afronta el escándalo de España. Vean éste que les traigo.

Se discutía si se debe o no derogar el Decreto por el que se establece la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Para hacerles el relato corto, se imaginarán por dónde iban los nacionalistas, padres de la moción que se discutía. El Sr. Nuet i Pujals, del grupo Entesa Catalana de Progrés: En 1957 el Gobierno franquista aprobó un decreto, decreto que aún no ha sido derogado y que en términos de la época —no lo voy a leer— ordena el funcionamiento del Valle de los Caídos y nos recuerda por qué fue construido: para honrar a una parte de España, a los que ganaron la guerra civil. Hoy, más de cincuenta años después de su inauguración, y tres años después de aprobada la Ley de la memoria histórica, la realidad es que eso no ha cambiado a pesar de que la ley, como he dicho, se refiere a ello en términos exactos.

El lector piensa que ya están otra vez con lo mismo y que para este viaje no hacía falta tanta alforja ni tanto Senado ni tantas piscina-aljibe (cerrada ya) ni tanta mandanga. Pues bien, uno debe esperar unos instantes e imaginarse la Cámara con los naturales del lugar: el Sr. Anasagasti, que es ya un veterano y tiene más mili que el cabo Machichaco, el Sr. Lerma, que también tiene sus años de experiencia y tantos otros que peinan canas o lo que les queda.

Después del Sr. Nuet i Pujals habló el Sr. Torres i Torres (Grupo Parlamentario Socialista) y entonces el lector tiene tendencias suicidas. Ojo al parche: [...]durante cuarenta años hemos estado recibiendo información de dicho monumento a través del NO-DO y desde la perspectiva del régimen franquista. Por ello, este gran peso simbólico ha disuadido a investigadores a acercarse con normalidad sobre este asunto y recinto.

Más adelante vino otra consigna de traca fallera:

[...] Patrimonio Nacional paga el mantenimiento de las instalaciones, pero los monjes benedictinos que allí residen no rinden cuentas de sus cobros ni de sus pagos ni de sus
actividades.


Desde luego, hace falta tener poca vergüenza en la España del trinque, el paro y la subvención al amigo para decir que los monjes no rinden cuentas de sus actividades. Se necesita un rostro como el hormigón armado para pedir cuentas a los benedictinos cuando uno tiene una hípica, el otro colecciona pisos de protección oficial y el de más allá frota la lámpara de las subvenciones y sale un Ministro repartiendo un dinero que el Gobierno ya no puede gastar. El Sr. Torres i Torres, que tomó la palabra como un hombre sensato, terminó de hablar en un delirio ajeno a la razón y a la cordura.

Menos mal que el Sr. Van-Halen, que tiene apellido de grupo de rock duro y es poeta, llegó para salvar la sesión y evitar un sonrojo a las generaciones venideras. El Sr. Van-Halen fuma en pipa y tiene barba, dos cosas que imprimen carácter, y tiene la voz que yo debería haber tenido si él no me la hubiese arrebatado. Cuando habla, uno no sabe si imparte doctrina canónica o está desenfundando la fría retranca que lo ha hecho célebre en el Senado y la Asamblea de Madrid.

El Sr. Van-Halen empezó recordando –guardaos de los poetas con memoria- a Felipe González, que ya tiene el glamour de los viejos amores perdidos:

La exposición de motivos de la moción es muy curiosa, porque dice algo tan pintoresco como que Felipe González intentó sin éxito rediseñar la gestión del recinto en el año 1984. ¡Hombre!, si con 202 diputados el Gobierno de Felipe González no pudo rediseñar eso, no sé cuántos diputados debería haber tenido. Más bien no lo consideró oportuno; por algo sería.

¡Pumba! Toma derechazo en la mandíbula. Como soy un salvaje violento, me permitirán la referencia al boxeo. No gocé los placeres de la LOGSE y eso tiene consecuencias que, a mi edad, ya son irreparables.

El asunto se fue poniendo interesante mientras el Sr. Van-Halen dejaba de ser poeta y se convertía en judoka dialéctico, jurisconsulto y cronista de los disparates de este tiempo: La intervención del Gobierno en este asunto está en una deriva muy peligrosa, porque lo primero que hicieron fue prohibir todo, incluso el culto —ahora hay culto no en la basílica, sino en la abadía, una misa al día—. Eso hizo que interviniera la Santa Sede; eso está en contra de los convenios con la Santa Sede, pero es que la intervención en ese recinto está en contra de los artículos 522, 523, 524, y 525 del Código penal; de la Ley de libertad religiosa, artículos 1, 2, 3 y 4; de la Constitución española, artículos 14 y 16; de la Declaración Universal de Derechos Humanos, artículo 18; del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículos 18 y 20; de la Ley llamada de memoria histórica, artículo 16 porque ya se cumple, y del acuerdo que es lo más importante— entre el Estado español y la Santa Sede sobre Asuntos Jurídicos.

¡Toma ya! Alguien tenía que recordar que el Gobierno se salta a la torera la Ley cuando se lo pide la ideología o la encuesta. Debía haber alguien que trajese al recuerdo el descrédito de esta España en que el Gobierno se ha saltado no sólo los límites del Derecho sino también los de la razón y el equilibrio. A veces, en el Senado, se rectifican leyes, se previenen desastres y se mitigan calamidades que llegan desde el Congreso. De vez en cuando, a Rodríguez Zapatero le sacan los colores. Tampoco está mal, ¿no?

Ya ven que no todos los senadores son igual y que, a veces, en el Senado, se salva el nombre y la cara de una democracia que entre todos construimos cada día. Por eso, se debe contar la verdad del Senado y de los senadores que trabajan duro, leen bodrios infumables para saber lo que votan y encima tienen que escuchar desvaríos sin cuento. El Sr. Van-Halen citó un libro ¡Un libro! ¿Cabe mayor osadía en la España del Presidente Rodríguez Zapatero? Aún quedan senadores, diputados y, en general, políticos honrados y responsables en España. No sé si son muchos pero sí sé que son necesarios.

Por eso hay que contar su historia.

¿No les parece?

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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