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Italia-Serbia: una batalla campal

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 17 de octubre de 2010, 16:31h
El partido entre Italia y Serbia de la fase de clasificación de la próxima Eurocopa 2012 no se pudo celebrar. La violencia de los hinchas radicales serbios impidió la celebración del evento que duró apenas seis minutos y abrió el campo a muchas polémicas y pocas reflexiones.

El partido se ha convertido en un caso político: mientras en Serbia se debate sobre su inmadurez y falta de capacitación para entrar en la Unión Europea, en Italia se discute la actuación de las fuerzas policiales y el “plan de seguridad” elaborado para el evento. Los desordenes de los nacionalistas serbios –grupo organizado apoyado financieramente por algún ex militar yugoslavo- poseen una matriz política: los grupos violentos de signo fascista y ultranacionalista (el mito de los Chetniks) creen que pueden determinar la política en Serbia “a la fuerza” saltándose las instituciones políticas y la voluntad de la población. Los graves incidentes de Italia (y los del domingo con ocasión de la fiesta del Orgullo Gay en Belgrado) son la expresión de un problema profundo que la sociedad serbia no ha podido -o aún no ha sabido- resolver. Expulsar a la selección serbia de la Eurocopa no hará desaparecer un problema cuyas raíces van más allá de una panda de vándalos que buscan diversión en un partido de futbol.

¿Cómo pudieron entrar, en un estadio, aficionados con un verdadero arsenal de petardos, bengalas, y todo tipo de objetos peligrosos como tenazas? Simple, para evitar que destruyesen la ciudad de Génova, la policía italiana forzó su entrada en el estadio. Son evidentes los errores en la prevención de altercados y quizá hubiera sido más lógico intervenir duramente fuera del estadio. Es difícil establecer de quien fue la responsabilidad aunque el resultado está a la vista de todos.

Habrá que reflexionar sobre el acontecimiento. La actitud violenta de unos pocos, que han quemado media ciudad, agredido a jugadores de su misma selección –el portero serbio se escondió en el vestuario italiano- y literalmente bombardeado el estadio, ha impedido el regular desarrollo del partido. En la banda, en lugar de correr Zambrotta o Stankovic, corrían los policías, asustados y nerviosos. En la portería, ya no entraban goles sino gases lacrimógenos.

Los ultras serbios han utilizado una vez más el fútbol como un escaparate para sus fines políticos. El deporte como pretexto para manifestar las propias ideas políticas, como escenario donde desahogar la propia insatisfacción en forma de violencia. El futbol como motivo para determinar enfrentamientos y generar las actitudes más salvajes. La pasión se mezcla con la agresividad y la violencia. Varios factores influyen sobre estos comportamientos agresivos y violentos: procesos psicológicos, factores socio-económicos y, cada vez más, políticos. Preocupa que los aficionados consideren el estadio “el lugar de violencia ritual”, como si la brutalidad y la violencia formarán parte del mismo evento. Salvajismo, disturbios, peleas son expresión de esta pasión convertida en agresividad y violencia.

La reflexión sobre el mundo del fútbol y todo lo que lo rodea debe ser muy atenta y profunda. Frecuentemente estos facinorosos cuentan con el beneplácito de las sociedades que le financian “unas veces por miedo, otras porque a los directivos les interesa tenerlos a su lado, apoyándoles por ejemplo para unas elecciones”.

Hoy en día, el estadio es el “centro de todas las incivilidad de nuestro tiempo”: un sitio peligroso donde la barbaría de unos fanáticos –difícil llamarlos aficionados- pueden parar el espectáculo. Italia-Serbia representa una derrota para todos: el mundo del deporte, rehén de la violencia, ya no enseña reglas o valores que deben ser respectados. La peligrosidad del evento está en su “visibilidad”: el futbol representa una “caja de resonancia”, un elemento de influencia sobre la sociedad. Debido a la complejidad del problema, habrá que ofrecer una solución eficiente y multidisciplinaria, que considere cada uno de los posibles orígenes del mal. Exige una acción conjunta y contundente.

El carácter deportivo se ha perdido y se ha sustituido por el político: ya no se vive el futbol como un espectáculo (panem et circenses), sino como un lugar donde aliviar las frustraciones cotidianas con actos violentos. El futbol representa un ocio, una diversión, tal vez un negocio, “el descansillo de la escalera de la semana” en expresión del poeta Carlos Murciano: por eso, la UEFA, la FIFA y las federaciones nacionales deberían tomar cartas en el asunto para erradicar a estos pseudo aficionados y apartarles de los estadios.

Finalmente, decía el gran Winston Churchill que “los italianos pierden las guerras como si fueran partidos de fútbol y los partidos de fútbol como si fuesen guerras”: a este paso, ¡será difícil diferenciar una guerra de un partido de fútbol!

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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