Toros con perfume de cultura
domingo 17 de octubre de 2010, 20:04h
Pues sí. No me duelen prendas rectificar, fue, será un día histórico, tenían razón los toreros, el miércoles 30 de septiembre de 2010 se puso la primera piedra de un cambio conceptual en la imagen de la Fiesta. No es poco, ya que una imagen vale más que mil palabras.
Tras lo que aparentemente era un encuentro deprimente con la Ministra de Cultura se produjo la entrevista con el de Interior ¡y saltó la noticia! : Los toros pasarán a cultura.
Además de ser importante, no por el ministerio en sí, es más el fuero que el huevo, la primera lectura es que los toros abandonan el ministerio de la policía y delincuentes.
La realidad es que el Ministerio de Cultura no va a recibir más que una de las dos transferencias que todavía le quedaban al estado y residían en interior: El registro de profesionales. La otra competencia, la del análisis de astas, seguirá en manos de Interior ejecutada por el departamento que la policía tiene en Canillas (Madrid).
Así, al menos, lo anunció la titular de Cultura una vez conocida la voluntad de Rubalcaba de transferir los toros.
De ello se deduce que al contrario de lo pronunciado por Sinde día pasados, las herramientas, que no competencias administrativas, tiene Cultura para fomentar y difundir la Fiesta mediante diferentes vías suena brindis al sol.
De lo acontecido en ambas reuniones, la ambigüedad de una y las nítidas conclusiones de otra se coligen varias cosas en clave política: la desigualdad de peso en el PSOE entre la gente de cuotas de sexo y regiones más el plus del artisteo, y los viejos sociatas. Del florero que representa Sinde al bastón de mando de Rubalcaba. Cuestión nada baladí si tenemos en cuenta que la decisión de éste no habrá satisfecho al Caudillo Zapataro, y de ahí poder atisbar la fractura interna que vive el PSOE en la actualidad.
Los guiños de Zapatero a los verdes y más rojos del socialismo más al nacionalismo catalán no son compartidos por los escasos, pero firmes, rescoldos del socialismo clásico que ven a gran parte de su militancia, y mayor todavía en los neutros ciudadanos, políticamente hablando, como cuestionan la prohibición de los toros, detonante de los últimos movimientos. Rubalcaba, viejo y zorro, sabe que el PP estaba ganado la partida, lo mismo que es consciente que lo está haciendo, si no de farol, sí taimado; metiendo pico y citando “fueracacho”.
Es por ello que este Maquiavelo contemporáneo no hace otra cosa que pasar el “marrón” de forma sibilina a las comunidades autónomas donde, igual que ellos habrán de retratarse en debates a la totalidad como el celebrado recientemente en el Senado, las regiones donde gobiernan los populares no pueden estar un minuto más detrás del burladero: principalmente Madrid, Valencia y Murcia que presentan importantes déficits de preocupación por “los toros”, cuando no desidia en implicación y complicidad en fomento, promoción y asunción de competencias en sus organismos de cultura, amén de los abusos en conceptos de arrendamientos. Pecados que no son tan acusados en Andalucía, Castilla La Mancha o Extremadura.
En clave taurina también se pueden subrayar algunas conclusiones: los toros son un espectáculo de élite y su imagen más relevante son las figuras que han demostrado su poder de convicción como iconos.
Que por lo tanto los grandes colectivos de taurinos de corte vertical y romerías organizadas con representantes de perfil bajo, muy bajo, no tienen fuerza representativa a la hora de la alta política.
Si bien, me temo, que las figuras no hayan asimilado la letra pequeña de lo que no es más que un logro y sigan escondiéndose de la opinión pública, hablando tan sólo con su espada y su muleta en los ruedos hurtando al sector el arma más beligerante, y que se ha demostrado ello solo poseen, para la promoción y difusión del espectáculo: estar en los medios en el día a día y presionar a estos, los medios, parar que la información taurina sea cotidiana. Elevar este espectáculo y su desarrollo a la categoría de “general” y no de chusquero marginado.
Muchas son, ahora, las voces de taurinos, sector de prensa y aficionados contra el trasvase, con miedos y recelos; desconfianza en los taurinos. Creyendo que el paso a Cultura va a suponer un melonar sin amo que deteriore aún más un espectáculo muy cuestionado como tal en su calidad.
Se equivocan. Por que el proceso va a ser lento hasta una futura autorregulación a corto plazo. Y en el peor de los casos sean ellos, los taurinos los que con su pan se lo coman y si la Fiesta muere que sea con ellos y por ellos, no con las botas puestas y sí con los calzones a medio muslo. Ya sin trincheras en que guarecerse como culpables de todos sus males y que hasta ahora les ha servido para concederles el beneficio de alguna duda y creerse con impunidad implícita para perpetrar atropellos crónicos harto conocidos.
Comentaba al principio la relevancia del trasvase en el hecho fundamental: salir del Ministerio del palo y la porra.
Pero con esta medida, dos por una, que han conseguido las figuras del toreo ,en vez de bromitas y chanzas por parte de las habituales moscas cojoneras, tendríamos que agradecerles todos que se consuman los anhelos, no solo de los toreros –ser oficialmente artistas- si no de todos los que amamos este espectáculo. A partir de ahora cuando acudamos a una corrida no seremos, en potencia, unos bárbaros, incluso asesinos. Nuestra asistencia a la plaza será comparable como asistir a la ópera o al teatro; un grado mayor que el futbol o el cine por que la misma administración deslinda de forma diáfana cultura de arte, incluso de bella arte.
La medida supone para el sector un casi empezar de cero una vez consumado el largo y espinoso camino de armonizar los diferentes matices de las competencias en las comunidades.
A ellos corresponde levantar un edificio de nueva planta con una reestructuración profunda del sector, un convenio colectivo equilibrado entre gastos e ingresos, unos cuadros dirigentes representativos y competentes simplificados a las cabezas visibles de tan solo los tres gremios actores principales (toreros, ganaderos y empresarios), un plan de difusión y un diseño de promoción del propio espectáculo y de nuevos valores para asegurar, sin traumas, los relevos generacionales o de modas efímeras.
En un futuro a medio plazo serán ellos y solo ellos, los responsables de la viabilidad de “los toros” como espectáculo y como acto cultural de primer nivel. No habrá ya empedrados, políticos, nacionalistas, verdes, etc. A los que echar las culpas.
Ellos serán los responsables de hacer realidad que “el toreo es grandeza” y no “una puñetera mierda”.
Y hace tiempo se percibe cierto hedor a descomposición.
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Crítico taurino y Periodista
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