2010 o el fracaso internacional del Zapaterismo
Álvaro Ballesteros
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cronicasdelmundogmailcom/16/16/22
martes 19 de octubre de 2010, 21:12h
“El único dictador que acepto en este mundo es la voz calmada de mi interior”
Mahatma Gandhi
“No se puede vivir eternamente de las rentas de Irak”
Gaspar Llamazares
Relacionarse estrechamente con varios de los peores regímenes del mundo y vivir de las rentas del “Guerra No” y de la crisis de Irak de 2003, he ahí la esencia completa de lo que ha sido la política exterior del Zapaterismo de 2004 a 2010. Una esperpéntica sucesión de disparates exteriores y de situaciones de ridículo construidos sobre la negación ideológica y superficial de toda la politica exterior previa de los ocho años de gobierno de José María Aznar. Una muy arriesgada construcción de naipes que en 2010 ha terminado por derrumbarse ante el envite de una realidad que jamás tuvo cabida en la cosmovisión de un Zapatero desconocedor del mundo y que nunca entendió que la política exterior se hace para defender los intereses de un país a largo plazo, teniendo que superar por definición visiones partidistas concretas.
Los que nos hemos dedicado a estudiar la acción exterior del Zapaterismo (por darle un nombre al caos de política exterior de los últimos seis años en nuestro país) hemos tenido que acabar aceptando que todo lo hecho desde 2004 responde a un caso de acción política por impulsos superficiales, cuya única conexión era la de denostar a José Maria Aznar y a esa “rancia derecha” española que había “hundido” a España en una época terrible de crecimiento económico, superávit presupuestario y reconocida posición internacional. Y es que, le duela a quien le duela reconocerlo, lo cierto es que a 1 de enero de 2004 España era un punto de referencia internacional, un aliado serio a tener en cuenta en Occidente y en el mundo, y un ejemplo para muchos países por su desarrollo económico y social. A diferencia de ello, a 1 de enero de 2010, España es (muy a pesar del impresionante trabajo de algunos diplomáticos y expertos civiles-militares-policiales en el exterior) un actor de tercer orden, difuminado en diatribas confusas de alianzas y de civilizaciones; un actor desacreditado por el mantenimiento de una red inexplicable de camaraderías con dictadores y tiranos anti-demócratas; y todo un ejemplo de cómo dilapidar una fortuna institucional y social en el tiempo record de un lustro. Todo un logro del funesto Zapaterismo que nadie podrá ocultar en los próximos años, por mucho acto de prestidigitación pública que la Moncloa diseñe de aquí a 2012 (operación Chacón incluida).
El desvarío de la política exterior española desde 2004 ocurrió porque la acción exterior del Zapaterismo fue diseñada exclusivamente buscando titulares llamativos que contradijesen la “oscura era Aznar”, en la que todo era negativo. La nueva etapa Zapatero era, en obvia contraposición, un oasis de paz y de buenas relaciones exteriores, según el PSOE y sus voceros. Así, frente a la crisis de Perejil, sintonía y armonía con el régimen de Mohamed VI. Frente a la presencia de tropas españolas en Irak, la grandeza de la retirada sorpresa no acordada con nadie. Frente a las tensas relaciones con Caracas y La Habana, las innumerables fotos de abrazos con los hermanos Castro y con Hugo Chávez. Frente al debilitamiento de la ONU achacable a Bush y Aznar, la foto de Zapatero abrazado a Ban-Ki Moon tras multiplicar las aportaciones presupuestarias de España a Naciones Unidas. Frente a la falta de sintonía entre España y Francia, las declaraciones de la total fusión (surrealista) de agendas entre Zapatero y Sarkozy. Frente al enfriamiento de relaciones con la dictadura de Guinea Ecuatorial, los abrazos de Moratinos con Obiang. Frente al acorralamiento de los etarras en todos sus santuarios en el mundo, las negociaciones entre representantes del PSOE y los terroristas (bendecidas y reconocidas por el mismo Zapatero). Frente a las constantes tensiones con Gibraltar, de nuevo las fotos de Moratinos abrazándose en lo alto de la Roca con el gibraltareño Peter Caruana y el británico David Miliband. Frente a la España de 2004 señalada por el dedo de Al-Qaeda como uno de los enemigos a batir, la España de 2010 que paga a los terroristas y es presentada mundialmente por Al-Qaeda como “el ejemplo a seguir”. Frente a los repetidos encontronazos de Aznar con los demás lideres europeos en las cumbres de la UE, la sonrisa de Zapatero y la nomina de exitazos que ya conocen ustedes (por cierto, que la web de la Presidencia española de la UE de 2010 aun tiene el valor de decir que “la Presidencia española marcó el rumbo de la UE para salir de la crisis económica”, siendo “una Presidencia eficaz y solvente”).
Pero no vendría mal preguntarse a día de hoy por la cuenta de resultados del Zapaterismo. ¿Son hoy tan buenas las relaciones con Marruecos y con Venezuela? ¿Somos más respetados en el seno de la UE, la OTAN o la ONU? ¿Hay más sintonía en la comunicación con Gibraltar? ¿Somos un actor internacional de mayor peso en el mundo, o tal vez todo lo contrario? Ya lo ven, todo fotos y titulares trucados (que no se corresponden con los de la prensa internacional): esa es la gloriosa cuenta de resultados del Zapaterismo. Abrazos y más abrazos. Buen rollito y mejor cara dura: el “talante” (sin definición concreta) lo podía todo. Y así se han sucedido los años desde 2004, ignorando la realidad y sonriendo ante los más flagrantes desplantes y ataques a España por parte de todos esos tiranos con los que nuestro Premier no ha tenido (ni parece tener) problema en codearse, hasta llegar a un punto en que Zapatero parece vaciar de contenido la pertenencia de España a la misma UE y a la OTAN.
Pero ahora queda claro que hemos llegado al final del recorrido del carrusel loco de la política exterior zapateríl. El 2010 en curso ha asestado un absoluto golpe mortal a la arquitectura cortoplacista y de onanismo ideológico que el mismo Zapatero todavía encarna en materia política. Un Zapatero hacedor de alianzas y de civilizaciones (el mismo que no dudó en prometerle a Eduardo Madina tras el atentado en 2002 lo de “te voy a regalar una Euskadi en paz”), un hombre sin conocimientos del medio exterior, más allá de los regates cortos en el Congreso de los Diputados, escenario de su única “vida laboral”. Y es que según la revolucionaria cosmovisión ultra-armónica del Zapaterismo encumbrada en 2004, las relaciones con Marruecos hace una década eran malas porque Aznar era un político malvado; las relaciones con la Venezuela chavista y la Cuba castrista eran malas porque Aznar era un ogro fascista; las relaciones con el régimen ecuatoguineano eran malas porque Aznar era un racista; las relaciones con Gibraltar eran una pesadilla porque Aznar no tenía talante; la existencia del terrorismo de ETA se explicaba por la falta de voluntad de dialogo de Aznar; la debilitación de la ONU y la invasión de Irak se producían porque Aznar era un fascista que apoyaba a Bush; y así suma y sigue en todo un sin fin de despropósitos en el que el público español se olvidó del mundo y de la realidad, para dejarse acorralar como ganado en los callejones que llevaban a un matadero intelectual del que aun parece que muchos se resisten a salir.
Parece ahora ya, sin embargo, que hay quien se empieza a dar cuenta de que las relaciones de la España gobernada por Aznar con las dictaduras de Obiang y de Castro eran malas precisamente porque eran y siguen siendo dictaduras; las relaciones con Hugo Chávez eran malas porque el golpista venezolano daba un apoyo esencial a las FARC, a ETA y a cualquiera con un agenda ideológicamente disparatada, violenta y anti-Washington; las relaciones con Marruecos eran tensas porque Rabat nunca ha sido un socio plenamente fiable ni ha dejado de acosar nuestros territorios en el norte de África; las relaciones con Francia eran a veces difíciles porque es de necios ignorar que los intereses de Francia y España en el Magreb son en muchos casos inversos; las relaciones con Gibraltar eran tensas porque desde el Peñón se repetían entonces (como se repiten ahora) las agresiones a la soberanía española en las aguas y tierras colindantes; las relaciones con los socios europeos de la UE eran tensas en las Cumbres anuales porque Aznar defendía los intereses españoles con la misma intensidad (o mayor si cabe) que la desplegada por sus homólogos del momento en negociaciones cruciales como ningún líder español había afrontado antes; y así suma y sigue en este momento de gozoso re-encuentro con la realidad histórica y actual.
No hay ya quien pueda seguir ocultando que los últimos seis años han supuesto una absoluta pérdida de oportunidades y tiempo en materia de politica exterior. Zapatero y sus gloriosos ministros han tenido que esperar hasta 2010 para comprender (si es que lo han hecho realmente) que Castro, Chávez, Obiang, Mohamed VI, Gadafi, y varios otros no son compañeros de camino recomendables porque llevan desde 2004 tomándonos el pelo muy seriamente. Ello supone a día de hoy un fracaso internacional tan grotescamente mayúsculo que se convierte ya en otro de los múltiples clavos en la tapadera del ataúd de este inexplicable Zapaterismo que nos ha convertido en una república bananera. 2010 equivale a constatar que cuando se tiene un gobierno de incapaces sin formación específica relevante para el campo concreto en el que se supone que han de gestionar, gobernar y promover reformas, la realidad nos lleva a la situación en la que España se encuentra hoy. Una situación que muchos españoles se han negado a ver desde hace mucho tiempo; me refiero a todos los que hasta hace tres días veían a Zapatero como el líder mejor valorado, en un país como el nuestro en el que los ministros más respetados son el de Interior y la de Defensa, que no se han preocupado ni siquiera de promover las reformas para dotar a los Guardias Civiles ni al personal militar de leyes marco verdaderamente apropiadas para respetar sus derechos más básicos. Menudo progresismo…
Es hora de ponerse a trabajar para variar este rumbo de despropósitos y volver a poner a España en la senda del crecimiento, el desarrollo y la seriedad internacional que un día llegamos a ostentar. Mucho trabajo por hacer, sin duda. Afrontémoslo con ilusión y (más importante aun) con claridad de miras y decisión.
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Experto en Seguridad Internacional y Política Exterior
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