China dura
miércoles 20 de octubre de 2010, 01:52h
El nombramiento de Xi Jinping, actual vicepresidente chino, como vicepresidente de la Comisión Militar Central -el máximo órgano del poder militar en el país-, es la antesala de su ascenso a la secretaría general del Partido Comunista Chino en 2012. Dicho nombramiento tiene un indudable alcance a nivel internacional, máxime si se tienen en cuenta algunas cifras globales de China. Para empezar, Xi Jinping controlará al ejército más grande del mundo, con más de dos millones de efectivos permanentes. Además, tendrá que empezar a involucrarse en el desarrollo del próximo plan quinquenal 2011-2015, por el que se prevé que el PIB chino crezca un 50 por ciento, hasta situarse en algo más de 5.000 billones de euros. Ello situaría al gigante asiático muy por delante de Japón y a escasa distancia de Estados Unidos en lo que a potencial económico se refiere.
De todo ello se deduce que China está llamada a representar un papel predominante en la economía mundial durante los próximos años, más importante aún del que desempeña en la actualidad. A nivel interno, sin embargo, resulta curioso ver cómo los retos del futuro inmediato guardan estrecha relación con lo que serían cuestiones que un régimen comunista debería tener resueltas -supuestamente-, como son la redistribución de la riqueza y la disminución de las desigualdades entre ricos y pobres. Hace tiempo que China adoptó un pragmatismo económico que la ha conducido a unas cotas de poderío económico impensables en la época de Mao. Ello ha sido posible “traicionando” algunos de los dogmas más apuntalados del llamado “socialismo real”, y los resultados a la vista están. Si Xi Jinping pretende que su país siga por la senda de la prosperidad, debe seguir avanzando en la línea de la economía de mercado, que tanta prosperidad le ha aportado. Y debería igualmente afrontar de una vez por todas la apertura democrática demandada por un porcentaje creciente de la población.