Francia: la protesta tiene un límite
domingo 24 de octubre de 2010, 09:34h
La oleada de movilizaciones que llevan a cabo los sindicatos en Francia está dejando profundas cicatrices económicas en el país. No hay una estimación certera del coste que va a suponer para los franceses la cantidad de horas de trabajo perdidas por la acción sindical, aunque se presume sumamente elevado. Sobre el papel, el retraso de la edad de jubilación y la reforma de la ley de pensiones, impopular pero imprescindible. Bien lo saben los sindicatos, que aprovechan el descontento que producen las medidas en cuestión para sumir al país en un caos difícilmente justificable.
Las imágenes vistas estos días no dejan lugar a la duda. Refinerías bloqueadas, carreteras cortadas y destrozos tanto en el mobiliario público como en los comercios de las principales ciudades del país son las razones esgrimidas por unos sindicatos desnortados. El legítimo derecho a emprender movilizaciones y protestar por lo que se estime oportuno no tiene nada que ver con el vandalismo exhibido últimamente en toda Francia. Vandalismo que, dicho sea de paso, ha servido para apuntalar aún más la firmeza de un Gobierno seguro de lo que hace y ahora, además, con un motivo adicional, cual es el de no ceder al chantaje de los alborotadores.
Entre medias, una izquierda cogida en fuera de juego. Por un lado, desdeña las reformas de Sarkozy pese a saber que son absolutamente necesarias. Por otro, celosa del protagonismo de unos sindicatos a los que no se ha atrevido a criticar sus actuaciones violentas. Previsiblemente, la reforma verá la luz este próximo miércoles. Para el recuerdo quedarán los destrozos causados por radicales de izquierda, la firmeza de un Sarkozy que ha sabido mantenerse fiel a sus principios y una postura, la de los socialistas, tan confusa como irresponsable. Y lo peor es que Francia, como cualquier país democrático, necesita una oposición que sea y se comporte como alternativa seria, fuerte y creible.