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El “laudo Alfano”: Fini, ¿el hijo prodigo?

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 24 de octubre de 2010, 14:41h
En los últimos días, el debate político italiano gira entorno al tema de la reedición del llamado “Laudo Alfano”, la ley que impediría procesar a los altos cargos del Estado. El texto, que fue declarado inconstitucional hace apenas un año, presenta algunas modificaciones pero no cambia el contenido: impedir que el primer ministro sea juzgado mientras permanezca en su puesto. Además, la inmunidad judicial se dota de carácter retroactivo, aunque esto parezca anticonstitucional. El documento, aprobado ya en la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, será aplicable previa aprobación de ambas Cámaras parlamentarias. Sin embargo, su iter resulta particularmente accidentado ya que debe pasar así por cuatro lecturas parlamentarias tras lo que, si no es aprobada con una mayoría, de al menos dos tercios, deberá ser sometida a referéndum. Sin embargo, incluso el presidente de la República, Napolitano, lo ha criticado manifestando su “profunda perplejidad” en cuanto “incide sobre el estatus general del presidente de la República, reduciendo su independencia en el ejercicio de sus funciones".

En primer elemento de reflexión es que la discusión sobre el asunto representaba la primera ocasión para “testar” las buenas intenciones de Fini y de su grupo FLI (Futuro e Libertà per l’Italia). Sin embargo el beneplácito a esta enmienda ha confirmado que su lema “legalidad y justicia” es más propagandístico que real: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda” y de momento parece tener razón Sartori cuando afirma que se fía de Fini “menos que de mi gato”. En lugar de mostrar una postura realista y legalista, la nueva formación política ha agachado la cabeza y aceptado esta barbarie y, como si fuera poco, luego ha denegado la petición para procesar a Lunardi, un ex ministro implicado en una red de corrupción y con indiscutibles indicios de culpabilidad. La decisión de seguir apoyado Berlusconi hasta el báratro desorienta a la opinión pública y alarma a los nuevos militantes. ¿De qué legalidad habla Fini? Rechazar el proyecto y autorizar las investigaciones sobre Lunardi representaban actos de responsabilidad y coherencia, de “moralidad legal”. No obstante, la alineación con el partido de Berlusconi parece parte de una estrategia para garantizarse las candidaturas de FLI en las elecciones de 2013 con el apoyo del “sultán”. La nueva formación había generado expectativas, encarnando el deseo de cambio tan difundido en Italia: sin embargo, sus acciones recientes parecen confirmar que se trata de más de lo mismo. ¿Error político o de cálculo? ¿Chantaje bidireccional?

Asimismo, por una vez la oposición parece consciente el proyecto de ley de “monstruo jurídico” que pone en el peligro la democracia y el Estado de derecho. Por eso habrá que oponerse y evitar que la seúdo-reforma propicie una “metamorfosis” del Presidente del Consejo que ya no será “primus inter pares” respecto a los ministros de su Gobierno, sino “super pares” y con los mismos derechos que el Presidente de la República. Ya no basta contar con un bicameralismo perfecto (dos cámaras en posición de igualdad y con las mismas facultades), sino que también habrá un bi-presidencialismo, con dos presidentes (Consejo y República) semejantes.

Mientras tanto, Berlusconi demuestra que sigue con su obsesión: garantizarse la inmunidad judicial. Aunque, más que una obsesión, ahora mismo la inmunidad es para él una necesidad: la protección judicial le sirve para poder continuar mandando en Italia y para evitar ser procesado. Sin embargo, parece que el mismo Berlusconi se está dando cuenta de que ha sido “desenmascarado” y que su intento de aprobar una nueva ley ad personam, una norma en función de sus intereses personales –¡como si fuera la primera vez!- ha sido demasiado descarado. Por eso no extraña que ahora el cavaliere “amenace” con la retirada del proyecto normativo: sería indecoroso (y bastante vergonzoso) obtener la absolución por fraude fiscal y corrupción judicial mediante vía parlamentaria. Sin contar que se vuelve a violar el artículo 3 de la Constitución que establece el principio de igualdad de todos los ciudadanos.

Concluyendo, resulta paradójico e hiriente que, en una entrevista a un periódico alemán, Berlusconi afirme que “la ley no ha sido una iniciativa mía, sino una propuesta de mi partido”. Vamos a ver, ¿no le interesa? No entiendo como los italianos no se cansan de ser tratados como necios, marionetas en sus manos, obligados a creer la fábula de la persecución de Berlusconi por unos magistrados. ¡Qué vergüenza! Nadie se da cuenta de que esto distrae la opinión pública de los fracasos de este Gobierno, inoperante e ineficaz, al mismo tiempo que Berlusconi ya prepara su reelección. ¿Se lo permitirán?

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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