A vueltas con las bondades de Batasuna
martes 26 de octubre de 2010, 02:03h
Siempre ocurre lo mismo. Cada vez que hay elecciones a la vista, la izquierda abertzale pretende hacer creer que algo se mueve en su seno. La intención no es otra que la de lograr la tan ansiada cuota de poder institucional, esa que pone altavoz a sus desafueros, otorga subvenciones y aporta inmunidades. Su última intentona coincide, además, con la etapa en la que ETA posiblemente esté más débil que nunca. Ello es así porque tras la última tregua- trampa -que acabó estallándole al Gobierno en las manos y sirvió para que la banda terrorista tomase aire y se rearmase-, el PSOE tuvo que acabar aceptando la evidencia: al terrorismo se le derrota con la acción de la justicia y el trabajo policial, no dándole esperanzas de conseguir sus fines en una mesa de negociación.
Otegui -calificado en su momento como “hombre de paz” por Zapatero- y el resto de batasunos presos flirtean con un más que dudoso distanciamiento de la violencia no por convencimiento, sino por la presión que supone ver que jueces, fiscales y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado les pisan los talones. No por capricho, sino porque todo Estado de Derecho ha de perseguir a quienes delinquen y ponerlos a disposición de la justicia para que respondan ante ella. Sin más componendas. Y esas componendas son las que se acabaron el día que ETA mostró sus verdaderas intenciones en el atentado de la T-4 en Madrid. Si Batasuna quiere, lo tiene muy fácil; basta con que condene la violencia, pida a ETA que no vuelva a matar ni a extorsionar y ofrezca a las familias de las más de 900 víctimas mortales de la banda terrorista sus condolencias. El resto es perder el tiempo.