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El sentimiento religioso

Javier Zamora Bonilla
martes 18 de marzo de 2008, 17:37h
Las calles han vuelto a llenarse de pasos y de gentes esta Semana Santa. Hay, sin duda, mucho de folclore y de fiesta en el gentío que sigue a las imágenes, pero sería absurdo negar que en muchos de los asistentes a los ritos cuaresmales hay también un profundo sentimiento religioso, gozado o sufrido de mil maneras y expresado de muy diversas formas. Los hombres, incluso los hombres inmersos desde hace más de dos siglos en una cultura científica, siguen necesitando explicaciones totalizadoras de la realidad y argumentos que permitan paliar el dolor por la pérdida de un hijo o de una madre y, en último término, que den aclaración de la finitud de la vida. La ciencia, a pesar de su progreso, no ha conseguido aún dar razón de los múltiples misterios del ser. Es comprensible que ante estos misterios, las personas busquen respuestas, si no razonadas, razonables, tesis que consuelen y palabras esperanzadoras.


En el Juan de Mairena, de don Antonio Machado, y en su poesía, hay muchas muestras brillantes de comprensión de este sentimiento religioso popular, tan alejado de las dogmáticas papales y episcopales. Legislar contra este sentimiento religioso sería una insensatez, pero no es incompatible con una profundización en la laicidad del Estado, que sigue siendo sana en el mundo occidental e imprescindible en otras regiones del orbe. No el “hecho religioso”, como algunos quisieron introducir en las escuelas hace unos años, sino el sentimiento. Esto es lo que hace falta enseñar para de verdad llegar a entendernos en estas sociedades multiculturales: saber cómo cada pueblo ha sentido el misterio de la vida. Los hechos religiosos son adyacentes y menos interesantes para entender al hombre, para entender a ese ser que desde que se tiene noticia de un homo sapiens ha mostrado su inquietud por lo que se escapa a su sabiduría. Esto es lo que debería enseñarse en las escuelas de un Estado aconfesional, junto con una explicación racional de los ritos, y no dogmáticas caducas. Por cierto, que no sería incompatible con una educación para la ciudadanía, tan necesaria en una generación que se presenta en público con su botellón y sus graffiti, pero que a buen seguro trae junto a estas presencias superficiales una profundidad oculta y positiva que se mostrará con el tiempo.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

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