La diplomacia alternativa
Lucía Nieto
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lnietoelimparciales/7/1/7/19
martes 18 de marzo de 2008, 17:43h
Sí, estas formas de diplomacia juegan con ventaja porque por su propio origen y sentido saben perfectamente lo que quieren los pueblos, son cercanas a sus almas, a sus sentimientos, a sus pasiones y emociones. Eso nos han demostrado los “siete cancilleres” de la paz, del concierto en el puente Simón Bolívar, que comunica la frontera de Colombia con Venezuela. Más de 200.000 personas en torno a nuestra esencia, esencia de vallenato, de bolero, de nostalgia, de sentimiento, de rumba, de rock, de merengue, de trópico, de calor, de sentimiento, esencia hispana, también, de emociones y cariño, atravesar el atlántico se agradece, hermandad de sangre.
Cuando la diplomacia formal se agota, surgen otras vías, los pueblos pueden hablar, hay otras opciones que facilitan los encuentros, que permiten mostrar al mundo lo que significa la vida, cada ser humano, sus sueños, sus necesidades, su cotidiano, el pan de su mesa, eso es lo que nos preocupa, en eso se nos van los minutos de cada día, aparte de las FARC que nos agobian y nos ultrajan la opción de vivir, de la libertad y la tranquilidad para todos.
Si nuestros gobernantes son los elegidos para que defiendan nuestros intereses y los intereses estratégicos de los pueblos, no se comprende por que se puede llegar a esos extremos ¿Que interés es más importante que la paz, que la opción de la vida?
Por la adjetivación de las relaciones entre los gobernantes de nuestros países se abandona la necesaria objetivación de la situación y se olvida la comunidad de sangre que nos une. Hay que aconsejar humildemente a los presidentes. Chávez, controle, por favor, su verbo, sus afanes de protagonismo y sus amigos; Uribe, abandone su soberbia, lo que hace desafortunadamente es lo que se necesita, pero es una guerra clara entre el Estado y una fuerza irregular, el pueblo, la gente, debe ser ajena a esa pelea que esperamos sea ganada por las instituciones, que con sangre se han construido, pero no más. Correa, fíjese a quien recibe en su casa, mire bien a quien sienta a su mesa y vigile lo que hacen sus colaboradores.
Una pregunta final: ¿A quién benefician, en últimas, los intereses “estratégicos”?
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Investigadora de la Fundación Ortega y Gasset
Lucía Nieto es investigadora de la Fundación Ortega y Gasset.
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