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Códices de la Capilla Sixtina

Concha D’Olhaberriague
martes 26 de octubre de 2010, 21:20h
En la llamada sala hipóstila de la Biblioteca Nacional de España, recogida y apacible, acaba de inaugurarse una exposición que no debe perderse ningún amante de los libros preciosos que pase por Madrid.

Es una maravilla para los sentidos. Al tiempo que se contemplan los manuscritos litúrgicos miniados, provenientes de colecciones españolas, en una conveniente penumbra ambiental, se deleita el oído con Las lamentaciones de Jeremías del compositor polifonista del Renacimiento Tomás Luis de Victoria.

Las lenguas empleadas son, claro está, el latín y, en menor medida, el griego. La escritura es nítida y de trazo seguro y las ilustraciones ostentan una policromía cálida, tamizada por el curso del tiempo.

La calidad de las piezas, originales todas, es excepcional. También es acertada la cantidad, abarcable de una manera cómoda pese a la colocación en vitrinas protectoras a la altura de una mesa.

La verdad es que, si no tuvieran el cristal separador, la tentación de tocar los materiales de vitela o pergamino y pasar los folios para observar lo que ahora nos está vedado sería, seguramente, irrefrenable.

Es digno de admiración el cuidado puesto al remendar un corte al sesgo de un pliego. Me pregunto si el autor de la costura fue uno de esos miniaturistas que se perpetuaba estampando su firma tras culminar el trabajo o si la cicatriz pespunteada se debe a la mano de un monje copista.

Pertenecían estos misales y devocionarios a las jerarquías eclesiásticas de más alto rango; prelados de la corte papal, cardenales o pontífices fueron quienes los encargaron o recibieron a modo de obsequio.

En algún caso, dado el lujo de la cubierta, el libro se presenta cerrado con el fin de valorizar su bella factura aterciopelada de color granate. Otras veces, aparece abierto por la página más ricamente decorada. Así sucede, por ejemplo, con el Evangelistario benedictino de principios del siglo XI, propiedad de la Biblioteca anfitriona. Vemos la página inicial, ocupada plenamente por una miniatura primorosa de la Anunciación de la Virgen en el piso principal del retablo y las figuras de los cuatro evangelistas repartidas entre los dos siguientes.

Tal disposición difiere de la que presentan los evangeliarios o perícopas, donde cada evangelista aparece en el incipit correspondiente.

Ordenados de acuerdo con una secuencia cronológica, los cuarenta volúmenes van de los siglos XI al XVIII y fueron adquiridos en Roma por el cardenal de origen leonés F. A. de Lorenzana y Buitrón, personaje complejo y multiforme quien fungió, asimismo, de mecenas e inquisidor, pasó por Nueva España, desempeñó allí sus dotes pastorales, practicó la caridad y mandó construir edificios docentes, bibliotecas y hospitales.

El cardenal ilustrado se encontraba en la capital italiana ejerciendo una legación extraordinaria ante la Santa Sede por encomienda de Carlos IV en el año de la ocupación francesa de Roma, 1798. Fue entonces cuando se hizo con este espléndido patrimonio bibliográfico, que envió para su guarda y custodia a Toledo. Otras muchas joyas de similar valía de la Sixtina fueron desmembradas y troceadas siguiendo el procedimiento de devastación y saqueo conocido en tantas acciones bélicas de esta índole.

Algunas piezas se han recompuesto en parte ensamblando los fragmentos buenamente recuperados aquí y allá. Pero no es éste el caso de los ejemplares expuestos, en un excelente estado de conservación.

Hoy, los propietarios de la colección son, además de la Biblioteca organizadora de la exhibición, la de Castilla- La Mancha, ubicada en el Alcázar de Toledo, y la Catedral de esta misma ciudad.
Cabe señalar, por último, que, hasta la fecha, el excelso legado de Lorenzana no se había presentado de forma conjunta.

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