La situación en el Tibet
Eugenio Bregolat
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eugeniobregolatgmailcom/15/15/21
martes 18 de marzo de 2008, 21:49h
La violencia desatada los últimos días confirma que China tiene un problema en el Tibet. No encuentra la fórmula para encajar dentro de la República Popular a una cultura radicalmente distinta a la china y de raíz teocrática. El ascendiente del Dalai Lama sobre la gran mayoría de tibetanos es indudable. El desarrollo económico de las últimas décadas, por mucho que haya mejorado el nivel de vida, es resentido como una forma de diluir la identidad tibetana.
Como era de prever, los tibetanos no han podido dejar pasar una ocasión tan golosa como los próximos Juegos Olímpicos, que ponen a China en el candelero durante todo este año, para recordar al mundo sus agravios. Más allá de las razones y culpas de unos y otros, y sobre el telón de fondo de la extrema complejidad de los movimientos nacionalistas, es indudable que son los tibetanos, de forma premeditada, quienes han utilizado la violencia contra los chinos. El Dalai Lama ha tenido que hacer equilibrios ante la prensa para mantener su doctrina de no violencia sin condenar expresamente a los que la han empleado. Ningún gobierno habría podido permanecer de brazos cruzados. El último estallido de estas dimensiones tuvo lugar en 1989, siendo gobernador del Tibet el actual Presidente, Hu Jintao, a quién no le tembló la mano a la hora de reprimirlo.
El Tibet está en la órbita de China desde el siglo XIII, en que el fundador de la dinastía Yuan, el mongol Kubilai Kan, conquistó ambos. El poder real de Pekín sobre el Tibet y otras partes de China ha oscilado a lo largo de los siglos según la fuerza del emperador de turno. La última dinastía imperial, los Qing, tenían a un representante (el amban) en el Tibet, en ejercicio de su soberanía. Tras el hundimiento del poder imperial, en 1911, el lazo que unía a Pekín con el Tibet se diluyó durante décadas, con los señores de la guerra, la ocupación japonesa y la guerra civil. Resuelta ésta a favor de los comunistas, la República Popular restableció su poder sobre el Tibet y el resto de China. La comunidad internacional, sin fisuras, reconoce la soberanía China sobre el Tibet. El propio Dalai no reclama más que un amplio régimen de autonomía. El Tibet ya es una Región Autónoma y el Gobierno de Pekín no se niega a ampliar la autonomía siempre que el Dalai Lama acepte de forma inequívoca que el Tibet pertenece a la soberanía china. Sin embargo, los diversos intentos de encontrar una solución negociada han fracasado hasta ahora.
Los países occidentales piden a China mesura en el restablecimiento del orden y que reanude las negociaciones con el Dalai Lama para llegar a consensuar un modus vivendi, una amplia autonomía, que haga que los tibetanos se sientan a gusto dentro de China. Se ha pronunciado la UE, igualmente, en contra del boicot de los JJOO. Es una posición sensata. Uno de los mayores retos geopolíticos del siglo será procurar que la emergencia de China como gran potencia se haga de forma pacífica, como la propia China desea. El boicot de los JJOO, que significaría una monumental “pérdida de cara”, no contribuiría a ello.
El proceso de desarrollo económico galopante de China comporta efectos sociales, mentales y políticos de gran trascendencia. Hoy los verdaderos frentes de batalla para un mayor respeto de los derechos humanos y para la consolidación del estado de derecho, conceptos que han sido incluidos en la constitución, son las nuevas clases sociales, los teléfonos móviles, Internet, los cientos de miles de estudiantes en el extranjero, los millones de turistas que van y vienen. Los dirigentes chinos han adoptado una estrategia económica que conduce, cada día que pasa, a un país más rico, más educado, más informado, más abierto, más plural y más próximo a nuestros valores. Los Juegos Olímpicos marcarán una nueva etapa en el proceso de apertura de China al mundo y contribuirán de forma importante al proceso de maduración cívica y política en curso, que un día, es de esperar, hará posible que las negociaciones que hasta ahora no han dado resultado lleguen a buen puerto, de modo que el Tibet consiga un estatuto que le permita sentirse cómodo dentro de China.
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Ex-embajador de España en China y Rusia
Eugenio Bregolat Obiols es embajador de España en el Principado de Andorra.
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