Retirada y descoordinación
Álvaro Ballesteros
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cronicasdelmundogmailcom/16/16/22
martes 02 de noviembre de 2010, 21:16h
“Los malos políticos recurren siempre a insultos y palabras grandilocuentes para intentar ocultar su mala gestión”
Boris Trajkovski (1956-2004)
Presidente de la República de Macedonia (1999-2004)
A pocos españoles les importa, pero el pasado sábado nos despertamos con la funesta noticia de que dos cooperantes afganas habían sido secuestradas en el distrito de Marjah, en el sur de la conflictiva provincia de Helmand, en Afganistán; precisamente la región donde los enfrentamientos militares entre los talibanes y las tropas de la OTAN han sido más intensos en los últimos años. Las dos mujeres afganas desaparecidas se encargaban de coordinar un proyecto a través del cual las mujeres locales de la región podían envasar mermelada y venderla para conseguir ingresos y desarrollar así su propia capacidad de gestión y toma de decisiones. Un paso esencial para reforzar el papel de la mujer en la tradicional y patriarcal sociedad afgana. Pueden imaginarse el impacto del trabajo de estas dos valientes cooperantes afganas en el sur de Helmand: su pequeño proyecto de venta de mermelada era mucho más amenazante para los talibanes y mucho más importante para las mujeres locales que todas las palabras grandilocuentes (y muchas veces vacías de contenido) a las que nuestros políticos occidentales nos tienen acostumbrados con sus farsas mediáticas. No dejo de acordarme de la ya ex-ministra Aído haciéndose fotos por España mostrando tarjetas rojas “contra la violencia de género”, mientras las cifras de casos de violencia machista aumentaban vertiginosamente (¿y cómo es que las “tarjetas rojas” y las fotos no frenan la violencia?, puede que se preguntase la propia Aído, si no fuese ella consciente de que su show circense no era más que otro de los éxitos engaña-bobos de la hueca política zapateríl, tan de moda en España).
El domingo por la mañana nos despertamos con la trágica noticia de que los cadáveres de las dos cooperantes afganas habían sido encontrados en Marjah, completamente acribillados a balazos. Por supuesto, los talibanes ni se dignaron atribuirse el asesinato de las dos valientes afganas, más que nada porque eso les importa un bledo y se ríen del eterno circo occidental de prensa, atribuciones y condenas. Lo que realmente les importa a los talibanes es que esas dos mujeres, que con su trabajo daban una minúscula (pero valiosísima) esperanza de sacudirse el yugo tradicionalista a las afganas de Helmand, ya han sucumbido al crudo poder del Kalashnikov apoyado en la absoluta falta de coordinación de los grandilocuentes políticos occidentales.
Pronto se cumplirá una década desde que la operación de la OTAN se inició en Afganistán. Otra de tantas operaciones que se pierden en casa antes siquiera de que nos despleguemos en el terreno con nuestros efectivos. Y se pierden en casa porque nuestros políticos no tienen ni idea de a qué se enfrentan ni de lo esencial que es que coordinen sus acciones, decisiones y estrategias. Se pierden en casa porque nuestras sociedades (tan vocales y dispuestas a salir de “manis”) no son capaces de asumir que perder la batalla contra los talibanes en Afganistán es una tragedia para toda nuestra civilización. Y los europeos, que seguimos sin aprender ni lo más mínimo tras nuestros fracasos contra el genocidio y el odio étnico (en los Balcanes, en Oriente Medio, en África), seguimos manteniendo en la cúspide de nuestras estructuras a unos políticos provincianos que prefieren seguir dándose “gresca” e insultándose por cualquier tema sin valor antes que dedicarse a fondo a trabajar para solucionar los problemas de los ciudadanos y hacer frente a los desafíos del mundo en el siglo XXI.
Mírense si no en el espejo de la patética política española y me cuentan. Como denunciaba recientemente José Luis González Quirós en su brillante artículo “El mundo al revés”, (publicado en el diario “El Confidencial”), los políticos españoles no hablan de los temas verdaderamente importantes “porque hay que contestar la última bobada de cualquiera de los bufones oficiales del adversario”. “En el fondo, los líderes temen a hablar con claridad, y reservan su escasa elocuencia para insultar al contrario, sin caer en la cuenta de que a quien en verdad menosprecian es al elector que esperaría de ellos algo más que enfrentamientos rituales, una auténtica discusión de ideas, pero eso les parece muy peligroso y prefieren mantenernos a dieta de eslóganes”. Un diagnostico tan milimétricamente acertado como triste en una democracia tan joven (y desgastada) como la nuestra, en la que es cada vez más difícil oír a un político que sepa de lo que habla cuando habla de algo que no sea una nueva descalificación del adversario.
Es por ello que nuestra España se mantiene como un jinete fantasma en la escena internacional, inexistente en cada uno de los debates esenciales de nuestro tiempo, entre los eslóganes de unos políticos sin la formación teórico-práctica adecuada, y con legiones de voceros mediáticos que opinan de todo sin fundamento. Así, como en otros temas tan importantes, España sigue muda en la coyuntura actual del debate sobre la misión y presencia occidental en Afganistán, y seguimos en general con unos líderes mundiales que nos llevan directos al fracaso cuando toman decisiones de tanto calado exclusivamente en base a sus miopes objetivos electorales nacionales. Y el tema de la retirada de Afganistán es quizás el más claro de todos. El Presidente Obama fue el primero en abrir irresponsablemente la brecha al anunciar que las tropas de EE.UU. se retirarían del país asiático en julio de 2011. Algo que sus propios comandantes sobre el terreno inmediatamente criticaron. Y es que poner una fecha a nuestra retirada no hace más que dar alas al enemigo y restar apoyos a los actores locales que desafían el yugo talibán, pues saben que en cuanto nos retiremos, estarán solos ante el Kalashnikov en manos del fanático. Y lo sorprendente es que en lugar de buscar coordinar la posible retirada con todos los aliados en la misión ISAF (si es que nos podemos retirar porque hayamos cumplido ya nuestros objetivos), parece que nuestros políticos han sucumbido de antemano a la trágica realidad del “cada cual a lo suyo”. Así, los holandeses ya anunciaron que iniciaban su retirada en 2010. Los franceses, que harían lo propio en 2011. Los polacos, que se retirarían en 2012. Los británicos, que no iban a ser menos, ya han dicho que estarán fuera para 2015. Y mientras, jordanos, españoles, húngaros, malasios, lituanos, australianos, búlgaros, suecos, turcos, y eslovacos (hasta sumar 55 nacionalidades) miran confusos a sus capitales y al horizonte sin saber qué hay de lo suyo.
Queda en el aire la sensación de que, una vez más, el principal enemigo al que nos enfrentamos en Afganistán (como en cada uno de los desafíos pasados y futuros) no son los propios talibanes, si no la incapacidad de nuestros políticos occidentales para ponerse de acuerdo en una agenda coordinada de acción en cada escenario, caso y operación, y más aun la incapacidad de nuestros políticos para involucrar a nuestras sociedades en la consecución de los objetivos marcados. Durante casi diez años, en Afganistán, cada aliado ha ido a lo suyo y el resultado es el que es. Lo más triste es, que mientras seguimos gastándonos el dinero del contribuyente hablando de retirada, mientras nuestros políticos de tres al cuarto siguen echando mano a los insultos y las palabras grandilocuentes para ocultar su mediocridad, los que hace unos días acribillaron en Marjah a las dos cooperantes que trabajaban para empoderar a las mujeres afganas saben que nos han ganado de nuevo la partida. Los talibanes nos sonríen hoy envalentonados, como antes lo hicieron los genocidas en los Balcanes y en Ruanda, y como puede que lo hagan en el futuro los terroristas de Al-Qaeda, si no cambiamos el modo en que afrontamos los grandes desafíos del momento.
La política (entendida como la toma responsable de decisiones trascendentales y el coraje de llevarlas a cabo frente a la oposición de los que amenazan nuestra civilización y nuestro modo de vida) ha de ser mucho más importante que las campañas mediáticas, la foto de siempre, el eslogan de turno, y la frase vacía de contenido. Tal vez rescatar la política de nuestros pobres y provincianos políticos sea hoy más importante de lo que lo haya podido ser antes en la historia de nuestro país.
Decía recientemente el economista Álvaro Lodares (en una interesante entrevista en el diario El Imparcial) que “es un error dejar la economía en manos de los políticos”. Algo evidente tras observar la gestión del gobierno Zapatero en los últimos años. Lo más terrorífico es que parece igual de errático dejar en manos de los políticos la acción exterior, como la sanidad, la educación, la ordenación territorial y administrativa del Estado, etc. Como escribió Antonio Tabucchi, “la democracia no es un estado de perfección. Ha de ser mejorada, lo que exige que seamos vigilantes constantemente”. Démonos pues una oportunidad para mejorar, exigiendo a nuestros representantes la madurez y seriedad necesaria para afrontar los desafíos internacionales. Que nos expliquen (en el caso de que lo sepan) si se han cumplido ya los objetivos que nos marcamos al desplegarnos en Afganistán hace tanto tiempo. Y si no se han cumplido, ¿por qué hablamos de retirarnos? Y si se han cambiado los objetivos, ¿a qué esperan para contárnoslo? Que nos expliquen que no estamos allí haciendo el canelo, de manera que las muertes de nuestros uniformados no han sido en balde, y que el dinero del contribuyente no ha sido gastado sin más. Lo necesitamos para recuperar la fe en el sistema, y para que España vuelva a tener voz en la escena mundial. Y si nuestros políticos profesionales no saben ni explicárnoslo, pues que les pasen ya el finiquito.
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Experto en Seguridad Internacional y Política Exterior
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cronicasdelmundogmailcom/16/16/22
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