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Shakineh puede salvarse

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 06 de noviembre de 2010, 17:56h
Mientras escribo esta columna, la iraní Shakineh Ashtiani ha sido ejecutada o espera serlo en breve si el Tribunal Supremo iraní confirma la condena. Su vida pende de la presión internacional sobre el régimen de Teherán. Esta mujer, condenada a muerte en un proceso sin garantías, depende ahora de que el mundo reaccione frente al riesgo de su asesinato.

Repitamos una vez más algunas cifras para el espanto. Desde su instauración, la República Islámica de Irán ha consumado 350 ejecuciones al año de media, es decir, casi una ejecución al día. Más de 4.000 homosexuales han sido ejecutados; la mayoría de ellos han sido ahorcados de grúas. La detención, tortura y asesinato de líderes sindicales, opositores y periodistas ha dio creciendo mientras la libertad de expresión es cada vez menor: desde la reelección de Mahmoud Ahmanideyad se han cerrado 29 periódicos, han detenido a más de 130 profesionales de los medios de comunicación y otros 60 se han visto obligados a marcharse. La persecución no es sólo política, sino también religiosa. Que se lo pregunten a los bahais, que han sufrido la muerte de hombres, mujeres y niños.

La República Islámica de Irán, mientras tanto, se ha integrado para los próximos cuatro años en la Comisión sobre la Condición de la Mujer (Comission on the Status of Women). Parece increíble, ¿eh? Mientras tanto, la lapidación sigue contemplándose como castigo y vestir de forma inmodesta es una infracción por parte de la mujer.
Pero ¿es que no se puede hacer nada?
No crean.
El régimen iraní presta mucha atención a lo que el mundo dice. Los ayatollahs temen al descrédito y los propios iraníes son conscientes de que su Gobierno recibe fuertes críticas por eso, los diplomáticos iraníes tratan por todos los medios de hacerse presentes en foros y actos internacionales. Cada vez que alguien recibe a los enviados iraníes contribuye a reforzar un régimen que necesita el aplauso internacional para acallar las voces disidentes dentro del propio país. Por supuesto, utilizan la violencia para silenciar las críticas públicas pero no puede frenar la ola de descontentos que, desde el bazar hasta las Universidades, recorre poco a poco Irán como una mecha encendida.

Por eso, es necesario que el mundo reaccione y pida a los gobiernos democráticos una condena firma del régimen iraní. Las democracias deben exigir el cese inmediato de todas las en Irán.

Shakineh Ashtiani y muchos como ella pueden salvarse.

Depende de nosotros.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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