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La cruzada por el tuteo

José Manuel Cuenca Toribio
lunes 08 de noviembre de 2010, 15:56h
Ha más de un veintenio, cuando la implantación de un nuevo clima político acentuó la vigencia de una costumbre o uso social nacido años antes, en el apogeo de los totalitarismos, el articulista abrigaba el recelo de que su ardida defensa del pronombre de la segunda persona plural le acarrease la siempre pesarosa acusación de reaccionario, sofrenando un tanto su decidida defensa y hasta apología del usted. Hoy puede proseguirla, aumentando incluso el ardor de la argumentación ya que su posible descalificación con tan aterrador adjetivo tendría el seguro de la edad, ya entrada en la senectud o, al uso del día, terciarización -horresco referens- cronológica.

En efecto; lo que hace un quinquenio aparecía como una plaga en visos de una más o menos lenta erradicación, se ofrece hodierno como una pandemia devastadora. El tú reina sin posible contrapunto en el panorama lingüístico de las relaciones personales. Funcionarios de las más diversas escalas administrativas, empleados de toda suerte y condición, agentes sociales, responsables políticos, maestros y educandos, patrones y obreros semejan no conocer su trato cotidiano más pronombre personal que el referido.

En todos, el empleo del usted se descubre invariablemente como un esfuerzo hercúleo o un trágala para su ilimitada adhesión a la causa del igualitarismo, que, bien mirado, ha de comenzar por el uso del más íntimo y afectivo de los pronombres. En los de menor edad su desuso es tal que, en no pocas ocasiones, la sorpresa más extrema se refleja en el semblante de viejos y ancianos al comprobar que su joven interlocutor le interpela con el tú no por descortesía o falta de un mínimo respeto, sino por su desconocimiento del hasta no ha muchos años más difundido pronombre personal. Fenómeno tan generalizado -particularmente en España- ha de responder a fortiori a pulsiones muy hondas de la conciencia de una época. Aprehender dichas causas o aproximarse a ellas, es indagación que exige el marco del ensayo o la monografía. Probablemente por el rázago y el paso tardígrado en el alcance de la igualdad real en las sociedades desarrolladas, éstas adopten un tuteo imperialista y avasallador como enseña irrenunciable de la dificultosa empresa, conformándose con el igualitarismo lingüístico hasta la llegada de los tiempos de la plenitud de la fraternidad.

Pues, efectivamente, para los guías y apóstoles de la cruzada del tú ésta cobra todo su sentido a la luz del anhelo franciscano de la igualdad esencial del género humano, cumplido en la cristalización de una sociedad movida exclusiva o absorbentemente por la igualdad más absoluta. Extremosos siempre, los españoles nos mostra¬mos ardidamente afanosos por quemar etapas en la búsqueda de tan noble utopía, aún no visualizada en el planeta tierra, salvo en películas y en las nuevas novelas de caballería. Desde luego, ello no tiene nada de condenable, al alimentarse de un noble sentimiento de evangélica fraternidad. Pero en tanto no se arriba a las costas del continente igualitario, sería justo y adecuado que el alistamiento en la cruzada del tú fuese voluntario o que, al menos, se otorgará a los partidarios y nostálgicos del usted -gentes, por lo demás, quizá algo maniáticas, pero inofensivas- credenciales de libre circulación para las reservas establecidas al efecto. Se respetaría así el derecho de las minorías y se acrecería el usufructo de un idioma tan rico y crecientemente empobrecido como el español.
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