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Cambios en Cuba ¿realidad o sueño?

lunes 15 de noviembre de 2010, 15:45h
En estos días, si hay una palabra que resalta sobre las demás cuando se habla de Cuba es “cambio”.

La esperanza de un cambio en Cuba no es nueva y menos para los cubanos, que no olvidan, a diferencia de los europeos, la cantidad de veces que han sido victimas de esa esperanza de un cambio.

Por eso en Cuba hoy día existen básicamente dos corrientes.

La soñadora, que se aferran a la muerte de Fidel como única chispa capaz de encender una luz de esperanza en su oscuro futuro.

Y la realista, que opina que ni la caída del Tótem Barbudo puede cambiar nada: “asere, Cuba no sirve, y cuando se muera el tipo viene su hermano, ¡Olvídate! que esto no va a cambiar”.

Por eso, si hay algo en que todos los cubanos coinciden es que ninguna de las maniobras políticas llevadas a cabo en los últimos meses tienen la finalidad de cambiar nada sustancial en Cuba .

La expatriación de cubanos disidentes debida a la presión internacional no es nada nuevo, de echo personajes más mediáticos e importantes ya fueron excarcelados y deportados a otros países a lo largo de los 52 años de dictadura y como vemos la represión en Cuba y la violación de los derechos humanos sigue igual o peor que entonces.

La creación de nuevas licencias para el ejercicio de actividades por cuenta propia. Estos nuevos oficios caducos o irrelevantes ya se ejercían con total libertad por su mínima repercusión económica y lo único que se ha hecho es someterlos a una mayor presión fiscal para tenerlos controlados y evitar que produzcan demasiados beneficios. Es una medida de cara a la galería (Posición Común europea) y mucho menos importante de lo que supuso en su día la legalización de las paladares (restaurantes en casas particulares con un máximo de 12 personas), las cuales han sido perseguidas, presionadas, investigadas, desmanteladas, expropiadas, hasta convertirlas en una mera anécdota sin futuro ni beneficio y de las que solo consiguen sobrevivir aquellas que no cumplen con las asfixiantes obligaciones pagando sobornos a los inspectores.

Un compadre el otro día me escribía “por acá todo como siempre, luchando y tratando de no quedarnos sin trabajo, porque no me gusta ninguno de los oficios ridículos y de mierda que han creado”

Estos oficios a los que hace referencia la prensa como gran apertura económica en Cuba y a los que mi joven amigo no ve ningún futuro son por ejemplo forrador de botones, cuidador de baños públicos, aguador, hojalatero, reparador de paraguas y sombrillas, reparador y llenado de fosforeras (mecheros), reparador de máquinas de coser, arriero, servicio de coche de uso infantil tirado por animales, limpiabotas, parqueador y cuidador de equipos automotores, ciclos y triciclos y así una extensa lista cómicamente alargada.

Esto a los cubanos les parece una broma, una lista de oficios sacada de principios del siglo XX y donde básicamente solo se permite reparar y vender cacharros viejos y usados no parece una medida destinada a reactivar la economía de un país.

Y para terminar están los recientes despidos del Estado cubano destinados a reducir su plantilla de funcionarios en un millón de trabajadores.
Muchos quieren ver donde no hay y lo definen como una intención del gobierno en reducir su intervencionismo económico. Lo describen como un proceso estudiado e inteligente para conseguir un Estado más eficiente, pero nada más lejos de la realidad y sino fíjense en como se está ejecutando. Nuevamente mi amigo me cuenta “Ahora hay que mantenerse ocupado y principalmente buscando pinchas independientes (trabajos por la izquierda) que no sean con el Estado, porque la cosa se esta poniendo de padre y muy señor mío. Ahora están con la onda de despedir casi un millón de trabajadores y la cosa esta revuelta, las broncas en los centros de trabajo han sido campales y la gente se ha negado rotundamente ha formar una comisión para decidir a que compañero voy a botar. Que fuerte compadre, quieren botar a la gente y quieren dejárselo a los mismos trabajadores, pa que se chivateen entre ellos, esto es increíble”

Esta es la realidad de lo que ocurre en Cuba, medidas sin intención de solucionar o cambiar nada sino simplemente dar una imagen de cambio para conseguir que la Comunidad Europea elimine su Posición Común.

Y solo hay que dejar al cojo andar para ver su balanceo. Hace unos días los ministros de Exteriores de los Veintisiete encargaron a la alta representante, Catherine Ashton, que establezca contactos políticos con el régimen de los Castro a fin de explorar posibles formas de avanzar en una relación bilateral.

El acuerdo fue apoyado por un grupo de países que, encabezados por España, lo consideran un reconocimiento a los "cambios" de los últimos meses. El canciller cubano Bruno Rodríguez afirmaba al respecto que “la UE sueña si cree que podrá normalizar las relaciones con Cuba existiendo la llamada Posición Común”.

Pues yo le contestaría al señor Rodríguez que el que realmente intenta seguir soñando es el pueblo cubano, aunque ya no muchos, y que él y sus colegas deberían compartir ese sueño también como un día dijo Martin Luther King. Realmente el gobierno cubano no sueña con un cambio, simplemente intenta eliminar la Posición Común y el Embargo Norteamericano variando lo mínimo posible su régimen.

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