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Zapatero y el Sáhara: ¿Rajoy como estadista?

martes 16 de noviembre de 2010, 21:13h
Si alguien sonríe todo el rato, es que te está intentando vender algo que no funciona”.

George Carlin (1937-2008)

El dúo Zapatero-Moratinos vuelve a hacer de las suyas en política exterior, ahora con el aderezo de la sempiterna sonrisa de la ministra Jiménez. Cada vez que la veo sonriendo me acuerdo de la frase del genial comediante norteamericano George Carlin que abre esta columna; una cita que viene como anillo al dedo para explicar la acción política de estos tres gloriosos representantes del PSOE desde 2004. Zapatero destituyó a Moratinos, pero lo vuelve a rescatar inexplicablemente (tras el momentáneo valle de lágrimas) para volver a dejarlo al frente de la (in)acción exterior española ante los desafíos y los bofetones que nos propina el feudal Marruecos. Mientras, la ministra Jiménez ha certificado con su impresentable respuesta a los insultos oficiales de Rabat a la prensa española y a la salvaje escalada de represión marroquí en El Aiún que el puesto de ministra de Exteriores le viene demasiado grande (casi tanto como a Zapatero el de Primer Ministro).

A los desmanes y despropósitos en política exterior que muchos llevamos ya años denunciando desde que el iluminado de León se hizo con el timón de nuestra maltratada España, la actual escalada de represión marroquí y la consiguiente inoperancia del gobierno Zapatero nos están dejando a todos boquiabiertos (aunque ya hace tiempo que habíamos creído perder la capacidad de sorprendernos por las decisiones de Moncloa). Y es que aunque no lo quieran ver muchos, nuestra imagen mundial está ya por los suelos, con un gobierno inoperante: en silencio o diciendo barbaridades (me refiero a la intervención del ministro Jáuregui en el Congreso apoyando las pretensiones marroquíes de soberanía sobre nuestra antigua colonia) mientras los ciudadanos del Sáhara Occidental son masacrados por el único país del mundo que aun amenaza nuestra integridad territorial. La España sometida al yugo zapateríl ha entrado ya en los anales históricos de la deshonra como un Estado de tercera que pretende desconectarse oficialmente de su herencia histórica y de las implicaciones y responsabilidades inherentes a ella. El PSOE, sometido al dictado autoritario de Zapatero, se olvida también de su tradicional defensa del pueblo Saharaui y de que el Sáhara Occidental fue colonia española hasta hace tres días (históricamente hablando). Más peligrosamente aun (para el propio PSOE), parecen olvidarse en la calle Ferraz de que miles de familias españolas, repartidas por toda la geografía nacional, mantienen aun el honor patrio haciéndose cargo de las responsabilidades y obligaciones para con los saharauis que el “progresista” Zapatero no solo ignora, sino que niega categóricamente. Esto es algo que muchos no perdonan y que (espero) tendrá un peso incuestionable en las urnas, tras haberse mostrado nuestro Premier al público sin la tradicional careta de corderito de Norit con la que pretendía seguir embaucando a tantos de aquí a la eternidad.

El establishment del PSOE (ante la incomprensión de gran parte de las bases del partido, que se sienten tradicionalmente ligadas a la defensa del pueblo Saharaui) ha decidido jugar una estrategia impropia de un país como España (por mucho que llevemos años en caída libre). Una estrategia imperdonable que hace que muchos miremos a Portugal con admiración, tras recordar la firmeza lusa en 1999 a la hora de defender al pueblo timorés ante la atroz campaña de represión indonesia.

La mencionada estrategia de la cúpula zapaterista pasaba por varias fases: la primera, mantener el silencio frente a la anunciada represión marroquí (el que pretenda creerse que Zapatero no sabía de los planes de asalto a El Aiún, es que ha elegido ya irreversiblemente abrazar el SOMA del que hablaba Aldous Huxley). La segunda fase, si el silencio empezaba a molestar a la opinión pública: lanzar al aire lo de que “es la ONU y el Consejo de Seguridad los que tienen que tomar cartas en el asunto”. Como si la ONU estuviese controlada por marcianos o por agentes internacionales sin intereses nacionales propios. No vendría mal que alguien le explicase a la ministra Jiménez que la ONU no es ni más ni menos que un foro en el que los distintos países que componen la Comunidad Internacional se juegan las cartas y defienden sus intereses. Y no digamos ya el Consejo de Seguridad, controlado por EE.UU., Francia, Reino Unido, Rusia y China. Nadie en su sano juicio y con un mínimo de conocimiento de la realidad internacional se imagina a los principales aliados de Marruecos (como son Washington y Paris) permitiendo que el Consejo de Seguridad apruebe ninguna condena contra Rabat a estas alturas. La ministra o nació anteayer o es mucho más maquiavélica de lo que su falsa sonrisa nos deja entrever. La tercera fase, como muestra indiscutible de a dónde hemos llegado ya en nuestro desvarío nacional: defender en el Congreso (la antigua sede de la soberanía popular, antes de que las élites de los partidos políticos se la merendaran) que España no tiene nada que hacer inmiscuyéndose en lo del Sáhara, porque el territorio está bajo soberanía de Marruecos, según el ministro Jáuregui. Como esto no parece calmar a los “malvados” ciudadanos que no toleran una bajada de pantalones de tamaño calibre, nuestro Premier pone en marcha la cuarta fase: enviar al ex-ministro Moratinos (el más dócil siervo por cuenta ajena que Marruecos haya podido tener jamás) para reunirse con el ministro de Exteriores alauí, ese mismo que se dignó dejar a la ministra Jiménez en pleno ridículo en Madrid, insultando a la prensa española con diez cañones por banda. Lo de Moratinos no tenía otra finalidad específica que hacer un nuevo acto a la galería, ya que ni de lejos podía frenar la escalada de violencia en El Aiún. Así pues, el mismísimo Zapatero decidió meter quinta y salir con lo de que España no va a defender al pueblo Saharaui de la represión marroquí porque “la defensa de los intereses nacionales está por encima de otras consideraciones”.

Esta ultima afirmación de Zapatero, pretendiendo presentarse como el gran paladín de la defensa de los intereses nacionales (esos mismos que su gobierno lleva años ignorando y erosionando a un ritmo despiadado), supone el mayor ejercicio de transvestismo político de la historia de España. El corderito de Norit se ha transformado en el canciller Bismarck, pasándose la defensa de los derechos humanos y las obligaciones históricas de España por el forro, sin que se oigan además voces en el PSOE decir ni pío. Menudo legado el de Zapatero y sus aplaudidores para el futuro de la socialdemocracia española. Más aun, y quizás sin imaginárselo, Zapatero ha servido en bandeja a Mariano Rajoy una oportunidad histórica que el gallego no ha querido desaprovechar.

Hay un dicho popular que nos avisa al decir: “ten cuidado con lo que deseas, pues puede que tu deseo se haga realidad”. Recuerdo un reciente artículo de Elena Valenciano, publicado en El País bajo el título de “El ruido de la caverna”, en el que la socialista se permitía insultar repetidamente al PP para llegar a preguntarse, “¿Cuántas generaciones tienen que pasar para que al fin dispongamos de una derecha homologable con la europea?” Pues es precisamente la impresentable falta de acción en defensa del pueblo Saharaui por parte del PSOE y el gobierno liderado por Zapatero, lo que ha propiciado (con su denigración de los derechos humanos) la oportunidad para mostrar claramente que el PP es plenamente homologable con el actual centro-derecha europeo.

He de reconocer que Mariano Rajoy no ha sido nunca santo de mi devoción, (decir lo contrario sería mentirles al más puro estilo zapateríl), y que mi postura de claro apoyo al matrimonio homosexual y al laicismo occidental parecen distanciarme en parte de las ideas del líder del PP. Pero he igualmente de reconocer, como deberían hacer muchos, que la respuesta de Rajoy a la vergonzosa diatriba de Zapatero excusando su inexplicable apoyo al régimen de Mohamed VI en la supuesta defensa de los intereses de España, constituye un antes y un después en la política española.

El pasado sábado en Tarragona, Rajoy respondió a Zapatero con una frase para mí antológica, histórica, de libro. "(Zapatero) dice que se calla porque está defendiendo los intereses de España. En realidad lo que hace es abdicar de sus responsabilidades como presidente del Gobierno. No puede decir que se calla y que no defiende la libertad, la democracia y los derechos humanos, porque esos también son los intereses de España. Para mí, los derechos humanos son intereses de España, y también lo son la libertad, la democracia, las personas y la libertad de expresión y de información".

Parece ser que el principal partido de la oposición y su líder se empiezan a poner las pilas, lo que explica que las autoridades marroquíes se hayan lanzado inmediatamente a atacarlos. Algo interesante y que debería llevarnos algún día a analizar qué es lo que le debe el PSOE de Zapatero y Rubalcaba (especialmente este último) a Mohamed VI para protegerse el uno al otro de semejante modo. Espero, en fin, que el mencionado episodio de brillo dialéctico de Rajoy no sea tan solo un caso de destello fugaz, sino una muestra clara de que estamos ante un PP que empieza a encarar los desafíos de la política nacional con energía y brío. Sin duda nuestro país lo necesita desesperadamente, para enviar al actual PSOE al taller de reparaciones, y para recomponer la maltrecha situación de nuestro país en tantos campos. Por fin una frase que vuelve a regalarnos ilusión en medio de la que está cayendo. Una cita que muestra a Mariano Rajoy, por un momento, como un verdadero estadista.

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