La justicia le hace los deberes a Zapatero en el Sahara
miércoles 17 de noviembre de 2010, 01:31h
Una de las ventajas de vivir en un Estado de Derecho es que, ante un atropello como el del Sahara, si el poder Ejecutivo se lava las manos el Judicial no tiene porqué hacerlo. Así, la admisión de la querella presentada en la Audiencia Nacional por la Liga Española pro Derechos Humanos pone de manifiesto lo mal que lo está haciendo el Gobierno en todo este asunto. Posiblemente, si Moncloa hubiese actuado como es debido en su momento, nada de esto habría sucedido. Pero el clamoroso silencio de Exteriores ante la vejación continua a los medios de comunicación españoles, la sospecha de las atrocidades que allí se están cometiendo y las extrañas circunstancias que rodean a la muerte de un ciudadano español ha sido demasiado.
Ahora, cuando las actuaciones procesales sigan su curso, el Gobierno se verá en la tesitura de tener que colaborar con la justicia en la petición de extradición de tres ministros marroquíes. Con el consabido enojo de Rabat. Si se hubiese hecho lo que tenía que hacerse en su momento, a lo mejor se podía evitar este incidente diplomático. Del cual sólo hay dos culpables: el gobierno marroquí, con su brutal represión en el Sahara, y el español, con su intolerable condescendencia. Además, resulta ridículo el baile de personalidades del PSOE implicados en un vodevil absolutamente esperpéntico: un ex canciller como Moratinos repescado para no se sabe muy bien qué, Rubalcaba de amable palique con el ministro marroquí que no ha cesado un solo instante de insultar a la prensa española, Trinidad Jiménez sin saber a qué atenerse y Marcelino Iglesias procurando explicar algo que no tiene ni pies ni cabeza. Mientras, el señor Zapatero es incapaz de tomar las riendas de un asunto que, como tantos otros, se le ha ido ya de las manos.
Pocos ponen en duda la enorme importancia de los intereses –económicos, estratégicos y políticos, en la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el control de la inmigración- que tiene España en Marruecos. No obstante, la mejor manera de ayudar a que Marruecos transite con éxito hacia un sistema político libre y democrático –que es garantía de estabilidad y convivencia- es perseverar en una política exterior coherente y firme que mantenga nuestros principios y valores.