Inmigración hipercalificada
jueves 20 de marzo de 2008, 02:34h
No es a los fontaneros polacos, carpinteros o estucadores a los que los trabajadores españoles tienen que temer tanto, sino a los cualificados en otros sectores como ingenieros, médicos, enfermeras y contables venidos de Europa Central y del Este. Según un estudio de la OCDE, España es el segundo país cuya inmigración está más sobre cualificada en su trabajo que los nativos. Los trabajadores inmigrantes que menor hipercalificación tienen en sus trabajos son los residentes en Nueva Zelanda
El reciente estudio “A Profile of Immigrants in the 21st Century” no identifica el país de origen de esos inmigrantes sobre cualificados, pero es fácil deducir de dónde vienen; el último informe PISA muestra que el nivel medio de educación en algunos de los antiguos países comunistas es superior al español especialmente en ciencias y formación? No es este el caso para los países de América Latina y el Norte de África.
Por el momento esos inmigrantes sobre cualificados (y a menudo plurilingües) – de los nuevos países de la UE y por lo tanto con un derecho directo a trabajar en España- trabajan principalmente en la construcción, la agricultura y los servicios domésticos, porque, tal y como señala diplomáticamente la OCDE, “por razones materiales y sociológicas, los inmigrantes no tienen problema en aceptar trabajos para los que están excesivamente cualificados. Los aspectos legales y regulatorios (por ejemplo las condiciones para los permisos de trabajo, los acuerdos de la región o el acceso a la ciudadanía) pueden también limitar la elección de trabajo a los nuevos inmigrantes, al menos temporalmente. En este caso, podría esperarse que la hipercalificación de los inmigrantes disminuyera significativamente al prolongarse su estancia”.
Esta gente esta preparada para hacer cualquier cosa una vez llegan al país donde ellos cree que pueden tener una vida mejor. Pero una vez que ellos se han instalado en ellos intentarán buscar, y quizás encontrarán, trabajos para los que están mejor preparados. Y esto podría crear tensiones y resentimiento entre la población local: para Ladislao, un doctor en ingeniería en Hungría, una cosa es trabajar como un bracero en el campo porque ningún español quiere el trabajo, y otra es si él compite con José por un trabajo para el que está mejor cualificado y consigue.
El gobierno está intentando transmitir la idea de que España ha dejado de ser El Dorado para los inmigrantes por la crisis económica, con la esperanza de que este mensaje intimide a los nuevos inmigrantes y quizás refuerce a aquellos que perdieron sus trabajos en el retroceso económico para que vuelvan a su país de origen. Pero no hay garantía de que esto ocurra.
La ironía es que España necesita a esos inmigrantes hipercalificados, pero no en los trabajos que ellos hacen, para que la economía llegue a apoyarse más en la base del conocimiento. Si no, ¿como puede España cambiar una economía basada en el ladrillo y el mortero por una asentada en el conocimiento cuando la proporción de alumnos españoles de quince años que repiten curso por fracaso escolar en colegios públicos no hace más que incrementarse desde 1998, y el 30 % de los estudiantes entre 18 y 24 años no completaron en 2006 la enseñanza secundaria, doblando la cifra media de la Unión Europea?
Con una economía decelerando, particularmente su motor, el sector de la construcción, España ya no necesitará tantos trabajadores sin preparación. Si estos trabajadores vienen de países que no pertenecen a la Unión Europea, será más fácil pararlos – o deportarlos – pero los trabajadores que ya están en España, podrían muy bien decidir buscar trabajos mejores.
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Escritor
WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano
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