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Bacterias que ya no temen a los antibióticos

miércoles 24 de noviembre de 2010, 21:18h
Cuando los temibles “trípodes” asesinos de la película La Guerra de los Mundos empiezan a desmoronarse ante los ojos de los pocos humanos que han conseguido sobrevivir a sus ataques, nadie se explica en un principio la razón de su fallecimiento “por causas naturales”, es decir, con absoluta independencia de las heridas que las pequeñas armas terrícolas les han causado. Pero, en todo caso, su enfermedad y posterior defunción es lo que al final acaba por salvar la Tierra. Los invasores no habían contado con un poderoso enemigo tan pequeño que no se ve: las bacterias. Desde que los monstruos extraterrestres llegaron a nuestra superficie y respiraron nuestro aire, nutriéndose, además, con el zumo bien licuado de la sangre humana, su destino fatal ya estaba marcado.

Y, aunque las teorías que aseguran que nuestro final será también a manos de virus y bacterias aún suenen tan a ciencia ficción como la mítica película, lo cierto es que los antibióticos empiezan a perder batallas que antes jamás se habrían permitido perder. Las superbacterias o, como prefiere llamarlas Dominique Monnet, especialista de los Centros Europeos de Control de Enfermedades, las super superbacterias, son ya tan reales como los nombres de los hasta ahora 77 casos conocidos en 13 países europeos. De ellos, siete fallecidos. Todos con nombre y apellidos, aunque, como ocurre con el que parece único afectado en España, nos sean desconocidos.

La alarma saltó este verano en Gran Bretaña como consecuencia de un estudio publicado en la revista The Lancet que alertaba de la aparición de un tipo de bacteria resistente a los antibióticos. La investigación llevada a cabo descubrió que el gen NDM-1, presente en el plásmido de algunas bacterias, otorga a las mismas inmunidad a todos los antibióticos conocidos menos a dos y, poco a poco, fueron apareciendo más estudios, artículos publicados en diarios médicos o, simplemente, opiniones de expertos que, como Tim Walsh, profesor de la Universidad de Cardiff y descubridor del gen, aseguran que “el potencial del citado gen para insertarse en los plásmidos de las bacterias y expandirse por el mundo entero es aterrador”. Y pánico aparte, lo que estas declaraciones también causaron fue una polémica que a punto estuvo de derivar en serio conflicto diplomático. Porque la denominación del gen, NDM-1, Metalo beta lactamasa Nueva Delhi, apunta claramente a India como el lugar de origen de la dichosa mutación bacteriana.

Y a nadie le gusta quedarse con un sambenito tan puñetero, igual que hace poco ocurrió con la Gripe A que algunos enseguida bautizaron gripe mejicana, con la consiguiente protesta del país americano. De modo que cuando en agosto el equipo de Cardiff responsable del estudio descubrió de que un alto porcentaje de los afectados por la superbacteria tenía como denominador común los hospitales indios y alertó del denominado “turismo médico”, en el país asiático no tardaron en protestar contra sus antiguos colonos, a quienes acusaron de conspiración y propaganda maliciosa con la intención de desacreditarles como destino emergente para el turismo con fines médicos. Y es que son fundamentalmente ciudadanos británicos quienes, por su vinculación con la ex colonia, viajan a India para someterse a intervenciones quirúrgicas en condiciones mucho más económicas que en su país. Pero a qué precio.

En un mundo que ya sólo tiene fronteras, y no siempre eficaces, para delincuentes y terroristas, hace tiempo que hemos visto que las enfermedades son el colmo de la globalización. Las superbacterias hacen mundo como cualquiera que lleve una Visa en el bolsillo y desde que empezaron a temer por su supervivencia por culpa de la penicilina, seguramente no hayan escatimado esfuerzos en aprender de su entorno hostil para empezar a plantar cara de verdad. Lo peor es que las empresas farmacéuticas hace mucho que vieron que los ensayos para descubrir nuevos y más potentes antibióticos son extremadamente caros y, por lo tanto, altamente perjudiciales para la salud de su rentabilidad. Así es que, de momento, las bacterias han movido ficha sin que los humanos podamos aventurarnos con total seguridad fuera de las trincheras y, aunque aún nos suene a cosa de un futuro demasiado lejano como para preocuparnos, no hay peor rival que aquel al que no hemos querido ver acercarse.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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