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Miguel Martín, amigo de tantos años

jueves 25 de noviembre de 2010, 02:12h
Conozco a Miguel Martín, desde que me dio por dedicarme a esto de escribir. Dada mi temprana admiración por los textos de Jardiel Poncela, la casualidad hizo que conociera a Gustavo Pérez Puig, tratara a Miguel Pérez Calderón y simpatizase con Miguel Martín. Tres colosos del humor de los años setenta. Miguel Martín escribía para el diario El Alcazar crónicas desde Londres. Fue sonado el éxito de la retrasmisión de la boda de la reina Isabel. Miguel se adelantó al resto de corresponsales, simplemente porque la vio por relevisión, en lugar de en directo. Más tarde llegó a redactor jefe del periódico. Nos veíamos habitualmente en las tertulias de los cafés: Chicote, el Lión, el Gijón y por las noches saboreando la paella de Riscal. En 1977, gracias a Adolfo Suárez fue nombrado director de televisión española y con él Pérez Puig para hacer 300 millones, donde colaboré. Años antes había escrito mi primera serie en blanco y negro; QUE USTED LO MATE BIEN.

Cuando TVE era como una especie de chiringuito en el Paseo de la Habana. Servidor frecuentaba el local, por culpa de mi primo Miguel Pérez Calderón, íntimo de Miguel Martín. Con él estaban Marrero, de las Casas y Pilar Miró bajo la batuta de Victoriano Fernández Asís. A mi corta edad tratar a un familiar tan querido como Miguel Pérez Calderón fue determinante para decidir lanzarme al mundo de la escritura. Mi primo era un estupendo escritor periodista y abogado. Cultísimo lector infatigable con una espléndida biblioteca heredada. Me enseñó lo que era el “estilo” literario y la escritura comunicativa. Publicó varios libros sobre el estilo literario de la expresión televisiva. Fuimos juntos al teatro y me eligió los textos de humor más importantes de la época. Fue determinante en mis preferencias literarias. Años más tarde con Miguel Martín fundaron la mejor revista de humor después de la Codorniz que se ha inventado en el país; CUADERNOS DE HUMOR. Pero eso, vendrá más después.

La afición de Miguel Martín por el teatro era inmensa. Escribió varias cosas que se estrenaron. Recuerdo una revista que llevaba el título de su posterior serie televisiva LOS LADRONES VAN A LA OFICINA. Su impronta en las tertulias, me servían de lección magistral, la cual apuntaba sin rechistar. Miguel Martín es un tío agudísimo, con la gracia por arrobas para describir el personaje. Veloz en las respuestas y satírico al describir una situación determinada. Como además posee una vasta cultura su presencia es un placer descriptible. Viajero incansable, amante de lo francés busca excusas para perderse en la Costa Azul en busca de la inspiración perdida, para terminar un libro. Un cuento para darse la vida padre, que es lo que ha hecho Miguel desde que lo conozco. Tiene la suerte de no haberse divorciado de una mujer maravillosa, que es Nuria, una formidable médico y que le aguanta no sé si los años… muchos y tan felices. Menciono alguno de los títulos de sus novelas, que tanto me han divertido: IROS TODOS HACER PUÑETAS, EL HOMBRE QUE MATO A JARDIEL PONCELA… fue íntimo del ilustre comediógrafo. La última, que tuve el honor de presentar en El Corte Inglés, trataba sobre la visión de un simio dominado al mundo con su inteligencia. Muy divertida e interesante. Recuerdo la salida de CUADERNOS DE HUMOR, casi al mismo tiempo que mi primo Miguel Pérez Calderón nos abandonaba para siempre. Colaborador con Umbral y con un servidor gozamos de lo lindo con la aventura. El dinero y la distribución fueron culpables de que se acabara la travesía. Pocos negocios se han hecho en este país, con las revistas de humor, así nos va.

Ahora nos vemos poco. Hacemos planes para almorzar y cumplimos de cuando en cuando. La noche acabó para Miguel, la excusa es que Nuria se lo ha prohibido. No sé si como esposa o como médico. La última vez fue hace unos días, cenando en casa de Pérez Puig y Mara con Martín Ferrán, otra fiera de la literatura, esclavo del artículo diario que cada vez le sale mejor…

A todo lo malo, se acostumbra uno. Como igual de bien pero en cambio está más delgado. Por cierto, coincidí con Paco Marsó y me sorprendió el mal aspecto que tenía. Nos citamos para vernos el sábado siguiente. Estas reuniones, con los viejos amigos, deberían estar prohibidas o no prolongarlas en el tiempo, pues corremos el riesgo de que se vayan terminando por falta de público, como las malas comedias. Todo esto, no tiene otro sentido, que recordar sin nostalgia, algo del tiempo pasado, donde nos consumíamos de impaciencia, nos reíamos de casa todo, mientras pensábamos en llegar a lo más alto.

Mi recuerdo para este tipo genial, mi primo Miguel Pérez Calderón, que estará impaciente, por corregir el estilo de estas torpas líneas.

Juan José Alonso Millán

Comediógrafo

JUAN JOSÉ ALONSO MILLÁN es comediógrafo

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