El ex presidente del Gobierno y presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales FAES, José María Aznar, ha presentado miércoles, 24 de noviembre, en Madrid, el libro Ecologismo sensato en España. Una política para conservar y mejorar el medio ambiente (1996-2004), escrito por la doctora en bióloga Verónica Lipperheide.
DISCURSO ÍNTEGRO DE JOSÉ MARÍA AZNAR“En mi opinión, este libro que hoy presentamos expone de forma rigurosa, completa y sencilla la política de medio ambiente del Gobierno que tuve el honor de presidir entre 1996 y 2004.
Ecologismo sensato en España va a permitir conocer mejor las políticas medioambientales del Gobierno de España en aquellas dos legislaturas.
Verónica Lipperheide conoce esa política de primera mano. Fue mi asesora sobre política de medio ambiente en el Gabinete de la Presidencia del Gobierno en aquella etapa.
La editorial Gota a Gota ha publicado ya cuatro libros relativos a las políticas desarrolladas por el gobierno que tuve el honor de presidir.
La política social fue expuesta en España entre dos siglos, de Amando de Miguel.
La política exterior fue relatada en la obra España, en primer plano, de Alejandro Muñoz-Alonso.
La política económica fue objeto de análisis en el libro titulado España, claves de prosperidad, coordinado por Luis de Guindos.
La política de seguridad y antiterrorista fue expuesta en la obra que lleva por título España, camino de libertad, escrita por Ignacio Cosidó y Oscar Elía.
Y hoy presentamos este libro porque en su día consideré importante que la política medioambiental formara parte de la colección que la editorial Gota a Gota dedica a las principales políticas del Gobierno de España del periodo 1996-2004. Y lo consideré así porque di gran importancia a esta política en mi acción de gobierno, y creo sinceramente que esa decisión fue un acierto.
Por entonces, España progresaba en una dirección muy distinta a la actual.
España hacía primero los deberes para ingresar en el euro, superaba más tarde con nota el examen de acceso y, posteriormente, se convertía en alumno aventajado de la Europa del euro.
España crecía año tras año por encima del 3%, eliminaba su desequilibrio en las cuentas públicas, reducía su deuda pública, se equiparaba en confianza económica con Alemania, se convertía en uno de los países del mundo que más inversión extranjera recibía, y se convertía también en el segundo inversor del mundo en Iberoamérica. Y creaba empleo, mucho empleo.
Más de 5 millones de nuevos puestos de trabajo.
Quiero decirles hoy que estoy de acuerdo con quienes desde el Gobierno reclaman patriotismo. Porque efectivamente la situación de España hoy reclama patriotismo. En lo que no estoy en absoluto de acuerdo es en que esos mismos dirijan esa apelación al patriotismo sólo a los demás, como si ellos estuvieran exonerados de cumplir ese mismo deber.
· Patriotismo es el compromiso con la nación, con España y los españoles.
· Patriotismo es el compromiso con la continuidad histórica de la nación española. Es mantener el espíritu de reconciliación expresado en nuestra Transición democrática y es también no excluir a los que simplemente piensan de modo diferente.
· Patriotismo no es silencio ante los errores, que han sido muchos y muy graves.
· Patriotismo es cultivar lo que nos une y no exacerbar lo que nos separa.
· Patriotismo es saber que la diversidad nos distingue pero no nos enfrenta.
· Patriotismo es confianza en los esfuerzos que los españoles estamos dispuestos a hacer si se nos piden con sinceridad y con ejemplaridad.
· Patriotismo es tener muy presente que los españoles hemos sabido responder con éxito a los muchos retos que se nos han planteado: la
consolidación de la democracia, la incorporación a Europa, la derrota del terrorismo, la modernización de nuestra economía, la entrada en el euro: es decir, cuando se nos han propuesto objetivos comunes, ambiciones compartidas por difíciles que fueran o por exigentes que resultaran.
· Patriotismo es reconocer errores y rectificarlos.
· Patriotismo es no hacer pasar esos errores por mentiras piadosas.
· Patriotismo no es el refugio para ocultar los daños que están causando al país.
El patriotismo, como cualquier virtud cívica, sólo se puede invocar si se está dispuesto a ejercerlo. De la misma manera que la confianza no hay que pedirla, hay que merecerla.
Si hace dos años se ocultó la realidad, ahora la realidad es inocultable. Los españoles merecemos tener gobernantes que nos hablen con claridad. Y que nos digan lo que podemos esperar de nuestro país, y lo que nuestro país necesita de nosotros. Los españoles merecemos tener la oportunidad de pronunciarnos, antes de que sea demasiado tarde, sobre el rumbo que queremos seguir y sobre quienes deben liderarlo.
España debe recuperar su rumbo. Es inasumible el horizonte de otro año y medio que no hará más que prolongar el final agónico de un ciclo político agotado a un coste muy alto para todos.
En estos momentos críticos para España, de tanto crédito dilapidado, de tanta confianza perdida, de millones de familias angustiadas, de casi 5 millones de parados y de destrucción brutal de empresas, es imprescindible recordar que los españoles, guiados por buenas políticas, fuimos capaces de alcanzar grandes logros.
Yo creo firmemente que los españoles somos capaces de superar la situación. De generar confianza dentro y fuera de España, de crear empleo, de promover oportunidades. Creo firmemente que hay empresas capaces, profesionales capaces, trabajadores capaces de recuperar el buen rumbo de prosperidad para España. Creo firmemente que España puede volver a ser tierra de oportunidades para todos.
Los españoles estamos esperando una apelación incluyente y sincera para poner en marcha un nuevo proyecto de prosperidad para España. Un nuevo proyecto de reforma, de revitalización de España, que apele al esfuerzo de todos, a la responsabilidad de todos, y que tenga una sólida expresión política en términos de proyectos, políticas y decisiones.
Hoy es tiempo de patriotismo. Es decir, es tiempo de hablar de esfuerzo, de unidad, de integración, de coraje, de responsabilidad, de trabajar duro y de pensar en el interés de los españoles, especialmente de aquellos que más lo necesitan.
Verónica Lipperheide les ha contado muy bien la política medioambiental que desarrollaron los Gobiernos del Partido Popular. Yo quiero decirles que mi convicción acerca de la importancia de la conservación y mejora del medio ambiente sigue siendo profunda.
Como presidente de Castilla y León, hace ya unos pocos años, uno de los cambios en profundidad que apliqué en las políticas públicas fue justamente en este terreno. Las iniciativas medioambientales formaron parte fundamental de mi acción de gobierno autonómica.
Desde 1989, cuando asumí la presidencia del Partido Popular, nuestro programa electoral ha contado con un ambicioso capítulo de propuestas sobre medio ambiente en todas las elecciones generales, autonómicas y municipales. Un compromiso electoral que nace del convencimiento de que la conservación del medio ambiente no puede ser bandera exclusiva de nadie. Es tarea de todos. Todos los españoles deberíamos ser “ecologistas sensatos”.
El Partido Popular se nutrió de las ideas y propuestas de la Fundación que publica este libro. De FAES salieron las principales iniciativas medioambientales que más tarde se pondrían en marcha desde el Gobierno.
Decenas de expertos, académicos y profesionales del medio ambiente, reunidos por nuestra Fundación, contribuyeron con su saber a definir y desarrollar un amplio abanico de políticas medioambientales, desde la protección de la biodiversidad hasta el tratamiento de los residuos.
Todos ellos aportaron nuevos y sólidos principios doctrinales a la política medioambiental española, y a todos ellos deseo expresar mi gratitud y reconocimiento.
En aquellos años FAES instituyó, en colaboración con otros centros de ideas de vanguardia en el plano mundial, el Instituto de Ecología y Mercado para reflexionar sobre enfoques novedosos en las políticas medioambientales.
Porque el ecologismo sensato y la racionalidad del mercado no son ideas excluyentes. Aunque algunos lo pretendan, la ecología no puede ser sinónimo de intervencionismo público prohibicionista.
En 1996, en España no había un ministerio de Medio Ambiente. Hoy tampoco lo hay.
Pero lo hubo entre 1996 y 2004, y ese ministerio de Medio Ambiente tuvo competencias reales y un amplio presupuesto, porque asumió toda la responsabilidad en las infraestructuras de impacto medioambiental.
La creación del ministerio fue algo más que un símbolo, pero también quería serlo: un símbolo y un mensaje necesario para expresar la importancia de la política medioambiental como política mayor y no menor, de carácter horizontal, destinada a conciliarse con el resto de políticas generales y sectoriales.
Quiero recordar cuatro cosas fundamentales que hicimos en materia medioambiental.
· España firmó en 1999 el protocolo de Kyoto. Lo firmó y lo ratificó. Y hasta ahora Kyoto es el único acuerdo global vinculante para la reducción de gases de efecto invernadero. Asumimos para España ese compromiso internacional.
· En coherencia con Kyoto, impulsamos decididamente una política energética menos intensiva en la emisión gases de efecto invernadero con dos decisiones fundamentales:
- sentar las bases del desarrollo de la industria española de energías renovables, por entonces inexistente en nuestro país,
- y prolongar la vida útil de las centrales nucleares de España, porque no emiten CO2 ni otros gases de efecto invernadero.
· Como resultado de estas políticas, la industria de energías renovables, y en particular de la energía eólica, se desarrolló intensamente al punto de situar a España en la vanguardia tecnológica y económica mundial.
· Aprobamos, con un gran consenso social y técnico, el Plan Hidrológico Nacional para intentar dar una solución razonable y duradera al grave problema de la falta de agua en España. Conseguimos de la Unión Europea la financiación necesaria para acometer un proyecto extremadamente ambicioso y de alcance verdaderamente nacional que iba mucho más allá de la política de trasvases.
Ahora la situación es muy distinta.
· La política medioambiental ha quedado escondida, ha perdido presencia política y relevancia social. No hay ministerio de Medio Ambiente porque no hay política que merezca tal nombre.
· Los acuerdos de Kyoto han quedado como otro papel incumplido más sin efecto práctico alguno.
· Las energías renovables han pasado de ser una apuesta tecnológica de vanguardia a un lastre presupuestario.
· Y el Plan Hidrológico fue anulado sin alternativa. El dinero conseguido en Europa fue despreciado y las obras previstas para dar solución al grave problema del agua en España siguen pendientes.
El balance, por tanto, no puede ser más claro. España ha retrocedido también en política ambiental. Porque hacer política ambiental no es sólo hablar de medio ambiente sino poner los medios, crear los equipos y ejecutar las políticas necesarias para proteger nuestro patrimonio natural.
Nosotros decidimos pasar de las palabras a los hechos y de los proyectos a su ejecución. Lamentablemente, también en esto, hemos vuelto de los hechos a la palabrería hueca.
También tuvimos que afrontar catástrofes medioambientales, algunas naturales y otras generadas por la acción humana, como los vertidos tóxicos.
Se trató de catástrofes como las que han tenido que afrontar gobiernos de tantos países. Reaccionamos ante todas estas adversidades con rapidez y eficacia aunque aquí vimos cómo se hizo de ellas un uso político injustificable. Esto lo cuenta con detalle el libro de Verónica Lipperheide.
Tuvimos aciertos y, cómo no, cometimos errores. Pero mi impresión es que el balance es, en su conjunto, positivo. Confío en que coincidan en ello conmigo si tienen la gentileza de leer Ecologismo sensato en España”.