El conflicto del Sáhara y la solución que ofreció Abraham Serfaty
sábado 27 de noviembre de 2010, 12:32h
No se ha reparado lo suficiente en el interés -mucho más que arqueológico- que despierta la solución propuesta por Serfaty, en su momento, al conflicto del Sahara occidental.
Me parecería un insulto al lector de esta columna recordarle la serie de hitos que han ido marcando la crisis de noviembre (2010) en las relaciones hispano-marroquíes; provocada, aquélla, por la actuación repentina y drástica de las fuerzas de seguridad y de algunos soldados marroquíes en el acto de demolición del campamento de Gdeim Iziki, en las cercanías de El Aaiún.
El desacierto del nuevo gabinete de gobierno de España al respecto, ha sido palmario durante estos veinte días transcurridos desde que activistas saharauis y oriundos marroquíes de El Aaiún colidieron en las calles de esta antigua capital del Sahara occidental bajo administración española durante más de veinte años (1955-1975).
El ángulo de observación -y aspiración supuestamente lícita del Majzen- reposa en la convicción de que el Sahara occidental es territorio (es más, “provincia del sur”) perteneciente al reino alauí; y en calidad de tal, ha de pensarse en insertarlo debidamente en la geometría administrativa de Marruecos, supuestamente necesitada de una revisión a fondo que tendría por punto de arranque la plasmación del estatuto de autonomía para el territorio sahariano en liza.
Puesto que el Frente Polisario de la República Árabe Saharaui y Democrática (RASD) plantó cara a Rabat, cuando España aceptó la operación que consagró el Acuerdo de Madrid con Marruecos y Mauritania el 14 de noviembre de 1975, a efectos de incorporar el Sahara occidental dentro de esos Estados magrebíes, el conflicto devino a partir de entonces un contencioso enconado donde lo haya. Los gobiernos de España, a partir de 1976, fomentaron verbalmente la simpatía de millones de españoles por la causa saharaui, mientras que Argelia no dejó de amparar, y manipular, al Frente Polisario, que canalizaba la reivindicación de un proceso de autodeterminación que obtuvo la bendición onusina.
La República francesa, por su parte, decidió vetar en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas cualquier moción condenatoria o que alterara el “statu quo” en el noroeste de África. Es decir, desde los conservadores De Gaulle-Pompidou, pasando por los socialistas Miterrand-Rocard, la República se constituyó de esta manera en potencia europea legitimadora de la política anexionista del Sahara occidental fijada por el Majzen en Marruecos a partir de 1975-76.
Así que, de aquellos polvos, lector, han salido estos lodazales que traen embarrancado al Gobierno de España, y en parte nada desdeñable, a los que le precedieron en La Moncloa. hora bien, el lúcido político que fue Abraham Serfaty, propuso en su momento una salida al conflicto desencadenado en el noroeste de África. ¿En qué consistió aquella salida?. Veamos.
Serfaty en persona se lo contó al autor de estas cuartillas, y así figura en las páginas 364-365 de “Diálogos ribereños. Conversaciones con miembros de la élite marroquí”, mencionado en la entrega inmediatamente anterior a EL IMPARCIAL.
Serfaty fue del criterio de establecer una PAZ NEGOCIADA entre Marruecos y el Frente Polisario de la RASD. Coadyuvarían a ella, no sólo Naciones Unidas (a través de MINURSO a partir de 1991), sino que Madrid, París y Argel seguirían con atención el proceso de negociación y arrimarían el hombro al proceso negociador.
Puesto que jugarse a una partida de póquer el asunto de marras podría generar resultados indeseables para las dos partes en litigio, Serfaty añadía siempre que la salida mínima de la ronda negociadora habría de partir de la concesión, por parte de Rabat, de un amplio y generoso estatuto de autonomía para el Sahara occidental, propuesta que se inscribiría en la línea del discurso que pronunció el joven monarca Mohamed VI el 6 de noviembre de 1999. La concesión de esta autonomía generosa del reino alauí a la población saharaui del Sahara occidental sería observada de cerca por avalistas internacionales, y aplicada por autoridades civiles y militares marroquíes de probidad manifiesta.
Una vez iniciado y culminado el rodaje de la fórmula de la concordia entre las partes, Serfaty preveía la construcción de una confederación regional (voluntaria) entre varias provincias del sur de Marruecos y otros aledaños sahariano-sudaneses. El rey de Marruecos bien podría ser presidente electo de esa confederación regional, llamada a que prevalezca la concordia de visiones e intereses regionales por cima de los enfrentamientos armados, la guerra mediática o la hostilidad de alta o media frecuencia -según las circunstancias-. Para Serfaty la única salida que se compadece adecuadamente con el “leit-motiv” de su idea conductora fue la de que en el asunto sahariano, el ideal consiste en que no haya vencedores ni vencidos.
El papel de París-Madrid en la construcción de este arquitrabado elemental, pero alentador, no utópico, sino audaz e imaginativo, sería de un valor incalculable para obtener el predominio de una concordia vigilada en la Zona. Concordia extensiva a territorios y aguas jurisdiccionales tanto argelo-mauritano-marroquíes, en el noroeste de África, como franco-hispano-portugueses, en el seno de la cuenca del Mediterráneo occidental y del litoral atlántico que afecta a Canarias y a las costas del delicuescente territorio que se extiende al sur de los ríos Sus y Dráa.
Si algún día esta fórmula, u otra, de similar amplitud de miras, se abriera camino, podría afirmarse que la imaginación constructiva logra, en ocasiones, ganarle el pulso al embrollo que vicia con frecuencia el arte de depurar las relaciones internacionales.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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