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seguridad

Wikileaks 'dispara' a la línea de flotación de la diplomacia norteamericana

domingo 28 de noviembre de 2010, 19:50h
Tras semanas anunciando la filtración de documentos sensibles para la diplomacia norteamericana, finalmente han sido cinco diarios de distintos países los que han publicado en exclusiva la información filtrada por la organización Wikileaks.
Los documentos filtrados este domingo por la web Wikileaks revelan que Estados Unidos recurrió a distintas presiones e incentivos para intentar cerrar la cárcel de Guantánamo como el pedir a Eslovenia aceptar a un prisionero a cambio de una reunión con el presidente estadounidense, Barack Obama. Así lo revela en su página web el diario The New York Times, uno de los medios que ha tenido acceso a los cerca de 250.000 documentos diplomáticos estadounidenses que filtró Wikileaks.

Según la información, los diplomáticos estadounidenses recibieron órdenes de alcanzar acuerdos para lograr la clausura de la prisión militar. Los cables diplomáticos difundidos por Wikileaks revelan, por ejemplo, que el archipiélago de Kiribati, un país insular ubicado en la zona central oeste del océano Pacífico, recibió incentivos valorados en millones de dólares a cambio de acoger en su territorio a un grupo de detenidos en Guantánamo.

Al mismo tiempo los diplomáticos estadounidenses sugirieron a Bélgica que el aceptar prisioneros de Guantánamo era una vía barata para que el país lograra "prominencia" en Europa. Obama prometió a su llegada a la Casa Blanca en enero de 2009 que cerraría el penal habilitado en la base naval de Guantánamo un año después de su llegada al poder, una promesa que no ha logrado cumplir. En la actualidad permanecen encarcelados en el centro unos 170 presuntos terroristas.

Espías-embajadores
Los 250.000 documentos filtrados hoy por la web Wikileaks revelan que el Gobierno de Estados Unidos dio instrucciones a sus diplomáticos para que espiasen a políticos extranjeros y altos funcionarios de la ONU, entre ellos el secretario general de ese organismo, Ban Ki-moon.

El Departamento de Estado, bajo el mandato de Hillary Clinton, pidió a su personal en el extranjero que recopilara información como las tarjetas de crédito, horarios de trabajo y en algunos casos hasta datos biométricos de candidatos latinoamericanos.

Según la información publicada, EE.UU. quería tener casi una ficha policial de las actividades que desarrollaban algunos políticos y altos funcionarios. Especialmente llamativo es el caso de los aspirantes a la presidencia de Paraguay en las elecciones de abril de 2008. Según explica El País, un despacho nombra a la entonces ministra de Educación, Blanca Ovelar, al ex vicepresidente Luis Alberto Castiglioni, al ex general Lino Oviedo y a Fernando Lugo, actual presidente.

En el despacho el Departamento de Estado pide que de los cuatro aspirantes se recaben datos biométricos, huellas dactilares, fotografías, escáneres del iris, DNA "y otras singularidades". El Departamento de Estado pide además a sus diplomáticos que recaben información sobre la corrupción oficial, el lavado de dinero, las relaciones de Paraguay con Cuba, Venezuela, China, Taiwán y Rusia, y la existencia de yacimientos de hidrocarburos en la región del Chaco paraguayo.

También pide datos sobre el narcotráfico y la construcción de mezquitas en el país latinoamericano, limítrofe con Argentina, Brasil y Bolivia.

El espionaje que se pide a los empleados de las embajadas y misiones abarca desde las gestiones y apariencia física de los diplomáticos iraníes y norcoreanos en Nueva York hasta los planes e intenciones del secretario general de la ONU, el surcoreano Ban Ki-moon.

Uno de los aspectos que llama más la atención es el espionaje a que se somete a Ban, algo que según establece la normativa de la Organización de Naciones Unidas (ONU) es ilegal, tal y como explica The Guardian.

De Ban Ki-moon se solicita información biométrica detallada, al igual que de otros altos representantes de la organización, de los que se pide detalles sobre la toma de decisiones en torno a los grandes asuntos que tienen sobre la mesa.

Washington, en general, pidió a sus diplomáticos que consiguiesen información como los números de las tarjetas de crédito, direcciones de correo, teléfonos y faxes de todos estos funcionarios.
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