El PSOE y su ventilador anticrisis
miércoles 01 de diciembre de 2010, 02:10h
La campaña de comunicación del Gobierno está en plena actividad. Tan es así que ayer cuatro de sus miembros salieron a la palestra para reclamar su cuota de protagonismo. Por un lado Valeriano Gómez, flamante ministro de Trabajo y persona con experiencia y una carrera exitosa fuera de la política, dejaba patente su intención de llevar a cabo cuantas reformas sean necesarias. Sin embargo, es dudoso que su jefe esté por la labor de hacer nada que no sea seguir produciendo titulares más o menos llamativos. Y es en ésta última faceta en la que se fajaron tres de los ministros con mayor peso del gabinete: Elena Salgado, Ramón Jáuregui y José Blanco. Los tres coincidían en que la situación de España no es tan mala como todos la pintan y que la culpa de la desconfianza que provoca la situación económica la tiene el PP con sus declaraciones alarmistas.
Un problema recurrente y no menor de este gobierno es el empeño de que lo único que cuenta en este mundo es la imagen virtual: ¡Cómo si los mercados financieros tuvieran mejor cosa que hacer que guiarse por lo que dice o deja de decir el Partido Popular!. El problema es que, de un tiempo a esta parte, al señor Zapatero le ha girado una visita la realidad que siempre ha querido ignorar y a esa visita nuestro Presidente estaba poco acostumbrado. Pero el caso es que la confianza se genera con datos y si dichos datos son malos, pasa lo que pasa. Cada vez cuesta más colocar deuda pública española, y el único culpable de ello es José Luis Rodríguez Zapatero y su calamitosa política económica. Se habla mucho, y se hace muy poco. Eso sí, desde Ferraz se ha lanzado la consigna de apuntar todos los focos hacia el PP, encendiendo en ventilador de las descalificaciones contra el partido de Mariano Rajoy. Bien haría el Gobierno en hacer los deberes en materia de gasto público y reformas estructurales de una vez por todas y dejarse de perder en tiempo criticando a quien ni gobierna ni tiene la responsabilidad de hacerlo. El hecho es que hay una realidad que golpea cada día con más virulencia en la puerta de la Moncloa, sin que nadie de dentro parezca darse por enterado.