Raphael y el tamborilero
jueves 02 de diciembre de 2010, 21:20h
Incuestionable Raphael. Raphael con ph que, con Camilo José Cela, aprendió la lección de que lo importante es resistir. Y si la resistencia se organiza con talento, cualidades y valentía. Miel sobre hojuelas que se suele decir.
Hoy Raphael, tantas veces y tan injustamente cuestionado, es incuestionable. Se ha convertido desde hace muchos años en la figura cumbre de la música, del cantar y el cante españoles en el universo mundo. Cosa lograda, en otros géneros musicales, por Monserrat Caballé. Teresa Berganza, Alfredo Kraus, Plácido Domingo, pero Raphael es otro cantar. Y abrió, con su cante que a veces se hermana con el “cante jondo”, ya patrimonio de la humanidad, que abrió puertas que parecían inalcanzables para un cantante que no tuviese el marchamo y el respaldo de la lengua inglesa.
No le hizo falta emplear para universalizarse en inglés como a Sinatra o a Tom Jones o Bing Crosby, no necesitaron de traducir sus canciones para llegar a todos sus seguidores, de todas las nacionalidades y sin que precisen de pasaporte alguno para seguirles y admirarles.
Llegan las fiesta navideñas y con ellas Raphael se sentirá de nuevo “el pequeño tamborilero” que ya es tan suya como lo fue de Sinatra.
Ya está preparando y luego grabando un especial de Navidades y las carteleras de la musical Gran Vía exhiben su nombre. Todos sus recitales, en los que pone voz, corazón y alma, tendrán espectacular respuesta en la taquilla. Como siempre quiere sorprender y sorprende, ahora no hará con sus canciones clásica y el tango. Que ni veinte, ni medio siglos, “son nada”. Por que parea la voz y la gran interpretación de Raphael es capaz de dominar y domeñar todos los géneros y registros. Y, además, es un extraordinario actor. Sin duda el artista español más parodiado y más imitado. Inútil empeño porque él ,como Benavente, puede repetir la frase lapidaria de bienaventurados nuestros imitadores porque de ellos serán nuestros defectos”.
Dicen, y el este caso aciertan, que detrás de un gran hombre encontraremos siempre una gran mujer. Y Rafael Martos tiene a su lado a Natalia Figueroa, número uno como articulista y escritora, que en su tiempo se reveló como gran actriz con el estreno de “Los milagros no tienen apellido”, cuya autoría compartí con el ya desaparecido Domingo Tomás Navarro. En esa misma sesión se estrenó una comedia de otro gran literato, el Marqués de Santo Floro que en tiempos en los que todo escandalizaba, dio la campanada de convertirse en actor de cine.
También él tenía a su lado a una gran mujer, Maruja, mi admirada y querida amiga que ya pasó, muy lúcida por cierto, el rubicón de los cien años de edad.
Luis Miguel Dominguín levantó el índice en la plaza “Monumental” madrileña para proclamarse el “número uno, título que en verdad merecía. Raphael, bendito Raphael, demuestra su supremacía desde el mismo momento en el que aparece sobre un escenario. No precisa reafirmar con gestos ni palabras el número que ocupa en el difícil escalafón de grandiosos artistas porque sigue siendo el rey.