www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

El proteico peronismo

lunes 06 de diciembre de 2010, 18:47h
La reciente Cumbre Iberoamericana ha cerrado ayer sin mayores glorias, pero permitió observar algunos fenómenos interesantes.

Desde un punto de vista general, la institución se encuentra de capa caída, habida cuenta de las dificultades económicas de España y de la guerra civil ideológica que divide a América latina, especialmente en Sudamérica.

En efecto, desde las iniciativas ibéricas de los Noventa hasta hace poco, la Cumbre funcionaba como un nexo privilegiado entre los países latinos de América y la Unión Europea a través de la dinámica mediación de Madrid, ahora fuertemente disminuida. Y la región se encuentra profundamente dividida entre gobiernos procapitalistas, democráticos y progresistas como los de Brasil, Uruguay, Perú o Chile, y el bolivarianismo chavista, sedicentemente castrista y socialista, con un discurso propio del más rancio antimperialismo de treinta años atrás.

A esta cumbre faltaron, precisamente, los presidentes de esa línea, Hugo Chávez, Evo Morales y Daniel Ortega, previamente advertidos que la propuesta de condenar a los Estados Unidos por el asunto de WikiLeaks, que levantaría su socio de Ecuador, el presidente Rafael Correa, resultaría descartada por el conjunto. Rodríguez Zapatero, por las razones que fueren, tampoco acudió.

Para los argentinos, se verificó un giro de importancia: quien encabezó la negativa a la condena a Washington fue precisamente la anfitriona, Cristina Kirchner. Imposible no comparar con la Cumbre de las Américas, en noviembre de 2005, en que su hoy extinto marido, entonces Presidente, zamarreó en público a sus colegas norteamericano y mejicano, mientras funcionarios del gobierno y seguidores del oficialismo organizaron, a pocas cuadras del lugar, una Contracumbre en que Hugo Chávez dejó pálido a cualquier otro discurso antinorteamericano de que se tenga memoria. Bush se fue, hizo escala en Brasilia y firmó importantes acuerdos con Lula da Silva.

Ese giro de la señora de Kirchner aparece enlazado con otras medidas internas que abandonan la rigidez y el dogmatismo anteriores al fallecimiento de su esposo, para presentar un perfil más conciliador y dialogante. Hizo las paces con el anatematizado FMI, negocia el pago al Club de París, anunció liberación de precios políticamente congelados, trascendieron planes para luchar contra la galopante inflación (25% para este año) así como un mayor compromiso en el combate al lavado de dinero, abiertamente denunciado por los organismos internacionales. Y los tribunales de Justicia avanzan, como no lo hacían antes, sobre funcionarios y gremialistas adictos, en megacausas sobre corrupción.

Lo cierto es que, mientras vivía Kirchner, la política en general y el peronismo en particular se dividían entre quienes lo seguían y quienes lo enfrentaban. Ahora, no bastará con denostar a Néstor, porque Néstor ya no está, y los opositores tendrán que recaudar votos con propuestas superadores. Y lo propio vale para el oficialismo: si la señora de Kirchner planea hacerse reelegir y/o apoyar a un candidato de su sector, necesitará algo más que el recuerdo de su marido y el proceso de beatificación laica que su más extremos seguidores han puesto en marcha. En eso parece estar, con buenos resultados iniciales, pero faltan once meses para las elecciones, y eso es mucho tiempo en Argentina.

Lo que aparece en juego es una nueva recomposición del siempre proteico peronismo, y la muerte de Néstor Kirchner ha convocado a todos los sectores, incluyendo al propio, a barajar y dar de nuevo.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios