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La frase que nos costó el Mundial de 2018

Álvaro Ballesteros
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cronicasdelmundogmailcom/16/16/22
martes 07 de diciembre de 2010, 19:45h
Un buen amigo me recomendó la semana pasada, tras leer mi columna titulada “Lisboa en el paralelo 38”, que no usase el término “inepto” para referirme a nuestro Primer Ministro, D. José Luis Rodríguez Zapatero. Me decía mi amigo, un servidor estatal al que respeto y admiro, que (palabras textuales) los “calificativos es mejor aparcarlos, y de esta guisa además, son tan solo utilizados precisamente por los que carecen de argumentos y cualificación para decir lo mismo de una manera más elegante. Sin faltar por favor, que diría el castizo”. Así pues, hoy tomo nota del comentario de mi buen amigo y me aplicaré el cuento, para dejar que sean los argumentos los que expongan el color de la realidad que supone estar gobernados por quien nos gobierna. Mediré con cuidado los calificativos y espero poder transmitirles, “sin faltar”, que necesitamos un cambio serio a la hora de decidir quién nos gobierna y representa, en este mundo globalizado en el que la ideología es ya un instrumento que solo sirve para tomarle el pelo a los que se lo quieren dejar tomar.

Ahora, en el mundo del siglo XXI, los líderes (para serlo realmente) deben saber de qué hablan, a quién se dirigen y qué tipo de estrategia hay que usar para alcanzar los objetivos fijados previamente. En nuestro caso específico nacional, como españoles, hemos además de explicar a nuestra ciudadanía que tenemos que cambiar el chip. Hay que empezar a ser menos locales, a mirar hacia fuera, a recuperar la noción de que existe todo un mundo ahí afuera, más allá del día a día de nuestras ciudades, nuestros limitados políticos y el futbol. Si no, seguiremos pagando el precio de ser gobernados por personas que no están a la altura del puesto que ocupan, porque no entienden los desafíos a los que España se enfrenta. No es pues casualidad que nuestro país siga bajando puestos en los rankings internacionales de peso especifico. Les cuento por qué, usando el ejemplo de la candidatura al Mundial de futbol de 2018.

Como ustedes ya saben, España y Portugal decidieron presentar un proyecto conjunto a la FIFA para aspirar a organizar el Mundial de 2018; ese que finalmente se le otorgó la semana pasada a la Federación Rusa. Representantes políticos, económicos e institucionales de los distintos países que competían por el Mundial se plantaron en la sede de la FIFA en Suiza para apoyar sus candidaturas nacionales. En el caso hispano-luso, los Primeros Ministros Zapatero y Sócrates llegaron al frente de sus equipos de asesores y (al igual que los representantes de las demás candidaturas) tuvieron la oportunidad de dirigirse a los presentes, que no eran otros que los delegados de la FIFA que debían decidir posteriormente a qué país otorgar la organización del Mundial de 2018.

Supongo que lo verían ustedes por televisión, cuando nuestro Premier se subió al estrado en Ginebra y con su habitual baile de manos se permitió decir a los delegados de la FIFA que España y Portugal “tienen la capacidad, por infraestructuras y por las condiciones de ambos países, de poder organizar el Mundial de futbol el mes que viene” . Y ahí, damas y caballeros, es donde lo perdimos todo. Ahí es donde se evaporaron nuestras posibilidades y esperanzas, donde desaparecieron los millones de Euros y los puestos de trabajo. Ahí es donde volvimos ser traicionados por nosotros mismos, por nuestra irresponsabilidad nacional al elegir y mantener en el gobierno de la Nación a alguien sin la menor capacidad para entender la importancia de cada frase y de cada movimiento en las citas internacionales de importancia. Les aseguro no estar exagerando; permítanme que me explique.

Nuestro optimista Zapatero piensa aun que vive en un mundo paralelo de felicidad y bien absoluto, donde fuera de España todos son buenos buenísimos. Un mundo donde las ganas de portugueses y españoles de organizar la bonita fiesta deportiva de amor y unidad fraternal que es el Mundial iban a conmover a los delegados de la FIFA; lo que nos iba a dar el Mundial de 2018. Pensaba quizás Zapatero que se estaba dirigiendo con su discurso a un grupo de inocentes niños, de esos que veían “La Bola de Cristal” y “Barrio Sésamo”. Pero no, damas y caballeros, los delegados de la FIFA no son nada de eso, ni mucho menos. España (y ahora también Portugal) se puso en manos de Zapatero, que volvió a estrellarnos inmisericordemente.

Y es que verán: los Mundiales de futbol, como las Olimpiadas y todos los demás eventos actuales de masas a nivel internacional son ante todo un gran negocio. Un negocio que mueve miles de millones de Euros, levantando infraestructuras, construyendo puertos, aeropuertos, carreteras y estadios. Cambiando la cara de los países y ciudades que hacen de anfitriones de estos eventos. En suma, un negocio que hace que miles de empresas (pequeñas, medianas, nacionales, internacionales, multinacionales) se pongan las botas, hagan pasta a tutiplén, den trabajo a miles y justifiquen para los principales inversores el hacer frente al desafío logístico y humano que supone organizar unos Mundiales de futbol en el siglo XXI, con los innumerables riesgos que además conllevan para la propia seguridad nacional del país organizador.

A modo de ejemplo, les diré que para organizar los pasados Mundiales de futbol de Alemania 2006, millones y millones de Euros fueron invertidos en colosales trabajos de varios años para reconstruir o renovar todos los estadios alemanes en los que se iban a jugar los partidos del Mundial. Inversores estatales y privados desembolsaron la ingente cantidad de 1.400 millones de Euros para afrontar los trabajos necesarios para que Alemania (el motor de Europa) estuviese preparada en apenas cinco años para albergar el Mundial de 2006. Ya se imaginan ustedes: 1.400 millones de Euros dan trabajo a un montón de gente, y dan negocio y beneficio a multitud de empresas.

En Sudáfrica 2010, donde por fin una selección española se proclamó campeona del mundo, la situación fue similar a la de Alemania 2006. A pesar del espectro de la crisis económica, los sudafricanos construyeron cinco nuevos estadios y renovaron por completo otros cinco ya existentes. Se mejoraron las infraestructuras de transportes que unían a las ciudades sede y se reconstruyeron cientos de kilómetros de autopistas y carreteras. Un trabajo de varios años, en el que cerca de 1.000 millones de Euros fueron invertidos, dando trabajo a miles de personas y ofreciendo una jugosa oportunidad de negocio a multitud de empresas de todo el mundo que participaron de diversas maneras en la preparación del primer Mundial celebrado en África.

El próximo Mundial de futbol tendrá lugar en 2014 en Brasil. De nuevo, en un esfuerzo titánico de varios años, miles de trabajadores brasileños y de todo el mundo ya están levantando toda una nueva red de estadios y renovando algunos de los ya existentes. Se prevé además que se construirá toda una nueva red de trenes de alta velocidad, y miles de kilómetros de autopistas. Empresas de Francia, Corea del Sur, Japón y Alemania, en consorcio con empresas de ingeniería brasileñas se harán cargo de desarrollar toda la tecnología necesaria para que Brasil 2014 sea un absoluto éxito. Se construirán y renovarán hasta diez aeropuertos, decenas de hoteles, hospitales, y múltiples otras infraestructuras. En general, las estimaciones hablan de un nivel de inversión y negocio que ronda los 13.000 millones de Euros. Da vértigo, ¿verdad?

Y en 2018, la elección de Rusia para albergar el Mundial de ese año, supondrá una inversión inmensa de aquí a los próximos ocho años. Se construirán carreteras, autopistas, estadios, aeropuertos, hoteles, infraestructuras de todo tipo. Tanto es así, que desde que se anunció la semana pasada en Suiza que Rusia se hacía cargo del Mundial de 2018, las principales empresas metalúrgicas del país (Severstal, Evraz y Mechel) han visto sus acciones en bolsa dispararse como nunca antes. Las actuales estimaciones de inversión y negocio en Rusia de aquí a 2018 para preparar la organización del Mundial ascienden a 90.000 millones de Euros. Como lo leen.

¿Lo entienden ahora? ¿Lo cogen ya? Euros, miles de millones, puestos de trabajo, inversión, desarrollo, beneficios, negocio, negocio, negocio.

Y ahora rebobinen, que volvemos a la imagen de un provinciano Zapatero subiéndose al estrado en Ginebra, todo feliz, representando a portugueses y españoles, y diciéndole al mundo que nuestras infraestructuras ya están hechas, que el negocio ya nos lo hemos comido nosotros, y que vengan de turistas, que les podemos organizar el Mundial el mes que viene. Ahí lo llevan, damas y caballeros. ¿A que no hay color? ¿Entienden ya por qué les decía que la frase de Zapatero nos había costado el Mundial de 2018? Bye-bye (o mejor dicho, dasvidania) a la inversión, al beneficio para muchos, a los miles de millones de Euros, a los puestos de trabajo, al salir de la crisis, al soñar con levantar cabeza.

Despertemos de una vez. No sigamos buscando la razón de nuestra paupérrima situación en los ataques del mercado, la insolidaridad de los alemanes, la injusticia del capitalismo, o la tragedia del calentamiento global. Nuestra crisis es nuestra. De una Nación que ha perdido por completo el norte. De un país que no entiende que no puede seguir bajo el “liderazgo” de alguien que no está en absoluto capacitado para desempeñar el puesto que desempeña. Menos mal que, al menos, la Jefatura del Estado está en manos de Su Majestad el Rey, porque me da mareo solo de imaginar que fuésemos una república: con Zapatero como Presidente de la misma y Pajín, Blanco o Jiménez como Presidente del Gobierno. Zapatero daña todo lo que toca, y no ha habido irónicamente en mucho tiempo en nuestro país mayor reivindicación del valor de la Monarquía constitucional que la propia gestión de este Premier.

España necesita desesperadamente que Zapatero sea sustituido en su cargo, y que alguien con la mínima capacidad para entender la situación en la que nos hallamos coja las riendas para intentar sacar a España de este fracaso político tan profundo. Y que no se engañe nadie, que esto no lo arregla un simple cambio de siglas. El que venga detrás de Zapatero, o trae consigo un equipo de gestores de peso con experiencia probada en todos y cada uno de los campos ministeriales relevantes (sin excepción), o España se nos va definitivamente al garete. No es cuestión de talante. Ahí lo llevan. Y sin faltar.

Álvaro Ballesteros

Experto en Seguridad Internacional y Política Exterior

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