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Socialdemocracia, lo esencial y lo transitorio

Fernando Zamora Castellanos
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fzamoraabogadosorcr/7/7/16/19
jueves 09 de diciembre de 2010, 13:29h
La socialdemocracia surge en el Siglo XIX como respuesta a un esquema capitalista industrial sin contenido social que arrastraba a las masas obreras a la pobreza. Cuando nace la socialdemocracia, el socialismo utópico ya había sido descartado, no así el marxismo. Sin embargo, sobre la base de importantes obras marxistas, entre otras, El Capital, los trabajadores buscaban nuevas herramientas conceptuales que les permitieran instrumentalizar la lucha por sus legítimas demandas.

El debate político en la Europa de entonces se blandía entre dos visiones antagónicas. Por una parte, el capitalismo intentaba sostenerse asiéndose de un liberalismo duro y sin concesiones. Por la otra, estaba la propuesta que hacía el marxismo a Europa. El problema consistía en que la primera de las posibilidades ya tenía sumido en la división social a varios países del continente, y la segunda alternativa, -la que Marx y Engels ofrecían al mundo-, el materialismo dialéctico e histórico, desde la tesis de la lucha de clases, proclamaba que “sus objetivos solo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente.” Sumado a ese método de lucha, su mensaje claro estaba impreso por Marx y Engels en su Manifiesto Comunista, proclamado en diciembre de 1847: “los comunistas podemos resumir la teoría en esta fórmula única: la abolición de la propiedad privada.”

Este era el antagónico escenario ante el que se encontraban Bernstein y los padres fundadores de la socialdemocracia que desde sus orígenes se le denominó también “revisionistas”, pues sus bases doctrinales representaron una revisión profunda de lo que se conocía como “socialismo científico” o marxista. Nadie ha puesto en tela de duda que para elaborar la construcción doctrinal alternativa al marxismo, las tesis de la socialdemocracia o revisionismo, debieron abrevar de diversas fuentes como lo fue la revolución francesa o lo fue el marxismo. Este último para entonces era dominante entre los activistas de la clase trabajadora. Las graves discrepancias revisionistas fueron formuladas dentro del escenario de la Primera Internacional, y ya para la Segunda, la consolidación del revisionismo como una alternativa al marxismo fue inobjetable.

Lo primero que hacen los socialdemócratas con Bernstein a la cabeza es contradecir el determinismo marxista. Sustentado en un fundamento kantiano, confrontan el reduccionismo dialéctico de la lucha de clases levantando la bandera de la evolución orgánica gradual, a partir de la voluntad humana sustentada en los ideales de la ética social. Tal y como Bernstein afirmó, no sobre la dialéctica Hegeliana, sino más bien sustentado en las bases que echara Kant, el sabio de Königsberg. Y desde ese siglo, los reformistas primigenios niegan la calificación de “científico”, que se atribuía al socialismo. Sostenían que el marxismo, como cualquier doctrina, podía echar mano de la ciencia, pero no podía concebirse ciencia en sí misma.

Como inspirador primario de la socialdemocracia Bernstein reconoce el papel esencial de la evolución de la estructura económica en el desenvolvimiento de los fenómenos históricos, pero lo rechaza como factor absoluto. Reconoce que en esos fenómenos también influyen la incidencia de otros factores de orden intelectual y moral.

Si tuviésemos que resumir la crítica fundamental de las tesis socialdemócratas originarias, podemos enumerar en primer término que representaron A) un rechazo a la definición dogmática marxista de la división de clases entendida limitadamente como lucha entre ellas. B) En el rechazo a la concepción marxista del elemento económico como factor determinante absoluto. C) En el rechazo a la concepción reduccionista que funda una teoría económico social limitada a la noción de la plusvalía directamente resultante del valor-trabajo. D) Así mismo, en relación a las posibilidades de acceso a la propiedad, Bernstein afirmó sin ambages: “donde el Estado opere menos eficientemente que la industria privada, sería contra la socialdemocracia dar preferencia al Estado sobre la empresa privada”. E) Rechazo de la violencia y la concepción de la dictadura proletaria sustituyéndola por el proceso de cambio gradual y pacífico, a través de los instrumentos que ofrecen las instituciones democráticas, uno de los cuales era el sufragio libre. La socialdemocracia entendió que el esfuerzo político coordinado por la vía pacífica de las instituciones democráticas podía permitir a las mayorías trabajadoras el acceso al poder que permitiesen la consecución de sus demandas. F) El estímulo de la educación y sus motivaciones éticas sobre la base del compromiso social fue otra diferencia conceptual grave con la concepción marxista de la educación, que la concebía como un elemento que debía subordinarse a los intereses de clase. En esto la socialdemocracia se distanció de los utópicos que la hacían depender exclusivamente del altruismo. Como vemos pues, fue un abismo conceptual lo que separó a la socialdemocracia del marxismo. No cabe duda que la socialdemocracia nace como alternativa al marxismo. Esta aclaración histórica la hago a raíz de los comentarios que he recibido de mi último artículo sobre la socialdemocracia en la que me critican por afirmar que la socialdemocracia naciera como alternativa al marxismo.

El intelectual costarricense Enrique Benavides acertaba cuando recordaba que el problema del dogmatismo es epistemológico. Solo se tienen un ángulo de observación. Como no hay visión en color, la falta de matices reduce los enfoques a estériles esquemas librescos. La defensa de los conceptos anteriores, que la socialdemocracia defendió, se sustentan en los valores permanentes sobre los que ella misma se asentó: libertad, igualdad y solidaridad, y en la convicción de que los instrumentos para alcanzar los ideales que estos valores inspiran, no son estáticos ni invariables. Por ello, tal y como señalé en mis anteriores artículos publicados en el Imparcial, “Socialdemocracia y Fuerzas Morales” e “Ideario Socialdemócrata del Siglo XXI”, es indispensable separar lo esencial de lo transitorio, más que añorar con paralizar nuestro reloj ideológico, es la hora de insistir en las nuevas formas de alcanzar los objetivos de siempre. [email protected]

Fernando Zamora Castellanos

Abogado

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