Vargas Llosa: un Nobel de Literatura de nuestra circunstancia
Juan José Laborda
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viernes 10 de diciembre de 2010, 15:33h
El Nobel de Literatura concedido a Mario Vargas Llosa ha sido, para mí, motivo de alegría por diversos motivos. El primero, sobre todo, porque las novelas que he leído de él me encantaron. Según pasan los años consumo menos ese género literario. No llego a tanto como mi padre que prefería leer enciclopedias, pues la literatura de creación le parecía toda ella ficción. A mí me atrae la narrativa de Vargas Llosa por las emociones que sabe crear, y por la forma que modula nuestro idioma para contárnoslas.
Bien es verdad que me interesan más las novelas que escribe a partir de “La guerra del fin del mundo”, una novela que se basa en una terrible represión de campesinos por parte del ejército brasileño. Los principales personajes son invenciones de la prodigiosa imaginación del autor, pero parecen tan reales como otros que fueron, realmente, personajes históricos. Vargas Llosa levanta un monumento literario con la suma de técnicas que son propias de los oficios de periodista y de historiador, para sublimarlas con su potencia como escritor. En concreto, “La guerra del fin del mundo” es un relato del mejor periodismo decimonónico de guerra -el originariamente impulsado por Joseph Pulitzer (1847-1911)-, y también, de la superior narración histórica, por ejemplo, “Los rebeldes primitivos”, un trabajo de investigación del venerable profesor británico Eric J. Hobsbawn, cuyos tipos reales coinciden en sus rasgos esenciales con los personajes de ficción de la novela de Vargas Llosa.
El segundo motivo creo que puedo definirlo por la simpatía que me genera la autenticidad del pensamiento de Vargas Llosa. Cuando escribió “Conversación en La Catedral”, el autor tenía una ideología izquierdista, y aunque en aquellos años sus novelas no eran históricas, sus personajes expresaban con la misma sinceridad comprometida sus anhelos y sus desengaños, igual que como los manifestarán esas personalidades que aparecen en sus novelas recientes. De hecho, cuando al principio de “Conversación en La Catedral”, uno de los protagonistas pregunta “¿En qué momento se jodió el Perú?”, esa frase se ha convertido en la interrogación clásica sobre lo que sucedió en Iberoamérica a partir de 1960, década en la que Vargas Llosa publicó aquella novela.
Leí con interés y con provecho su colección de memorias personales y artículos de opinión, titulados “Contra viento y marea” y “El pez en el agua”. En el discurso que leyó, emocionado, en Estocolmo, plasmó algunas de las ideas de aquella época. Vargas Llosa tiene una edad que obliga a cualquier hombre honesto e inteligente a adaptar sus premisas intelectuales. He leído, y oído decir, que Vargas Llosa es un conservador, o un hombre de derechas, por sus preferencias políticas. Yo no sé a quién vota en España, porque puede hacerlo al tener la doble nacionalidad. Pero lo que sí creo es que sus novelas, y sus análisis, referidos a Perú, Brasil, República Dominicana, el Congo, Palestina, etcétera, o sus opiniones sobre las causas de las injusticias económicas, el fanatismo político y religioso, la opresión de las mujeres en diferentes sociedades, en fin, sus preferencias estéticas y morales, estoy seguro que consiguen que sus lectores sean más solidarios con sus semejantes, y que aprecien la libertad como una conquista que no debe perderse jamás.
Yo he tenido la suerte de estar con él discutiendo de política internacional no hace tanto tiempo, en una sesión convocada por los grupos parlamentarios socialistas. Desde luego fue cuando estuvimos en la oposición al gobierno de Aznar. Hago esta precisión, porque se ha destilado alguna opinión desdeñosa por la supuesta cercanía de Vargas Llosa al antiguo presidente conservador. En su discurso en Estocolmo ha dado gracias a España, que la siente como su otra patria. Ha citado a Carmen Balcells, su editora, y a Carlos Barral (que fue senador socialista), su llorado amigo, como ejemplos del impulso español para su universalización como escritor. ¡Eso sucedía con Francia en los tiempos que Picasso vivía exiliado de España! Hoy Vargas Llosa es académico de la Lengua. Y las ideas que defendía y defendíamos en la dictadura, se reconocían en las palabras y en el compromiso intelectual del reciente Premio Nobel.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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