Lui Xiaobo, un Nobel merecido
sábado 11 de diciembre de 2010, 01:25h
Oslo y Estocolmo eran escenario ayer de la ceremonia de entrega de los premios Nobel. Pero mientras que el la capital sueca los galardonados literatura, economía y medicina entre otros acudían a recoger el premio rodeados de sus seres queridos, el ayuntamiento de la capital noruega era escenario de una triste ceremonia, escenificada con una silla vacía. Dicha silla era la del Nobel de la paz de este año, el disidente chino Liu Xiaobo, ausente de la entra de premios por estar detenido en su país. La fuerza de China se ha dejado notar con el boicot que ha intentado llevar a cabo, y que han acabado secundando 19 países, unos por presiones comerciales y otros -casos de Rusia, Venezuela, Cuba o Marruecos- por convicción y para poner las propias barbas a remojar. En todo caso, la reacción autoritaria del Gobierno chino no hace sino refrendar las aseveraciones contenidas en el discurso de Vargas Llosa: el atentado contra la libertad de uno es una amenaza contra la libertad de todos.
Pero lo que no han logrado las autoridades chinas ha sido acallar la voz de un “criminal” cuyo único delito ha sido el de pedir reformas democráticas en la dictadura más grande del planeta. Porque, por más que haya una transformación decisiva hacia la economía de mercado, China sigue padeciendo un régimen totalitario donde el respeto a los derechos humanos brilla por su ausencia. El haberse convertido en la gran fábrica del mundo hace que con ella muchos países hagan la vista gorda con tal de mantener un statu quo comercial ventajoso, pero ello no puede obviar el hecho de que en China hay graves carencias de libertad. Esas que ha denunciado Lui Xiaobo, aún a riesgo de sufrir el cautiverio que hoy sufre. Por eso su premio es tan merecido.