Tras una semana de negociaciones la Cumbre del Cambio Climático de Cancún se ha agarrado al flotador que supone buscar una alternativa al Protocolo de Kioto que expira en 2012 para no hundirse en las turquesas aguas de esta paradisíaca ciudad mexicana, cuyo ambiente playero no ha podido persuadir ni bajar los ánimos de 192 naciones que se han visto superadas por el escepticismo inicial y los intereses particulares.

La imagen de integrantes de la organización ecologista Greenpeace “ahogando” la estatua de la Libertad, la Torre Eiffel o el Cristo Redentor de Brasil para ilustrar cómo se desarrolló de esta última
cumbre de la COP16, no pudo haber sido más descriptiva. El encuentro que debió estar enfocado hacia el objetivo común de replantear una política internacional para frenar,- y si es posible revertir-, el efecto invernadero en nuestro plantea, fue una oda al desencuentro.
México usó sus dotes de buen anfitrión para lograr el anhelado consenso que permita establecer las bases de un nuevo protocolo que establezca los códigos que han de seguir los países en materia medioambiental. Sin embargo, y pese a los esfuerzos del equipo de Felipe Calderón, Cancún repitió los decepcionantes resultados de
su predecesora: Copenhague.Aún cuando el
cambio climático se suma junto a la crisis mundial, al terrorismo y a los conflictos de Oriente Medio, a los temas que más preocupación despiertan dentro de la comunidad internacional; lo cierto es que a la hora de sentarse a conversar sobre el problema, el sentimiento de angustia que embarga al forum de la COP16 ante una apocalipsis ecológico de no llegar a regularse las emisiones de los gases efecto invernadero; desaparece frente a los intereses que se juegan de ponerse en marcha esta iniciativa.
Al respecto potencias
como EEUU o China, siembre han sido objeto de crítica por ser los más contaminantes del planeta y por su negativa a “mojarse” en aras de la preservación del medio ambiente. No obstante, una de los principales obstáculos que ha tenido Cancún ha sido, sorpresivamente,
la biodiversa Latinoamérica.
Según el último informe del
Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), América Latina es una de las regiones del planeta más afectada por los estragos del cambio climático, en donde se ha observado un incremento notable de
las emisiones de CO2, alcanzando las 1.152 toneladas por cada millón de dólares de su Producto Interior Bruto (PIB), mucho mayor que el promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), de 481 toneladas de CO2 por cada millón de dólares de producto.
En este sentido, Argentina, Brasil, México y Venezuela pertenecen al poco honorable grupo de ser los países más contaminantes del hemisferio, al ser los responsables del 79% de emisiones de gases invernaderos en toda la región, del cual el 52% proviene del único país latinoamericano que ostenta el grado de ser una economía emergente: Brasil, con más de 800.000 toneladas métricas de CO2.
Muchos países de América Latina, sobre todo aquellos que pertenecen al eje de la
Alianza Bolivariana de los Pueblos de América (ALBA), utilizaron el escenario que ofrecía Cancún no para argumentar la desidia o responsabilidad de las naciones industrializadas en cuanto a las emisiones de dióxido de carbono,- tan sólo EEUU y China generan el 56% de los gases efecto invernadero en todo el mundo-, sino para arremeter contra el mundo industrializado, exigiendo un segundo período del Protocolo de Kioto, solución a la que se oponen tajantemente algunas naciones desarrolladas como Japón, Canadá y Rusia.
Tanto
el presidente de Bolivia, Evo Morales como su
homólogo ecuatoriano, Rafael Correa, incurrieron en su habitual retórica política culpando a las potencia de los males del planeta. Incluso Morales,-quien junto al mandatario venezolano Hugo Chávez se negó a firmar un acuerdo en Copenhague de 2009-, fue más allá, asegurando en una rueda de prensa de que o “muere el capitalismo o la Madre Tierra”.
El juego de culpas al que hizo referencia A. Luiz Figueireido, asesor del Ejecutivo Luiz Inacio Lula da Silva en Cancún, se hizo presente a lo largo de la COP16, cumpliéndose los pesimistas pronósticos del jefe de estado brasileño, que advirtió que la cumbre concluiría con las manos vacías, ante la decisión de 193 países,- con la negativa de Bolivia-, de aplazar el segundo período de vigencia del
Protocolo de Kioto y aumentar la ambición de los recortes de emisiones contaminantes.
¿La respuesta en las ciudades?A pesar de los desoladores intentos de conseguir un acuerdo global para la regulación de las emisiones de gases de efecto invernadero, hay un
total de 143 ciudades en el mundo que han logrado comprometerse con éxito en la misión de limpiar sus urbes de CO2. Ciudades como Portland (EEUU), Friburgo (Alemania), Zermatt (Suiza) o Montreal (Canadá), han demostrado que la sostenibilidad no está en guerra con el progreso, una premisa que defiende el alcalde de Ciudad de México, Marcelo Ebrard.
"Lo que no entendemos es por qué las ciudades lo podemos hacer y los países no", afirmó en una entrevista realizada por la BBC Mundo. Ebrard señala que cada vez son más las iniciativas de orden local las que logran progresos significativos en materia de políticas medioambientales.
Sobre este punto se refirió el
representante del Banco Mundial en la COP16 en Cancún, Andrew Steer, al sostener que "las ciudades son una importante causa del cambio climático y la solución potencial más importante al cambio climático", ya que en estas reside poco más de la mitad de la población mundial.
De acuerdo con el último estudio llevado a cabo por el organismo internacional, las urbes son las causantes de dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero, por lo que para los analistas, resultaría muy efectivo si las capitales introdujeran nuevas tecnologías de transporte, energías más “verdes” y mejoras en el sistema de reciclaje de basura para paliar el calentamiento global.
Países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay se han sumado
al proyecto “Red Ciudades”. Una iniciativa regional que reúne e invita a capitales latinoamericanas como Mendoza, Belem, Santiago de Chile, Medellín, Quito, Asunción, Lima o Montevideo, a emprender políticas públicas sostenibles con el objeto de reducir las emisiones de CO2, a fin de que en un futuro no muy lejano les permitirá presumir del título de “ciudades limpias”.