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Yo también lo creí

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 11 de diciembre de 2010, 18:27h
Esta tarde escribo con la serena indignación de quien ve frustradas, una vez más, sus esperanzas. Si fuese un islamista radical de esos que gozan de las simpatías de tanto intelectual europeo (hay que entender la diversidad cultural, es difícil juzgar…) saldría y le prendería fuego a la ciudad al menos en sentido metafórico. Shakineh Ashtiani, la mujer condenada a muerte por distintos delitos según convenga al régimen de Teherán, sigue prisionera y los rumores sobre su liberación han resultado infundados.

Admito que durante un rato lo creí; fueron varias horas de alegría y optimismo. Tras meses de campañas, manifiestos, comunicados, concentraciones, artículos y todo lo demás, los millones de personas que luchamos por los derechos humanos en Irán habíamos ganado una batalla. Pensé que el régimen iraní no osaría perpetrar un crimen en nombre de esa justicia que imparte desde una montaña de cadáveres. Es sabido que los teócratas de Teherán temen a la opinión pública y que el descrédito internacional refuerza a la oposición interna.

Me equivoqué.

En el Día Internacional de los Derechos Humanos, soñé durante un rato con el día en que visitaré un Irán libre y democrático para abrazar a tantos que ahora se consumen en celdas o gritan de dolor bajo la tortura. Reconozco que imaginé los parques de Isfahan y las majestuosas ruinas de Persépolis al atardecer en compañía de todos los que ahora viven oprimidos por unos teócratas que necesitan armamento nuclear y el terror del Estado para perpetuarse en el poder.

Me hice abogado porque creo en la Justicia, por lo menos en la que nos será impartida a todos un día. Celebré que el Consejo General de la Abogacía Española premiaba al primer abogado de la señora Ashtiani, que la defendió hasta que el aparato del poder logró imponerse sobre la libertad de la defensa. Hay días en que uno se siente especialmente honrado por vestir la toga que nos ponemos cuando vamos a pedir justicia para otro. Imaginé que tal vez pudiese visitar España esta mujer que tanto ha sufrido la ausencia de un proceso con garantías, primer requisito para que alguien pueda ser declarado culpable de forma legítima.

Todas esas pequeñas felicidades se evaporaron por la tarde. Los mensajes fueron llegando. Eran sólo rumores. No había liberación. La propaganda del régimen había dado un paso más como si la señora Ashtiani hubiese tenido un proceso justo; una justa condena y una defensa libre. El régimen, acorralado por el clamor que se alza contra esta injusticia, ha recurrido a la propaganda para limpiar el atropello cometido con esta señora. Al final, ella es culpable y somos nosotros quienes somos compasivos con ella, parecen decir los ayatollahs.

Debemos mantener, pues, la claridad moral.

A la señora Ashtiani la han ido presentando como culpable de distintos delitos (adulterio, homicidio, asesinato) y con distintos grados de participación (autora, cómplice, cooperadora necesaria) como si el fondo del debate fuesen sólo sus acciones; como si su proceso se hubiese seguido en un Estado de Derecho. Ahora bien, a la señora Ashtiani la han juzgado los tribunales (¿los llamaremos así?) de un Estado teocrático donde las únicas garantías son las que los ayatollahs quieran darle al acusado de turno. En este estado islamista, los abogados carecen de la libertad y las garantías que aseguran una buena defensa, los acusados están a merced de un poder que carece de límites y la última palabra la tiene una autoridad religiosa que ha pisoteado todo lo que el Estado de Derecho representa.

Habrá, pues, que seguir con las movilizaciones, las campañas, los artículos, los protestas y las denuncias. Tendremos que seguir pidiendo libertad, democracia y derechos humanos para las mujeres, los homosexuales, las minorías religiosas, los disidentes, los opositores y, en suma, para los millones de iraníes que padecen la opresión de una teocracia que sigue jugando al escondite con la comunidad internacional.

Pues seguiremos.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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