La crueldad del régimen iraní
domingo 12 de diciembre de 2010, 10:00h
La falsa liberación de Sakineh Ashtnai, la mujer condenada a muerte por adulterio en Irán, ha servido para constatar hasta qué punto un rumor infundado puede llegar a hacer daño. El origen de dicho rumor fue el abandono momentáneo de la prisión de Sakineh Ashtnai, lo que llevó a algún incauto a pensar que las presiones internacionales habían dado su fruto y la mujer iraní era puesta en libertad. Nada más lejos de la verdad. Sakineh Ashtnai fue conducida por la fuerza a su antiguo domicilio para protagonizar una recreación televisiva en la que mostraba a las cámaras cómo había asesinado a su marido; una vez terminado el esperpento, vuelta a la prisión a esperar que se ponga fecha y hora para su lapidación.
Semejante atrocidad en pleno siglo XXI es tan execrable como real. Sucede en Irán, un país islámico donde la Sharia -la justicia del Corán- rige los destinos de una población en la que la mujer lleva siempre las de perder. Hasta el punto de que su primer abogado ha tenido que exiliarse a Noruega por haberse atrevido a defender a Sakineh Ashtnai. Además, conviene recordar que no es la única. 21 mujeres más esperan su turno para ser lapidadas en nombre del Islam. Cuesta creer porque la izquierda europea no se manifiesta de un modo mucho más contundente contra la situación de los derechos de la mujer en los países musulmanes. Especialmente la española, donde José Luis Rodríguez Zapatero es impulsor, junto a Irán y Turquía, de eso que llaman Alianza de Civilizaciones y que bien podía estrenarse en sus funciones tomando cartas en un asunto tan serio como este.