Tres años de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner
lunes 13 de diciembre de 2010, 19:41h
El propósito de estas líneas será abordar la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, con particular énfasis en las promesas relacionadas con la inauguración de una presidencia que establecería un cambio en relación a la de su antecesor Néstor Kirchner y la instauración de un nuevo tiempo político que diera lugar al diálogo y a la mejoría de la calidad institucional de la democracia argentina.
Merece ser destacado que esta reflexión va a comprender el período entre el 10 de diciembre del 2007 –fecha de asunción de Cristina Fernández- y el 27 de octubre del 2010 –fallecimiento de Néstor Kirchner- entendiendo que, a partir de la desaparición física del ex presidente, nos encontramos en una etapa abierta signada por más interrogantes que certezas.
Volviendo a las promesas formuladas, la expectativa del cambio pareció diluirse de manera casi inmediata, a partir del momento de darse a conocer el gabinete de ministros para el nuevo gobierno. De los 12 integrantes designados, siete ya ocupaban carteras en el gobierno de Néstor Kirchner y solo 5 de ellos asumieron por primera vez un ministerio: asumieron funciones en el “nuevo” gabinete Lino Barañao como ministro de Ciencia Tecnología e Innovación Productiva, Martín Lousteau en el ministerio de economía y finanzas públicas, Graciela Ocaña como ministra de Salud y Ambiente, Florencio Randazzo en el ministerio del Interior y Juan Carlos Tedesco en el ministerio de Educación.
La promesa de un nuevo tiempo político fundando en el diálogo quedó sepultada por la continuidad de una estrategia de “confrontación calibrada”, muy característica del gobierno de Néstor Kirchner, contra actores que se percibía en condiciones de poder ser derrotados como el ex presidente Carlos Menem, los jueces de la desprestigiada corte menemista, los militares genocidas del proceso, y entre los meses de marzo y julio del año 2008, ya durante la gestión de Cristina Fernández, contra la “oligarquía agropecuaria” y luego los “monopolios mediáticos” encarnados en particular por el grupo Clarín.
Así también la permanencia en el tiempo de iniciativas como la ley de emergencia económica no nos permite afirmar que se ha inaugurado una nueva etapa en lo referente a la calidad de las instituciones democráticas. Aunque ha sido escasa la recurrencia a los decretos de necesidad y urgencia como herramienta para la decisión política, la apelación a este recurso en los últimos tiempos ha generado un endurecimiento de la relación entre el oficialismo y la oposición.
Dentro de este esquema, las promesas de Cristina Fernández se revelan de imposible cumplimiento, pero, a diferencia de los cambios no previstos señalados por Norberto Bobbio en su recordado trabajo El futuro de la democracia, como resultado de una concepción del ejercicio del poder, fuertemente personalizado, que ha caracterizado tanto a la presidencia de Néstor Kirchner, como a la de su esposa Cristina Fernández y que reproduce prácticas ya conocidas durante la gestión del ex presidente Kirchner como gobernador de la provincia de Santa Cruz durante más de una década.
Todo ello en medio del despliegue de un estilo discrecional de acumulación política que ha tenido lugar en el marco de una situación de emergencia institucional, constituyéndose la misma en fuente permanentemente invocada para así legitimar el incremento de prerrogativas institucionales en manos del poder ejecutivo nacional.
La muerte de Néstor Kirchner abre una nueva etapa, en la cual el desafío central será la normalización política, dejando la Argentina su condición de ”. “bienvenida anomalía
Es tiempo de retomar las “promesas incumplidas”.