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Rubalcaba ejerce de presidente (y presidenciable)

lunes 20 de diciembre de 2010, 08:42h
Suele ser habitual por estas fechas que los presidentes o ministros de defensa de los países con tropas destacadas en el extranjero acudan a visitarles. En el caso de los soldados españoles desplegados en Afganistán, quien ha acudido a desearles feliz Navidad ha sido el que manda en el Gobierno; es decir, Alfredo Pérez Rubalcaba. Que no es ni presidente ni titular de la cartera de Defensa pero, pese a todo, ha vuelto a encargarse de la tarea que le correspondería a su supuesto jefe, José Luis Rodríguez Zapatero.

Las capacidades personales del señor Rubalcaba son reconocidas prácticamente por todo el mundo. Pasa por ser una de las mentes más preclaras del gabinete de Zapatero. Pero de ahí a la infalibilidad media un abismo, casi tanto como el que separa la valía del vicepresidente segundo con los “logros” del Gobierno que co-preside y del que ha formado parte durante los últimos seis años. Tiempo suficiente como para que resulte difícil considerar a Rubalcaba salvador de una situación que él mismo ha coadyuvado a generar. La verdad es que es una lástima –para todos, en general, y no sólo para los socialistas- que una persona tan competente como Rubalcaba se haya dejado enredar por un personaje tan insolvente como el señor Zapatero.

El supuesto golpe de timón que intentó llevar a cabo José Luis Rodríguez Zapatero con su última remodelación ministerial ha sido más efectista que efectivo. Buena prueba de ello son los sondeos, a los que el Presidente es tan aficionado, que si bien inicialmente plasmaban un cierto repunte en intención de voto, no han tardado en reflejar el desplome de la expectativa electoral del PSOE. Rubalcaba ya enterró el felipismo, y ahora puede hacer lo mismo con el zapaterismo. Salvo que, en esta ocasión él mismo debería formar parte del cortejo, toda vez que también lo ha hecho de la etapa de gobierno. Y mientras tanto, bien haría en dejar de exhibirse suplantando a su jefe y dedicarse a labores más provechosas, como convencerle de que adopte de una vez por todas las medidas anticrisis que la situación económica exige.
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