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La ley Sinde y los santos inocentes en la red

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
jueves 23 de diciembre de 2010, 20:24h
Lo que ha sucedido poco antes de esta Nochebuena con la “ley Sinde” nos ha hecho llegar a todos la sensación de que el portal de Belén se ha instalado en la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados. En esta santa ocasión, Herodes ha puesto en fuga a la Sagrada Familia, y en torno al pesebre, los diputados, los pastores, el buey y la mula, y demás figurantes, discuten el precio de sus enmiendas. Cuando Herodes anuncia que ya se ha votado, y que se puede seguir degollando el pescuezo de los escritores, cineastas, y creadores en general (por supuesto en España, no en las Tierras Santas donde sus derechos están protegidos), algunos han sido conscientes de que esa votación puede costar algún voto y algún disgusto.

La “ley Sinde” o la “ley contra descargas gratuitas” no existen como tales. Es una disposición más de un proyecto de ley llamado “Ley de la economía sostenible”. En todo caso es una “ley ómnibus” (como se la ha llamado) por las múltiples y variopintas materias que contiene. En su momento se dijo que era el eje de la política reformista del Gobierno, pero pasado el tiempo, mucho tiempo, el proyecto pasó a dictaminarse en la Comisión de Economía del Congreso, puesto que ya no tenía entidad suficiente para ser debatida en Pleno.

Los únicos que han sido intensamente activos fueron los que estaban en contra de cualquier regulación de la red. El Estado de Derecho tiene que imperar en ese espacio como en cualquier otro. Sin duda que el Gobierno tampoco ha previsto la dimensión y la complejidad del problema (los precios altos de internet y de los discos y películas en CD es parte del mismo problema). Desde luego, va mucho más allá de las competencias de la ministra de Cultura. Resulta estúpido, frívolo y suicida preguntar si la ministra debía dimitir por haber perdido la votación. El inefable González Pons, al que hace algunos años le dije que no volvería a hablar con él sin la presencia de mi abogado, ha vuelto a usar su facundia verbal para pedir que dimita otro miembro de este Gobierno. ¡Resulta alentador comprobar cuanto ha progresado el pensamiento anarquista en el seno (o hueco) del cerebro de ese vocero del partido defensor del orden y de la propiedad privada!

La ministra que debería estar ahora preocupada por esta rebelión de los creadores es la ministra de Economía, como vicepresidenta del Gobierno.

La ley entrará ahora en el Senado, y sería incomprensible que los grupos parlamentarios serios no fuesen capaces de encontrar una fórmula legal para regular esa materia. Aunque tenga algo de traído por los pelos, el acuerdo para la investidura de Artur Mas, con los socialistas catalanes, introduce racionalidad en la política catalana, y también, en la política nacional. Una manifestación de la sensatez del nuevo Gobierno de CiU, será que ese grupo ponga fin, en el Senado, al reino de la piratería que se da en España en la red.

También el papelón que hizo Durán i Lleida con este asunto es de nota. Se le vio en televisión apurado por tener que rechazar la regulación porque no se le aprobaban unas enmiendas, que nada tenían que ver con la materia. Lo de sacar a los mercaderes a palos fue en el Templo, pero hubiera venido bien que el zurriago hubiese actuado en el pesebre del portal de los diputados de hace unos días. Una vez más comprobamos las deficiencias estructurales de nuestro modelo parlamentario. Diputados como Durán i Lleida actúan como senadores en el Congreso de los Diputados: negociando cosas regionales en la Cámara nacional. Ahora veremos si el Senado tiene altura de miras, y corrige los despropósitos, en beneficio de la respetabilidad de los electos.

La victoria de los libertarios económicos en la red debería ser efímera. Efectivamente, han gozado hasta ahora de una cancha incomprensible. Por una parte, y eso va por el partido de Rajoy, se han beneficiado de los eslóganes contra una ley porque ésta era criatura del Gobierno. Por otra, el clima creado por las filtraciones de “Wikileaks”, y su supuesto triunfo de la libertad de prensa, ha inhibido al pensamiento crítico ante la oleada de manifestaciones favorables a la teoría del “todo gratis” en la red (gratuitas las obras, porque sí pagan a las compañías dueñas en la red).

Y esto último nos pone en sintonía con las melodías de fin de época. Hasta antes de la crisis económica, lo que ofrecía la política era todo gratis, en el sentido que no costaba sacrificios. Hasta los derechos podían satisfacerse, o crearse, con dinero. La política como arte de “los conseguidores”, unos personajes dadivosos de un famoso concurso televisivo.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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