Mario Conde: Los días de gloria. Martínez Roca. Barcelona, 2010. 864 páginas. 24,50 € E-Book: Formato: ePub con ADOBE DRM. Lectura: Sí. Impresión/Copia: No. 14,95 €
Según el
DRAE, la dignidad se define como “excelencia, realce; gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse”. Desde luego, se trata de una bella cualidad humana, que depende de la racionalidad. Pero precisamente por ello, por el componente de raciocinio, me sorprende este nuevo libro de Mario Conde desde la primera de sus páginas, desde las dedicatorias: “A todos los que me ayudaron sin arrendar su dignidad”. Y es que de dignidad habla Conde en muchas de estas páginas –digitales– que he devorado. Y habla de muchas personas y muchos personajes. Es importante este matiz, porque la perspectiva de la Historia de España que ofrece este protagonista de los 90 hace que se den cita en el
e-reader apellidos tan variopintos como Borbón o Abelló, Alcocer o Zapatero, Berlusconi o Garzón, Anson o González, Preysler o Rajoy. Y otro matiz esencial: se dan cita en el ámbito público y en el privado, lo cual enriquece indudablemente un relato en el que unos están presentes, otros ausentes y otros, simplemente, silentes.
En
anteriores libros, el autor ya había dado cuenta de su lucha contra
el Sistema, y de su día a día en sus largos años privado de libertad; ahora, en 2010, Conde hace un relato crudo de lo que sucedió en “su” pasado –su versión de la Historia–, pero en clave de presente –del que ahora todos somos protagonistas–; de amargo presente porque, como dice, “la historia, la puñetera historia, se repite con una fidelidad a sí misma realmente alarmante”.
Y a propósito de alarmas y situaciones alarmantes, ¿cuáles son los problemas que más acucian a la nación española? “En una enorme medida los mismos que ya nos asediaban en 1993, solo que agravados, más acentuados en sus costados de mayor dolor”. Es este último sentimiento el que más se trasluce en las páginas de Conde; y no la venganza, el resentimiento, la revancha o el rencor. Dolor por una situación que “entre todos hemos construido, por acción u omisión”, y que se repite.
Sin duda se trata de un relato que invita, cuanto menos, a la reflexión. Es inevitable que distintos pasajes de los narrados por Conde nos lleven, por temerosa analogía, a pensar en noticias de actualidad (¿quién no reparó hace poco en estas palabras: “Quien le echa un pulso al Estado, pierde”?) Cuenta Mario Conde cómo su padre le decía que la vida nos enseña a que, por encima de afectos y lealtades, en demasiadas ocasiones se imponen los intereses. ¿Conclusión? 860 páginas de conclusiones. Menos mal que ahora, en plena vorágine navideña, entre tantos desplazamientos tenemos
Los días de gloria disponible en formato digital.
Por Ana Collado Jiménez