El errático inmovilismo de Israel
jueves 30 de diciembre de 2010, 01:50h
No se sabe si las declaraciones del viceprimer ministro israelí, Moshe Yaalon, señalando que Occidente tiene tres años para detener el programa nuclear iraní, han sido hechas en clave de vaticinio o de amenaza. En cualquier caso, tampoco aportan nada nuevo al debate sobre la seguridad en la zona. Es sabido que hay dos naciones actualmente cuyo belicismo nuclear es altamente preocupante: Corea del Norte e Irán. En el caso de este último, la incendiaria política llevada a cabo por Mahmud Ahmadineyad tiene como una de sus excusas principales la causa palestina. De ahí que no le interese en absoluto la paz en Oriente Medio, pues mientras se mantenga el actual statu quo seguirá teniendo argumentos para su permanente hostilidad.
No es que Israel deba mover ficha para contentar a Irán. Más bien debería hacerlo por sus propios nacionales, que es en quien más redundaría el beneficio de un acuerdo de paz con los palestinos. Pero si a las reticencias de Netanyahu a sentarse a negociar con Mahmud Abbas se unen su torpe política de asentamientos y su aprobación a un edicto rabínico que prohíbe alquilar o vender propiedades a ciudadanos árabes, estará poniendo en bandeja a los radicales la justificación -por lo demás, injustificable- de su animadversión hacia Israel. No puede decirse de Netanyahu que la diplomacia sea su fuerte, pero bien haría el mandatario israelí por poner algo más de empeño en esta tarea. Todos ganaríamos con ello; los primeros, los propios israelíes.